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Vigila los ojos, el glaucoma no avisa

El glaucoma es la segunda causa de ceguera en el mundo; una revisión cada uno o dos años puede ser vital

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Es una enfermedad del nervio óptico, crónica, progresiva e irreversible. Suele ser asintomática hasta fases avanzadas y se caracteriza por la pérdida paulatina del campo de visión.  En la mayoría de los casos el glaucoma se asocia a una presión ocular elevada, que si se detecta de forma precoz facilita su diagnóstico y tratamiento.

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Vigila los ojos, el glaucoma no avisa

Algunas cuestiones que hay que saber sobre el glaucoma son las siguientes: es una de las causas principales de ceguera; no es reversible, por lo que no es posible recuperar la visión perdida; es una afección crónica y es necesario controlarla toda la vida; con medicación (o con cirugía, según el tipo de glaucoma) es posible detener la pérdida adicional de visión; se puede desarrollar a cualquier edad, aunque las personas mayores presentan mayor riesgo y, por último, el glaucoma de ángulo abierto (la forma más frecuente de esta enfermedad) es prácticamente asintomático, lo que dificulta su diagnóstico.

El aumento de la presión ocular es uno de los principales síntomas del glaucoma, pero como no se produce dolor es muy posible que pase desapercibido. Por otra parte, la pérdida de la visión comienza con la visión periférica, un problema que no siempre se percibe en sus primeras fases ya que, de forma automática, se tiende a compensar la pérdida moviendo lateralmente la cabeza.

Más de 64 millones de personas, según la OMS, de entre 40 y 80 años, padecen glaucoma en todo el mundo, una prevalencia que aumenta cada año a causa del incremento de la esperanza de vida. Se calcula que en España tienen glaucoma el 2,5 % de las personas en esa franja de edad, alrededor de 400.000, de las que un alto porcentaje ignora que la padece. Como hemos visto, el factor de riesgo más importante entre los que pueden contribuir a la aparición del glaucoma, es la presión ocular elevada, que frecuentemente se origina por una dificultad en la eliminación del humor acuoso (líquido intraocular). La presión ocular se puede controlar fácilmente mediante una sencilla prueba (tonometría), por lo que es muy recomendable la revisión oftalmológica periódica, especialmente si se pertenece a algún grupo de riesgo: personas de más de 60 años, familiares de personas diagnosticadas de glaucoma, diabéticos y personas con miopía grave.

Existen varios tipos, pero los más frecuentes son el glaucoma primario de ángulo abierto y el glaucoma de ángulo cerrado. El de ángulo abierto es el más frecuente: es de evolución lenta y no presenta síntomas hasta estadios finales, en los que se produce una pérdida de visión que puede conducir a la ceguera; se suele presentar a partir de los 40 años y la única forma de diagnosticarlo es mediante controles rutinarios oftalmológicos. El glaucoma de ángulo cerrado se suele presentar de forma rápida; al incrementar la presión ocular velozmente se produce dolor agudo, enrojecimiento del ojo y visión borrosa, lo que permite un diagnóstico precoz, ya que el paciente acude a urgencias o al especialista.

Un tratamiento adecuado puede ralentizar el proceso de muerte de las células del nervio óptico y, de hecho, incluso detener la enfermedad; en ningún caso recuperar la visión perdida. Normalmente los tratamientos son farmacológicos, por instilación de gotas, pero también se recurre a las técnicas de láser y a la cirugía, especialmente en el glaucoma de ángulo cerrado. Tanto la Organización Mundial de la Salud como numerosas organizaciones médicas aconsejan realizar regularmente (cada 1 ó 2 años, si tienes más de 65 años) un examen completo del ojo con dilatación ocular.

Artículo confeccionado con información de la Organización Mundial de la Salud, Mayo Clinic e Instituto Catalán de Retina

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