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¿Son frágiles los mayores?

Mantener la funcionalidad y autonomía de los adultos mayores desafía a la geriatría en la búsqueda de herramientas de evaluación para identificar pacientes vulnerables y frágiles. El síndrome de fragilidad se caracteriza por la disminución de la reserva fisiológica, como aviso de una mayor morbilidad y mortalidad en el adulto mayor.

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Conseguir la identificación temprana de los pacientes frágiles permitiría intervenciones preventivas que ayudarían a mantener a más personas saludables después de los 80 años. Estas intervenciones pueden ser muy diversas, pero en general incluyen herramientas para el autocuidado, el apoyo de una red social, la ayuda psicológica cuando es necesaria y, por supuesto la actividad física, como elementos básicos que pueden atenuar la pérdida de la funcionalidad y disminuir la mortalidad asociada al síndrome de fragilidad.

A medida que la pirámide de población envejece, más y más individuos alcanzan los 80 años y se hace importante, tanto para ellos como para la sociedad, intentar mantener una vida independiente y activa.

La geriatría es la rama de la medicina que se ocupa de la forma como se envejece y de las enfermedades del adulto mayor. Al igual que la pediatría se ocupa de los niños hasta los 14-15 años, la geriatría se ocupa de los mayores a partir de los 70-80. Su intención es mantener la autonomía y capacidad funcional del adulto mayor. No se trata de estudiar un órgano o sistema en concreto, sino de preservar la funcionalidad en comunidad del adulto mayor; esto es, su autonomía e independencia,  disminuyendo así la tasa de hospitalización y mejorando la calidad de vida tanto del paciente como de sus familiares.

El grupo de adultos que más se puede beneficiar del control geriátrico es el mayor de 80 años, personas que por los cambios fisiológicos producto del envejecimiento, la acumulación de daño secundario a varias enfermedades crónicas y el uso de múltiples medicamentos, presentan un estado de vulnerabilidad fisiológica que puede determinar una pérdida en la capacidad del organismo de enfrentar una situación de estrés.

Esta condición de vulnerabilidad es lo que se denomina fragilidad en la literatura geriátrica. La identificación precoz de estos adultos mayores, frágiles y vulnerables, permite desarrollar intervenciones preventivas que pueden ayudar a mejorar la calidad de vida en las últimas décadas de sus vidas. Así, por ejemplo, la pérdida de peso no intencionada, la sensación subjetiva e inexplicable de agotamiento, la falta objetiva de fuerza y la disminución de la velocidad de

la marcha son consideradas, cuando empiezan a aparecer, características de una etapa de pre-fragilidad que permite pensar en el riesgo de progresar hacia un estado de fragilidad.

Los pacientes frágiles suelen tener más enfermedades cardiovasculares, diabetes e hipertensión, por lo que algunos autores afirman que la fragilidad no es más que la suma total de enfermedades que llevan al adulto mayor a la pérdida progresiva de su capacidad física. El llamado síndrome de fragilidad es un problema central de la geriatría. Aproximadamente el 40 % de las personas mayores de 80 años tiene algún grado de alteración funcional y entre un 6 % y un 11 % es considerado frágil de acuerdo a la definición de Fried. En una encuesta reciente a adultos mayores de 65 años en 10 países de Europa, se encontró que la prevalencia de fragilidad variaba entre un 5,8 % en Suiza hasta un 27 % en España.
Los sentimientos de tristeza, desesperanza o depresión, que suelen acompañar a la fragilidad física, desembocan con frecuencia en una mayor probabilidad de complicaciones, aumento de la carga para el cuidador y mayores costos para el sistema de salud.

La pérdida de redes de apoyo, el aislamiento social y otros factores socio-económicos, pueden contribuir en la pérdida de calidad de vida. Se ha sugerido que la resiliencia psicológica (la capacidad de adaptarse a las situaciones adversas) mantiene al individuo activo, independiente y con sensación de bienestar y puede prevenir o retrasar de alguna manera la fragilidad. Por el contrario, la negación del estado de fragilidad puede llevar a falsas expectativas de curación, exceso de consultas con múltiples especialistas, polifarmacia, sensación de rabia y frustración, que solo pueden hacer más complicada la vida de las personas y sus familiares.

Artículo confeccionado con información de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología y el artículo “Evaluación y cuidado del adulto mayor frágil” del Dr. Carlos E. García B.