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Ruido blanco: el sonido que permite dormir

Se trata de un sonido persistente y capaz de disfrazar otros ruidos, como los ronquidos de tu pareja.

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Se considera ruido blanco cualquier sonido homogéneo, ininterrumpido y uniforme, que puede ocultar otros ruidos presentes en el ambiente y favorecer el sueño, tanto de niños como de adultos. En principio no es peligroso o dañino, aunque no existen evidencias científicas que garanticen su eficacia.

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El efecto arrullador del ruido blanco se conoce desde siempre; el sonido sordo y continuo del mar o del viento agitando las hojas de los árboles es adormecedor, pero difícil de situar al lado de la cama y, además, su volumen natural es demasiado bajo para “tapar” otros ruidos. También es posible obtener un ruido homogéneo del televisor o la radio sin sintonizar o del zumbido constante y uniforme de un ventilador o un aparato de aire acondicionado.

El oído es el único sentido que sigue funcionando y alerta durante el sueño; así, el ruido blanco consigue que el nivel del umbral auditivo durante el sueño alcance su velocidad máxima, lo que significa que estímulos auditivos, incluso más intensos, sean incapaces de activar la corteza cerebral. En otras palabras, el ruido blanco constituye una auténtica barrera de sonido que sirve para bloquear cualquier otro ruido, alterando sus frecuencias.

El cerebro es capaz de concentrarse en el ruido de fondo, aislando los demás sonidos (golpes, ladridos, ronquidos, etc.), y permitiendo alcanzar un nivel de sueño más profundo y plácido. Aunque no existen estudios específicos, sí hay numerosas experiencias que demuestran la eficacia del ruido blanco a la hora de enmascarar el resto de sonidos y eliminar las distracciones presentes en el ambiente.

Los aparatos capaces de emitir ruido blanco se empezaron a popularizar hace algunos años, especialmente usados para favorecer el sueño de niños muy pequeños. Con el paso del tiempo se han empezado a usar para adultos con problemas de insomnio, personas que deben dormir en un entorno poco propicio e, incluso, en ambientes de trabajo. Además de los remedios caseros que ya hemos visto (ventiladores o radios sin sintonizar), existen en el mercado numerosas máquinas de ruido blanco que ofrecen distintos programas de sonidos relajantes y se adaptan a las necesidades y preferencias de los usuarios. También es posible descargar en el móvil alguna de las muchas aplicaciones gratuitas de ruido blanco y pasarnos toda la noche escuchando el ruido de las olas o el crepitar del fuego, aún a riesgo de agotar la batería. Incluso Spotify y otros servicios de música y podcasts digitales en streaming ofrecen a sus abonados listas de reproducción de ruidos relajantes.

No obstante, y como pasa con bastante frecuencia, no es oro todo lo que reluce, y el ruido blanco también presenta algunos inconvenientes. Uno de los principales es la falta de suficientes investigaciones científicas que demuestren su utilidad para dormir mejor; el otro es la posibilidad de que su uso pueda ser perjudicial a la larga. En principio, el ruido blanco no es peligroso o dañino, siempre que la potencia no supere los 50 o 60 decibelios (más o menos el ruido de una conversación en voz normal). No obstante, algunos expertos advierten de la posibilidad de que el ruido blanco aplicado cada noche durante mucho tiempo podría afectar negativamente a las células ciliadas, que son las encargadas de captar el sonido.

El ruido blanco obliga a que las células ciliadas permanezcan activadas durante toda la noche, recibiendo ininterrumpidamente información aleatoria. Esto podría afectar negativamente a la inhibición neural (la capacidad de filtrar información no importante), así como alargar los tiempos de integración temporal (tiempo que tarda el cerebro en procesar las señales que cambian rápidamente). Estos cambios desadaptativos en el cerebro podrían afectar a la larga a cuestiones como la velocidad de procesamiento, la atención, la memoria, etc. Lógicamente, este problema puede limitarse si se usa un temporizador que desconecte la máquina de ruido blanco al cabo de un tiempo prudencial.

 Artículo confeccionado con información de la Academia Estadounidense de Medicina del Sueño (AASM) y la revista Otolaryngology de Journal of the American Medical Association (JAMA).

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