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Testamento vital: qué es y cómo se hace

Recoge los tratamientos médicos que se desean recibir o rechazar en caso de incapacidad para expresarse.

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Llamado oficialmente Documento de Instrucciones Previas o de Voluntades Anticipadas, manifiesta anticipadamente la voluntad del firmante sobre los cuidados y el tratamiento de su salud o sobre el destino de su cuerpo o sus órganos, por si llegado el caso no pudiera expresarse por sí mismo.

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Testamento vital: qué es y cómo se hace

El documento tiene una doble función: por una parte, deja constancia escrita de los deseos del firmante respecto a las decisiones médicas que se puedan tomar ante una situación física irreversible; por otra, recoge otras disposiciones relativas a la donación de órganos y las opciones sobre el funeral y el entierro. Depende de las comunidades autónomas, por lo que presenta algunas diferencias entre unas y otras, pero existe un registro estatal, dependiente del Ministerio de Sanidad, que lo pone al alcance de todos los centros sanitarios.

El Documento de Instrucciones Previas o Voluntades Anticipadas no solo permite al paciente influir en las futuras decisiones asistenciales, sino que facilita a los profesionales de la salud la toma de decisiones respetuosas con la voluntad del enfermo cuando este no tiene ya capacidad para decidir por sí mismo.

El documento puede contener, en primer lugar, las instrucciones y los límites referentes a los cuidados médicos que se desea recibir o no, en caso de sufrir una enfermedad irreversible; por ejemplo: rechazo de tratamientos que contribuyan a prolongar la vida (técnicas de soporte vital, fluidos intravenosos, medicamentos, hidratación o alimentación por sonda nasogástrica o gastrostomía); solicitud de cuidados paliativos adecuados al final de la vida (como el uso de medicamentos que alivien el sufrimiento), aún en el caso de que la sedación paliativa pudiera acortar la vida. También, se recoge la solicitud de sustitución del profesional responsable de la asistencia en el caso de que pudiera declararse objetor de conciencia respecto a alguna de estas instrucciones.

En el documento pueden figurar igualmente las instrucciones en lo referente a la donación de órganos y las opciones de enterramiento o incineración; asimismo se puede designar un representante para que pueda interpretar o dar instrucciones si fuera necesario. En España, cada Comunidad Autónoma dicta las disposiciones necesarias para cumplimentar este documento; por ejemplo, en la Comunidad de Madrid se puede otorgar, previa cita, en los hospitales públicos y privados, así como en algunos Centros de Salud. Otras formas de otorgarlo, que algunas comunidades no permiten, son ante tres testigos o ante notario, pero en todos los casos el documento deberá presentarse en el registro correspondiente.

Resulta evidente que, para que este derecho del paciente resulte efectivo, es necesario que el documento de instrucciones previas, independientemente del lugar en el que haya sido formalizado, pueda ser conocido precisa y oportunamente por los profesionales de la salud a los que, en su momento, corresponda la responsabilidad de la asistencia sanitaria que deba prestársele. Por esta razón, en el año 2002 se creó el Registro Nacional de Instrucciones Previas y el correspondiente fichero automatizado de datos de carácter personal, dependiente del Ministerio de Sanidad, que guarda todos los documentos otorgados en las distintas comunidades autónomas y se puso en marcha en 2007.

Para poder otorgar este documento es necesario que se cumplan tres requisitos en el momento de la firma: estar en pleno uso de las facultades mentales, realizarlo de forma libre y sin coacciones, y ser mayor de edad. Lógicamente, el documento puede ser modificado o anulado por el firmante en cualquier momento.

El Testamento Vital, que supone un avance importante en el ámbito de los derechos del paciente y, en concreto, en el campo del consentimiento informado, permite que cualquier persona mayor de edad, capaz y libre, pueda manifestar anticipadamente su voluntad, para que esta se cumpla en el momento en que llegue a situaciones en cuyas circunstancias no sea capaz de expresarla personalmente. En la actualidad y a pesar de los años que lleva en vigor, apenas un 0,75% de los españoles (unas 357.000 personas) ha hecho testamento vital para especificar cómo quiere ser tratado al final de su vida. En concreto, el mayor porcentaje de quienes lo han formalizado corresponde a personas mayores de 65 años (en torno al 52%), mientras que el tramo de edad entre 31 y 50 años apenas llega al 13%. Por género, son más las mujeres que ha dejado escritas sus instrucciones previas (4,55 testamentos por cada mil habitantes), mientras que los hombres se sitúan en un 2,72 por mil.

Artículo confeccionado con información de la Fundación Edad&Vida, la Asociación Derecho a Morir Dignamente (DMD), el Ministerio de Sanidad y la Consejería de Sanidad de la CAM.