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Personas mayores: ni viejos, ni nuestros

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Las palabras significan lo que los hablantes queramos que signifiquen en cada momento; y ese significado cambia con el tiempo. No es tanto la palabra lo que hay que modificar, sino la propia intención de quien la dice y la percepción de quien la escucha.

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Personas mayores: ni viejos, ni nuestros

La Fundación Amigos de los Mayores ha puesto en marcha una campaña de recogida de firmas para pedir a la Real Academia Española (RAE) un cambio en la definición de vejez, por considerarla discriminatoria, peyorativa y cargada de prejuicios para todas las personas mayores de 65 años. Recordemos que, para la RAE, vejez es: 1. Cualidad de viejo./2. Edad senil, senectud./3. Achaques, manías, actitudes propias de la edad de los viejos./4. Dicho o narración de algo muy sabido y vulgar. La Fundación recuerda en su portal que la edad es la tercera causa de discriminación mundial (raza y género son las dos principales) y que el lenguaje perpetúa las actitudes negativas y la imagen peyorativa respecto a los mayores que existen en nuestra sociedad.

Esta iniciativa de Amigos de los Mayores forma parte de su objetivo de presentar el envejecimiento como una parte del ciclo vital, cuestionar estereotipos y sensibilizar sobre la situación de las personas mayores. Con estos mismos propósitos existe el proyecto Reescribamos la vejez, una guía educativa dirigida a jóvenes de Educación Secundaria con la que se pretende cuestionar los estereotipos sobre la gente mayor, concienciar sobre la realidad del maltrato, comprender el envejecimiento como un hecho biológico y social y sensibilizar sobre el impacto de la soledad no deseada.

También el Instituto de Mayores y Servicios Sociales (IMSERSO) recomienda el uso del término “envejecimiento” en lugar de “vejez”, ya que el primero supone un proceso cargado de expectativas y vitalidad, mientras que la “vejez” se percibe como un estado irreversible y altamente negativo. Cambiar un término por otro podría avanzar un cambio hacia una imagen social y cultural más dinámica de las personas mayores. Estas recomendaciones se inscriben en el marco del II Plan Internacional de Acción sobre Envejecimiento, que Naciones Unidas puso en marcha en 2002 y que establece como objetivo fundamental la lucha contra los estereotipos e imágenes negativas sobre la vejez y el envejecimiento.

La Organización Mundial de la Salud ha insistido reiteradamente en la importancia de estimular imágenes que contribuyan a erradicar el edadismo (discriminación de las personas mayores en función de la edad). Pero no se trata solamente de términos peyorativos o negativos, el lenguaje también puede sorprender, incluso a los muy bien intencionados, con expresiones como “nuestros mayores”, que los expertos consideran que “son muestra de apropiacionismo y paternalismo, ya que infantilizan a las personas mayores por cuanto el hablante se apropia de sus deseos y anula su capacidad de decidir, saber y hacer” (Fomento de la imagen adecuada del envejecimiento. Ayuntamiento de Madrid, 2019).

Este comportamiento de infantilizar al adulto mayor es muy frecuente en muchas familias, así como en algunos contextos de profesionales de la salud. Algunas personas tratan a sus padres, abuelos, pacientes y mayores en general como si fueran niños grandes; a veces, incluso, adoptan el rol de padres de sus padres, impidiéndoles frecuentemente manejar sus propias vidas y ser independientes en sus rutinas cotidianas. Ese afán de sobreproteger al mayor, aunque todavía pueda valerse por sí mismo, y emplear con él un lenguaje infantil, es otra forma de edadismo y de violencia emocional.

Los expertos consideran que una de las iniciativas que se deberían poner en marcha para lograr que los mayores dejen de sentirse infravalorados sería la utilización de un lenguaje neutro para describir a este colectivo. Así, el IMSERSO recomienda tratar de eliminar el empleo de términos globalizadores relacionados con el aspecto más negativo del estereotipo: por ejemplo, viejo, anciano, abuelo, etc. En concreto, los expertos opinan que “viejo” es un término peyorativo, “anciano” evoca a una persona muy mayor y frágil, y “Tercera Edad” se percibe como relativo a personas en situación, bien de dependencia, bien de ocio y esparcimiento (ocioso es otro término peyorativo con el que se percibe a los mayores). Por todo ello, parece existir un claro consenso en que el término más neutro y políticamente correcto para referirse  a este colectivo es el de “persona mayor”, aunque también se podría aceptar “personas de edad avanzada”.

Es indudable que el lenguaje que utilizamos para referirnos a las personas mayores debe ser analizado con detenimiento; un lenguaje no edadista contribuirá, en mayor o menor grado, a erradicar las actitudes peyorativas y las percepciones negativas sobre este colectivo. Pero sin perder de vista que, en el pasado, el término “viejo” implicaba sabiduría, respeto y conocimiento, y no pocos grupos sociales se regían por un “consejo de ancianos”; las palabras siguen siendo las mismas, pero la sociedad ya no ve a los mayores de la misma manera. Viejo o persona mayor, reemplazar una palabra por otra no supone ningún avance si no va acompañado en paralelo de un cambio de mentalidad. En otras palabras, lo importante, más que la palabra que utilicemos, es la idea de fondo que se encuentre detrás de ella. Tal vez lo positivo de esforzarse en usar la palabra adecuada no esté tanto en la modificación del lenguaje como en la toma de conciencia que representa dicho esfuerzo.

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