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Nostalgia: la tristura del bolero

Dice la RAE, y dice bien, que la nostalgia es la tristeza melancólica originada por el recuerdo de una dicha perdida.

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Nostalgias, uno de los tangos bolero más bellos, finaliza con estos versos: Desde mi triste soledad/Veré caer las rosas muertas/De mi juventud, y ahí está, bien definida, la esencia de la nostalgia, ese sentimiento tan bonito y tan doloroso que puede ayudarnos a superar la monotonía de la vida o hundirnos en la melancolía.

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Nostalgia: la tristura del bolero

La nostalgia es como el whisky de malta: un culín te puede reconfortar el alma, pero un exceso te puede arrojar a un pozo sin fondo. Nostalgia, algos nostos, que dirían los griegos: dolor del regreso. Miras hacia atrás y lo ves todo embellecido, luminoso; hasta la mili puede parecerles a algunos como algo memorable, un tiempo de camaradería, despreocupación y alegría desenfrenada. Aunque lo que es cierto es que hay recuerdos imborrables como la primera mejor amiga, el primer vestido o el primer traje, el primer amor…

En un artículo publicado en plena pandemia, el periodista de El País Iñigo Domínguez escribía que “La nostalgia es una cosa jodida, porque es bonita, pero ahí te quedas atrapado”. Si regresas al pasado con el pensamiento, te llega el anhelo y el dolor de lo que has perdido, pero también la dicha de aquel tiempo en el que crees que fuiste feliz. Ahí, en el recuerdo de ese pasado embellecido, puedes quedarte atrapado y perder de vista la realidad.

En español, todas las palabras terminadas en -algia tienen en común el hecho de indicar dolor, sufrimiento o dolencia de una parte del cuerpo. Ahí están, por ejemplo, las neuralgias, lumbalgias, fibromialgias, etc. Sólo la nostalgia indica un dolor que no procede del cuerpo, sino del espíritu, el alma o la mente. Un dolor que reconforta, que te hace feliz, que no necesita un analgésico. Pero la nostalgia es un sentimiento tramposo, porque nos impide ver el pasado con exactitud: la mili no fue divertida, las vacaciones del 72 fueron un desastre, el primer sexo fue frustrante y mediocre, la niñez triste, la adolescencia aburrida, aquel amigo admirable resultó no serlo tanto…

La nostalgia en sí, no es mala. Recordar con añoranza la juventud perdida o los amores pasados puede ser positivo si se hace ocasionalmente, cuando el recuerdo sobreviene, porque ayuda a sobrellevar los estragos del tiempo y de la soledad; pero ser sistemáticamente infeliz en la vejez, porque se añora el paraíso perdido de la juventud, resulta tan nefasto como una enfermedad incapacitante. Los especialistas afirman que la nostalgia excesiva casi siempre aparece cuando el presente es desagradable y el futuro es amenazante, un escenario frecuente en la vejez.

¿Puede aportar la nostalgia algo positivo a nuestra procelosa tercera edad? Dicen los expertos que, si hipoteca tu presente o tu futuro, es negativa; pero puede ser útil si te permite encontrar un refugio momentáneo a las inclemencias del presente. El término nostalgia se empezó a usar a finales del siglo XVII, cuando médicos suizos lo emplearon para describir la sensación de añoranza por el hogar que sentían los soldados. Hasta finales del pasado siglo, la nostalgia se consideraba una enfermedad. Pero hoy se acepta que existen buenas razones para dejarse llevar por ella: aumenta el bienestar y la autoestima, y fortalece las relaciones interpersonales.

En la revista Investigación y Ciencia se recogió un trabajo titulado Nostalgia, anhelo por el pasado, en el que el profesor Constantine Sedikides, de la Universidad de Southampton, y otros psicólogos, recogían los resultados de una serie de experimentos que sugieren que la nostalgia puede ser un recurso al cual recurrimos para conectarnos con otras personas o eventos, para poder avanzar con menos miedo y objetivos más claros.

A los participantes se les pidió que pensaran en su propia muerte y que describieran los sentimientos que estos pensamientos les producían. Las respuestas variaban según el grado de nostalgia de las personas. Quienes afirmaron ser menos propensos a tener nostalgia experimentaron un aumento del sentimiento de falta de sentido en la vida, mientras que las personas más propensas a los pensamientos nostálgicos tenían con menos frecuencia pensamientos persistentes sobre la muerte. Además, también eran menos vulnerables a los sentimientos de soledad. Finalmente, los investigadores concluyeron que la nostalgia era un recurso para dotar de significado a la vida, y una parte vital de la salud mental.

Recordemos el pasado, aunque no vaya a volver, y revivámoslo con un esplendor que quizá no tuvo. Así, si hoy tenemos problemas para subir unas escaleras, quizás nos ayude el recuerdo de aquella carrera de bicicleta que ganamos en las fiestas del pueblo cuando teníamos doce años. Tal vez nos ayude, incluso, aunque realmente quedáramos terceros.

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