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¿Se puede estar obeso siendo delgado?

En la vejez se pierde masa muscular, pero puede ganarse tejido adiposo

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A partir de los 70 años se empieza a perder peso, por disminución tanto de la masa muscular como del tejido óseo; pero, si no se toman precauciones, es posible que la grasa continúe acumulándose en zonas propicias, produciendo la paradoja de ser delgados por fuera y obesos por dentro.

SALUD

¿Se puede estar obeso siendo delgado?

A los 75 años el tejido adiposo (los “michelines” para entendernos bien) constituye el 40% del peso corporal, mientras que en los jóvenes se mantiene en torno al 20%. Una persona mayor, sin apenas reflejar variaciones en su índice de masa corporal, puede estar obesa al haber cambiado tejido magro (muscular) por grasa. En concreto, la masa muscular comienza a descender progresivamente hacia los 50 años, con un aceleramiento de la pérdida a partir de los 60, que es más pronunciada en los hombres que en las mujeres.

Se estima que la pérdida se produce a un ritmo entre el 0,5 y el 2% por año a partir de los 50; la reducción se debe principalmente al descenso del número de fibras musculares, y es debida a fenómenos (además del muy determinante de la edad) como los cambios hormonales que conlleva el envejecimiento; los varones van perdiendo testosterona paulatinamente, mientras que las mujeres ceden estrógenos bruscamente a partir de la menopausia; otros factores determinantes pueden ser la disminución de las neuronas motoras, la atrofia celular, la fibrosis muscular o el menor aporte de oxígeno a los músculos.

Cuando la grasa aumentada es mayor que la masa muscular (aunque el peso total no se haya incrementado) se produce la denominada obesidad sarcopénica, que suma el exceso de tejido adiposo al desgaste muscular producido por el envejecimiento y se está convirtiendo en un gran problema en muchos países del “primer mundo”, como resultado de una población sedentaria y sobrealimentada. En otras palabras, es la consecuencia de ingerir demasiadas calorías vacías (los llamados alimentos basura, pobres en nutrientes) y no realizar suficiente actividad física diaria. Constituye, además, un factor de riesgo para enfermedades crónicas, que puede acortar la esperanza de vida y comprometer la calidad de vida a medida que envejecemos.

Los cambios en la composición corporal son consecuencia de diversos factores y se producen de forma natural a lo largo del proceso de envejecimiento, incluso en personas sanas; no obstante, existen evidencias de que el estilo de vida juega un papel de especial relevancia sobre la masa grasa, muscular y ósea. La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera la nutrición y la actividad física factores de gran influencia sobre la composición corporal de las personas mayores. En este sentido, existen numerosos factores que contribuyen a un déficit nutricional (ingesta insuficiente de proteínas) durante la senectud y que suelen conllevar un aumento del ritmo de pérdida de masa muscular y ósea. Así, el riesgo de obesidad sarcopénica podría evitarse con algunas recomendaciones generales de nutrición, como la ingesta de al menos 0,8 g de proteína (pescado, carne blanca y fuente vegetal) por cada kilo de peso; 50 g de legumbres o similares; no sobrepasar los  30 g diarios de azúcares procesados; tomar poca sal; consumir carne procesada y roja con moderación; y comer productos lácteos de forma habitual, si se toleran bien.

El ejercicio físico también puede revertir, al menos en buena parte, los efectos nocivos mencionados, sobre todo si se trata de actividades aeróbicas moderadas (andar, ejercicios en el agua, yoga, baile, etc.). Estos ejercicios, combinados con una nutrición equilibrada, proporcionan una larga lista de beneficios, como aumentar el gasto energético y la capacidad del músculo, mejorar el perfil hormonal y metabólico; también  se consume grasa y aumenta la síntesis de proteína, y se reduce el riesgo de inflamación y de aparición de tóxicos hormonales producidos por la grasa. Además, mejoran los vasos sanguíneos a nivel periférico, lo que favorece la irrigación muscular y la capacidad respiratoria y cardiaca.

También se ha demostrado que las personas con un estilo de vida sedentario tienen un mayor riesgo de sufrir en la vejez patologías asociadas a la composición corporal que aquellas otras que se han mantenido físicamente activas a lo largo de su vida. Pero nunca es demasiado tarde para empezar a visitar el gimnasio, sin renunciar totalmente a sabrosas proteínas.

 

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