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Vivir con dolor de rodillas: caminar aunque duela

La rodilla es la articulación más grande y compleja del cuerpo humano. Permite estar erguido y mover las piernas. La edad y los esfuerzos acaban por dañarla, a veces de forma irremediable.

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El dolor de rodilla es un problema frecuente que afecta a personas de todas las edades, pero muy especialmente a los adultos mayores.  En ocasiones es la consecuencia de una lesión o de una enfermedad autoinmunitaria (artritis reumatoide), pero con mayor frecuencia la responsable es la artrosis (osteoartritis), una enfermedad sin cura y muy invalidante que afecta a más de 500 millones de personas en el mundo.

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Vivir con dolor de rodillas: caminar aunque duela

La rodilla soporta el peso del cuerpo mientras se corre, se camina o se está en pie. Es un mecanismo delicado, compuesto por huesos, cartílagos, ligamentos, líquidos, músculos y tendones. Cualquiera de estas piezas puede dañarse y ocasionar dolores o limitaciones en la movilidad. Cinco de cada diez personas mayores de 50 años sufren limitaciones para moverse sin ayuda y casi un 80 por ciento tienen problemas de rodilla, que pueden ir desde leves molestias al subir una escalera o montar en bicicleta hasta un dolor constante e incapacitante.

Es frecuente pensar, sobre todo a determinada edad, que la causa del  dolor de rodillas está en la artritis o artrosis, aunque también puede ser debido a lesiones u otras enfermedades. En ocasiones el dolor de rodilla puede ir acompañado de síntomas como inflamación y rigidez, enrojecimiento y temperatura al tacto, debilidad o inestabilidad, chasquidos o crujidos audibles. Es aconsejable estar atento ante la aparición de nuevos síntomas y acudir al médico si se agudizan o no se puede soportar peso en la rodilla, si aparece una fuerte hinchazón o una deformidad, no se puede extender o flexionar completamente la rodilla o surge la fiebre.

La artritis es una enfermedad inflamatoria que se manifiesta en las articulaciones y puede afectar a personas de cualquier edad. Sus causas son muy diversas y la mayoría de las veces no tiene cura, aunque sí existen tratamientos que reducen el dolor y mejoran la capacidad de movimiento. Existen numerosos tipos de artritis, aunque las variedades que suelen afectar más a la rodilla son artrosis, artritis reumatoide, artritis psoriásica y gota. La artrosis degenerativa u osteoartritis aparece cuando el cartílago de la rodilla se deteriora con el uso y la edad, lo que elimina la protección del hueso y permite que tibia y peroné rocen uno contra el otro. El resultado es que el hueso se endurece, empeora la articulación, duele más y se mueve peor. Según el estudio “Prevalence Trends of Site-Specific Osteoarthritis From 1990 to 2019: Findings From the Global Burden of Disease Study 2019”, publicado en marzo de 2022 en Arthritis and Reumathology, la revista de la Sociedad Americana de Reumatología, los diagnósticos de artrosis se han disparado un 113% en 30 años; en 1990 se calculaba que unos 248 millones de personas en todo el mundo tenían artrosis; en 2019, la cifra ascendió a 528 millones.

Otros tipos de artritis que pueden causar dolor en las rodillas son la artritis reumatoide y psoriásica (afecciones autoinmunes) y gota (acumulación de cristales de ácido úrico o calcio en las articulaciones). El dolor de rodillas también puede tener su origen en una amplia diversidad de lesiones y fracturas, entre ellas la lesión del ligamento cruzado anterior, el desgarro o rotura de menisco, la bursitis de rodilla (inflamación en las bolsas sinoviales), la tendinitis rotuliana, etc. todas ellas derivadas de la práctica deportiva y de posibles accidentes. Un dolor persistente de rodillas es siempre motivo de consulta médica, ya que puede ser causado por muy diversas enfermedades que se deben detectar cuanto antes.

Aunque no siempre es posible prevenir los daños en las rodillas (el desgaste articular de la vejez es inevitable hoy día) y el consiguiente dolor, sí es recomendable llevar a cabo algunas actitudes preventivas para limitar o ralentizar el daño. La primera es mantener un peso saludable, que sin duda es una de las mejores cosas que puedes hacer por tus rodillas; el peso extra aumenta la presión sobre la articulación. La segunda es una actividad física dirigida al fortalecimiento de los músculos en la parte delantera y trasera de los muslos (cuádriceps e isquiotibiales), que ayudan a sostener las rodillas; es preciso fortalecerlos y mantener la flexibilidad, ya que la debilidad muscular es otra causa importante de las lesiones de rodilla. Si tienes artrosis, dolor crónico de rodilla o lesiones recurrentes, posiblemente necesitarás cambiar la forma de hacer ejercicio: nadar o hacer aquaeróbic mejor que bicicleta, caminar rápido en vez de correr. En general, limitar las actividades de alto impacto puede ser suficiente para aliviar el dolor; también es recomendable, al menos al inicio, contar con el asesoramiento de un profesional, y realizar siempre estiramientos para que los músculos se mantengan flexibles.

En función del diagnóstico previo existen distintos tratamientos para aliviar el dolor de rodillas. También puede ser de ayuda el control del peso, la fisioterapia, las técnicas de contraste de calor y frío y por supuesto la actividad física. En la actualidad la comunidad científica trabaja en nuevos tratamientos para controlar la enfermedad; la ingeniería de tejidos o medicina regenerativa, las infiltraciones de factores de crecimiento o plasma rico en plaquetas son algunas de las novedades introducidas en esta lucha contra el dolor; sin embargo, estos nuevos tratamientos solamente han logrado retrasar el problema unos pocos años. Las esperanzas ahora están centradas en la búsqueda de biomarcadores que detecten la enfermedad en sus estadios iniciales y en el desarrollo de nuevos medicamentos que permitan frenar precozmente su progresión, antes del deterioro irrecuperable de los cartílagos. Hasta entonces, habrá que seguir caminando.

Artículo confeccionado con información de la Sociedad Española de Reumatología y Mayo Clinic.

 

 

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