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¿Sabe que puede ser hipertenso?

Puede que no lo sepa, porque la hipertensión no duele y la mayoría de las personas que la padecen no tiene síntomas. Tómese la tensión, y si tiene 14-9 ó más, acuda a su médico.

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Cinco millones de españoles son hipertensos; es decir: tienen la tensión arterial alta, aunque la mitad de ellos no lo sabe. ¿Está usted entre ellos? Puede que no lo sepa, porque la hipertensión no duele y la mayoría de las personas que la padecen no tiene síntomas. Pero es un trastorno grave, directamente responsable de enfermedades comoel infarto de miocardio, insuficiencia cardiaca, ictus o accidentes cardiovasculares. Tómese la tensión, y si tiene 14-9 ó más, acuda a su médico.

La tensión arterial es la fuerza que ejerce la sangre contra las paredes de las arterias al ser bombeada por el corazón. Cuanto más alta es la tensión, más esfuerzo tiene que realizar el corazón para bombear la sangre y mayor es la presión de ésta sobre las paredes de los vasos sanguíneos. La mayoría de las personas con hipertensión no muestra ningún síntoma. En ocasiones, este trastorno causa síntomas como dolor de cabeza, dificultad respiratoria, vértigos, dolor torácico, palpitaciones del corazón y hemorragias nasales, pero no siempre.
La tensión arterial normal en adultos es de 120 mm cuando el corazón late (tensión sistólica) y de 80 mm cuando el corazón se relaja (tensión diastólica). Cuando la tensión sistólica es igual o superior a 140 mm y/o la tensión diastólica es igual o superior a 90 mm, la tensión arterial se considera alta o elevada. En España estos valores se miden en centímetros; es decir: 14,0 y 9,0. Estos valores y, sobre todo, valores superiores suponen someter al corazón y al cerebro a un sobreesfuerzo que convierte a la hipertensión en el factor de riesgo más importante del ictus, la insuficiencia cardíaca y la cardiopatía isquémica.

Entre los factores que contribuyen a elevar la tensión (y que por ello deben ser atajados desde el primer momento) figura la ingesta excesiva de sal, el consumo de alcohol y tabaco, la obesidad y el sobrepeso, así como el estrés excesivo. Cuando la tensión aumenta, es momento de tomar medidas. El tabaco y el alcohol son factores de riesgo cardiovascular y desencadenantes de una tensión elevada, por lo que abandonarlos puede reducir el riesgo cardiovascular hasta casi un 50 por ciento, según diversos estudios. Eliminar el sobrepeso debe ser otro de los principales objetivos ante la hipertensión; una reducción del 10 por ciento del peso inicial supone un descenso de 1,0 cm en la presión sistólica (es decir: pasar de 14 a 13). Otra medida fundamental es el ejercicio (caminar una hora diaria), que influye directamente sobre la presión arterial.

Respecto a la sal, los españoles consumimos una media de 9,8 gramos de sal al día, una cantidad que casi dobla la dosis de 5 g recomendada por la Organización Mundial de la Salud. Si se reduce el consumo de este aditivo, disminuye el riesgo de hipertensión arterial y, por tanto, de enfermedad cardiaca y cerebrovascular.

A algunas personas les basta con modificar su modo de vida para controlar la tensión arterial. Sólo después de estas medidas, si no se logran reducir los niveles de presión arterial, es cuando se recurre a un tratamiento farmacológico bajo prescripción médica. Un tratamiento normalmente para toda la vida y que no debe abandonarse; en este sentido, es preocupante el hecho de que casi un 50 por ciento de los pacientes abandonan la medicación después del primer año, lo que vuelve a generar una situación de grave riesgo.

Es necesario comprobar, prevenir y actuar sobre la hipertensión antes de que sea tarde; todos los adultos deberían medir su tensión arterial periódicamente, ya que es importante conocer los valores. Si estos son elevados, deben consultar a un profesional sanitario.

Artículo confeccionado con información de la Fundación Española del Corazón y la Organización Mundial de la Salud.