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Un cirujano de cuatro brazos

El futuro inmediato de la cirugía pasa por la robótica, pero siempre será necesaria la figura del cirujano humano.

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En España funcionan ya más de 50 equipos de cirugía asistida por robot, la mitad de ellos en el sistema de salud pública y el resto en centros privados. Por especialidades quirúrgicas, la mayoría (66% en 2018) corresponden a urología, seguida de cirugía general (19%), ginecología (9%) y otorrinolaringología y cirugía torácica, con el 3% cada una.

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Un cirujano de cuatro brazos

La cirugía robótica o cirugía asistida por robot es una técnica que permite al cirujano realizar procedimientos complejos de una forma más precisa, con mayor precisión, flexibilidad y control en comparación con las técnicas convencionales. Entre las diferentes ventajas de la cirugía robotizada se encuentran su precisión, la miniaturización de los movimientos del cirujano, incisiones menores y pérdidas sanguíneas reducidas, además de reducción de dolor y menor tiempo de recuperación. Otras ventajas son la mejor ergonomía de los brazos articulados, que permite una gama de movimientos complejos muy superior a los del brazo humano; también amplía y mejora la visión del procedimiento quirúrgico, mediante una pantalla en 3D de alta resolución.

La cirugía robotizada surgió en Estados Unidos en paralelo con los viajes espaciales, como una tecnología que permitiera la cirugía a distancia. De hecho, uno de los primeros hitos de esta nueva técnica fue una operación de cirugía ginecológica realizada en 2001 con el robot ZEUS por un equipo en el Hospital Monte Sinaí de Nueva York a una mujer hospitalizada a 6.000 km, en la ciudad francesa de Estrasburgo. No obstante, en la actualidad la mayor parte de las intervenciones son efectuadas en el mismo lugar, con el cirujano operando en una consola situada en el mismo quirófano o en una sala anexa.

En la actualidad, el sistema robótico más empleado en todo el mundo es el DA VINCI, que se utiliza para múltiples procedimientos quirúrgicos, especialmente en prostatectomías. Este sistema evita las limitaciones de la cirugía abierta e, incluso, de la laparoscópica, y potencia las habilidades del cirujano la visión, la precisión y el control. En otras palabras, el DA VINCI no puede trabajar por sí solo; necesita la intervención del cirujano para tomar decisiones y para llevar a cabo cualquier acción.

El sistema quirúrgico posee tres elementos básicos: la consola de mandos (desde la que opera el cirujano) que puede estar o no en el mismo quirófano; la torre de visión (formada por controladores de vídeo y audio) y el carro quirúrgico, que incorpora tres o cuatro brazos robóticos interactivos controlados desde la consola, en cuyo extremo se encuentran acopladas las distintas herramientas que el médico necesita para operar (bisturíes, tijeras, etc.). En el quirófano permanece también el equipo de especialistas que en cualquier operación convencional ayudan al cirujano.

Una cincuentena de centros hospitalarios españoles cuenta en la actualidad con un sistema robótico DA VINCI; la mitad de ellos se reparten entre Barcelona y Madrid, tanto en centros privados como en hospitales del Sistema Nacional de Salud, como el Clínico de Madrid o el Vall d’Hebrón de Barcelona.

Si se considera la velocidad con la que se suceden los avances tecnológicos (basta pensar en la evolución vertiginosa de los teléfonos móviles en la última década), es posible suponer que en algún momento de nuestra vida quizá pasemos por los brazos de un DA VINCI o algún pariente futuro. Las ventajas son notables: mayor precisión, ya que el robot elimina el temblor natural de la mano del cirujano y permite enlentecer sus movimientos; mejor acceso a lugares difíciles del cuerpo del paciente; menos dolor y pérdida de sangre; recuperación más rápida y cicatrices menos perceptibles.

 

Artículo confeccionado con información de Mayo Clinic y Medlineplus.

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