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¿Tomamos muchas pastillas?

Los pacientes mayores suelen padecer enfermedades crónicas y necesitar medicinas distintas (polimedicación), lo que hace más difícil el manejo de sus enfermedades y añade complejidad a seguir los tratamientos correctamente. La polimedicación implica con frecuencia la posibilidad de que unos fármacos puedan interaccionar con otros, con indeseados efectos secundarios.

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En los últimos años el patrón de las enfermedades ha cambiado mucho; hace unas pocas décadas, la mayoría de las enfermedades solían ser procesos agudos, de carácter infectocontagioso. En la actualidad, gracias a factores como los avances de la medicina y la generalización de hábitos saludables, la mayor parte de las patologías suelen ser de carácter degenerativo y con tendencia a la cronicidad.

El aumento de la esperanza de vida y el protagonismo de la medicina preventiva han provocado también que los mayores convivan de forma frecuente con diversas patologías. En el ranking de las mismas, podemos hablar de las enfermedades circulatorias (alrededor del 21%), las respiratorias (15%) y el cáncer (12 %), seguidas por la diabetes, las neurodegenerativas, las digestivas, etc…

Para mantener y mejorar su calidad de vida, alrededor del 89 % de los mayores de 65 años consume algún medicamento de forma regular, porcentaje que se eleva al 94% en el caso de los mayores de 75. Según datos del Sistema Nacional de Salud, el 70% del gasto farmacéutico total corresponde a este colectivo, que solo representa el 18% de la población. Se trata de unas cifras lógicas (a mayor edad, mayor consumo farmacológico), pero lo verdaderamente preocupante es que casi la mitad de los pacientes con enfermedades crónicas no cumplen adecuadamente el tratamiento prescrito.

El cumplimiento de los tratamientos se conoce con el nombre de adherencia, y es responsable de la efectividad de los tratamientos y del coste para el sistema sanitario. Una baja adherencia puede asociarse además con menor calidad y esperanza de vida.

La adherencia es un concepto que va más allá de la simple toma de la medicación. Abarca la implicación y el compromiso del paciente con su enfermedad, con su tratamiento y con los profesionales sanitarios que lo rodean. La mala adherencia es un problema complejo en el que intervienen múltiples y diferentes factores.

Los elementos clave de la adherencia tienen que ver con el propio paciente; entre ellos hay que señalar la edad (las personas mayores tienen más posibilidades de errores y olvidos al tomar la medicación); la presencia de problemas psicológicos (como la depresión) o el grado de desconocimiento de la enfermedad, del tratamiento y de cuáles pueden ser las consecuencias en caso de no cumplirlo. Otros factores están asociados a la terapia (como el hecho de que ésta sea complicada de administrar), a la presencia de efectos adversos, la existencia de fracasos previos y los cambios frecuentes de medicación.

El farmacéutico, por su posición estratégica y por sus conocimientos del paciente y de los medicamentos, puede ser un pilar clave e indispensable en el refuerzo de la prescripción del médico y en el seguimiento del cumplimiento terapéutico del paciente, para conocer los motivos por los que no toma adecuadamente la terapia y poder reconducir esa falta de adherencia.  El objetivo final, sin duda, es lograr una significativa reducción de ese 50% de falta de adherencia en pacientes crónicos mayores, de forma que se mejoren sustancialmente la efectividad de las terapias.

Artículo confeccionado con información de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología y la Sociedad Española de Farmacia Familiar y Comunitaria