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Nutrición y Cáncer

La malnutrición asociada a la enfermedad oncológica se produce cuando existe un desequilibrio entre la ingesta y las necesidades de nutrientes. La pérdida de peso y la desnutrición son frecuentes en este tipo de pacientes y constituyen el origen de complicaciones diversas durante el transcurso de la enfermedad.

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La malnutrición es común en los pacientes con cáncer. Se sabe que numerosos factores influyen en el estado nutricional del paciente; aunque existen evidencias de que el factor con más peso es el propio tumor, los tratamientos o sus consecuencias y los factores psicológicos pueden ser también determinantes.

El diagnóstico de cáncer produce en el paciente sensaciones de miedo, ansiedad y depresión, pudiendo llegar a provocar una alteración de la ingesta de alimentos que dará lugar a un deterioro progresivo en la nutrición y en la calidad de vida del paciente.

No todos los tumores afectan de la misma forma la nutrición de los pacientes. Así, los tumores del aparato digestivo o los tumores pulmonares pueden provocar alteraciones mecánicas y funcionales que afectan directamente a la ingesta.

Los tumores de la esfera otorrinolaringológica inducirán malnutrición por alteración en la masticación y/o en la salivación y dolor en la deglución. Los tumores esofágicos van a producir alteración en la nutrición por la disfagia que provocan. Los tumores gástricos tendrán como consecuencia anorexia, saciedad precoz y obstrucción. Los tumores digestivos podrán ocasionar cuadros oclusivos intestinales, fístulas y hemorragias. Existen además alteraciones del metabolismo en muchos casos, que pueden  variar las respuestas del organismo en la absorción de los nutrientes.

La expresión máxima de malnutrición es la caquexia tumoral, la cual es responsable directa o indirecta de la muerte de un tercio de los pacientes con cáncer. Así, la caquexia tumoral es un síndrome complejo en el que, junto con un estado de desnutrición, se incluyen pérdida de peso, disminución de la masa muscular, anorexia y saciedad precoz, debilidad, anemia y edemas y a todo ello se une una incapacidad para mantener los mecanismos metabólicos y homeostáticos que conduce a una insuficiencia progresiva de las funciones vitales. Este cuadro clínico se asocia a un aumento de la morbilidad y de la mortalidad de los pacientes.

Está demostrado que la malnutrición disminuye la calidad de vida en los pacientes oncológicos, especialmente por la pérdida de masa muscular, astenia (fatiga) y por su influencia negativa sobre el aspecto psíquico.

Los pacientes sin desnutrición por el contrario tienen una mayor capacidad para solventar las complicaciones derivadas de la enfermedad.

Los problemas nutricionales afectan de forma diferente en las distintas fases de la enfermedad neoplásica dependiendo de muchos factores además del propio estadío tumoral. Las cirugías, radio y quimioterapias e inmunoterapias, tanto por sus consecuencias mecánicas, efectos secundarios o diferentes necesidades nutricionales influyen de forma directa en el estado de estos pacientes.

De ahí la importancia de la valoración nutricional y el seguimiento de la misma por parte de los profesionales durante todo el proceso de la enfermedad, circunstancias que pueden afectar el éxito del tratamiento contra el cáncer, reducir las complicaciones de éste y mejorar el pronóstico del paciente (posibilidad de recuperación) y la calidad de vida.

Son muchas las recomendaciones, además de muy específicas en función de cada paciente, que se pueden hacer relacionadas con la nutrición, recomendaciones que en sus puntos básicos se parecen a las elaboradas para la realización de una dieta saludable. En todo caso siendo este un aspecto básico en cualquier proceso oncológico, es importante desde sus primeras fases el asesoramiento médico personalizado para una nutrición adecuada.

Artículo confeccionado con información de SAMFYC y el Instituto Nacional del Cáncer

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