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Abuelidad y menopausia. Dos caras de la misma moneda

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¿Por qué el sapiens es la especie dominante en la Tierra y el neandertal se extinguió hace miles de años, y el elefante, por ejemplo, está en peligro de extinción? Una de las razones, dicen los científicos, está en la menopausia, una peculiaridad de la hembra sapiens que, al dejar de ser fértil a edad temprana, puede colaborar en el cuidado de sus nietos y transmitir la herencia cultural.

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Abuelidad y menopausia. Dos caras de la misma moneda

Los australopitecos no conocían a sus abuelas, y así les fue: se extinguieron hace unos dos millones de años, en el Pleistoceno inferior. Un potrillo recién nacido comienza a caminar nada más salir del útero materno, pero un bebé de homo sapiens precisa casi dos años para moverse (malamente) por su cuenta y es incapaz de buscarse la vida durante bastante tiempo. La razón de que esta especie nuestra haya podido sobrevivir y evolucionar se basa en la estructura familiar humana, cuyo principal objetivo como especie ha sido y es la protección de los más pequeños. Recientes estudios (véase el final del artículo) apuntan a que el apoyo familiar de los abuelos fue uno de los rasgos que pudo definir la singularidad humana frente a los animales.

Los adultos de la especie sapiens (o especie humana), tanto en la etapa en que eran cazadores-recolectores como en la actualidad, tienen que buscarse el sustento fuera de casa, por lo que el cuidado de los pequeños necesita la colaboración de otros miembros de la familia. En casi todas las especies, las hembras son fértiles durante toda su vida (generalmente corta) por lo que una abuela tiene que ocuparse de sus propias crías, olvidando a las crías de sus hijas. Entre los sapiens, la prolongada dependencia de los bebés favoreció la longevidad humana y reforzó la transmisión cultural entre generaciones a través de las abuelas.

Recientemente, la prestigiosa revista PNAS (Proceedings of the National Academy of Sciences), publicó un análisis de investigadores de la Universidad de Harvard en el que se planteaba que el papel de los abuelos en la crianza podría ser la causa de que las mujeres, al contrario de lo que sucede en casi todas las especies, puedan vivir décadas después de perder la fertilidad. Si cualquier especie animal basa su éxito en su capacidad reproductiva (cuantos más individuos más posibilidades de supervivencia), podría decirse que, de forma paradójica, buena parte del éxito del sapiens residió en incrementar el tiempo en que las hembras no son reproductivas.

La llamada “hipótesis de la abuela” nació a partir de las investigaciones del biólogo norteamericano George C Williams, que en 1957 intuyó que la menopausia podría ser una adaptación evolutiva; según su teoría, desde el punto de vista evolutivo podría resultar más conveniente para la especie que las mujeres mayores dedicaran sus esfuerzos a apoyar a los hijos de sus hijas, es decir, a los nietos,  más que a incrementar su propia progenie. En teoría, que en un grupo haya individuos que no se reproducen pero consumen recursos carece de sentido desde un punto de vista evolutivo; sin embargo, si una hembra sapiens de edad avanzada tuviera descendencia, sería probable que sus últimos hijos no pudieran sobrevivir cuando ella muriese, por lo que el esfuerzo reproductivo carecería de utilidad para la transmisión genética.

Diversos estudios sobre la evolución de nuestra especie, tanto en grupos de cazadores-recolectores como en las sociedades preindustriales, coinciden en la opinión de que las abuelas que no se reproducen aumentan la probabilidad de supervivencia de sus nietos. En su libro La especie elegida: La larga marcha de la evolución humana, Juan Luis Arsuaga e Ignacio Martínez se preguntan si la menopausia podría ser una mutación reciente seleccionada evolutivamente por la naturaleza, ya que está probado que revierte positivamente en la eficacia reproductiva de la especie.

Esta característica de las mujeres solo la comparten algunos cetáceos dentados, como calderones, belugas, narvales y orcas. Las orcas jóvenes pueden vivir más tiempo cuando sus abuelas están vivas; en ese sentido, un artículo de la revista PNAS afirma que la probabilidad de que las crías mueran en los dos años siguientes a la muerte de su abuela es hasta 4,5 veces mayor que la de las orcas que la conservan.

Menopausia y abuelidad son dos aspectos de un mismo objetivo: el progreso de la especie. Que las mujeres puedan vivir tres o cuatro décadas más después de perder la fertilidad nos ha hecho llegar a donde estamos y evitar el triste destino del australopiteco y tantos otros.

Información realizada a partir del artículo “The active grandparent hypothesis: Physical activity and the evolution of extended human healthspans and lifespans” (PNAS, November 22, 2021), el libro “La especie elegida: La larga marcha de la evolución humana” (Juan Luis Arsuaga e Ignacio Martínez) y el artículo “La especie que triunfó gracias a las abuelas” (Retina El País, 18-12-2021)

 

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