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Mi farmacéutico. Una ayuda para proteger mi salud

El farmacéutico es un profesional sanitario que vela por la promoción de nuestra salud

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Lo que probablemente necesitan las personas al salir de la farmacia es saber que se han llevado lo que necesitan y haber eliminado o reducido la incertidumbre que inevitablemente genera la enfermedad. Esa es la función del farmacéutico.

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Mi farmacéutico. Una ayuda para proteger mi salud

Pasó ya el tiempo en que los farmacéuticos preparaban muchos de los fármacos en las propias oficinas de farmacia, las llamadas fórmulas magistrales. Pero no olvidemos, que un farmacéutico es un profesional sanitario, un eslabón importante en la cadena de responsabilidad de la salud de los ciudadanos, cuya función va mucho más allá de dispensar medicamentos.

La oficina de farmacia es mucho más que un establecimiento comercial, es en realidad un espacio de consejo que debe proporcionar confianza a sus clientes o usuarios, especialmente a los de mayor edad, que por su propia condición son los que más uso hacen de los fármacos en nuestra sociedad.

El propósito final de una farmacia nunca debe ser vender, por más que éste sea un objetivo necesario y legítimo del farmacéutico. Como todos los negocios, las farmacias actuales han tenido que adaptarse a un mundo cambiante y en muchos casos han acogido entre sus servicios la comercialización de productos que van más allá de la salud. Lo que se ha dado en llamar la parafarmacia, con servicios de cosmética, higiene, nutrición, herbolario… Pero esta realidad no debe hacernos olvidar que la finalidad primera de la farmacia debe ser colaborar en el mantenimiento de la salud de sus clientes, aconsejándoles, resolviendo sus dudas y colaborando activamente en la prevención de su salud.

Los farmacéuticos se encargan de “traducir”todo lo que los pacientes no hayan entendido sobre la información que han recibido de su médico, respecto a la posología o los efectos adversos de un fármaco, colaborando así activamente en que mejore la adherencia (cumplimiento exacto del tratamiento indicado) y que los pacientes tomen los fármacos de la forma adecuada. Pero no sólo eso: los farmacéuticos también colaboran activamente en la prevención de enfermedades. Baste comentar, el importante papel que tienen, por ejemplo, en el control de la hipertensión, la obesidad, el tabaquismo o el abuso de los antibióticos. Tampoco olvidemos la función que el farmacéutico desempeña frente a su clientela habitual, de la que en muchos casos conoce sus patologías y hábitos sociales; una actuación no como prescriptor de medicamentos, sino como consejero que, a menudo, puede influir en la adopción de hábitos saludables y en la constancia en los tratamientos o en la decisión de tomarse en serio los síntomas y acudir al médico o al especialista. Para ello, sembrar y transmitir conocimiento, confianza y fidelidad en los clientes es la clave con la que el farmacéutico adquiere la condición de consejero.

Las cosas han cambiado mucho y lo seguirán haciendo, probablemente aún más rápido que hasta ahora. Actualmente la oficina de farmacia dispensa todo tipo de productos para una atención integral de la salud. Productos y servicios centrados en el paciente y en la población en el ámbito de la atención primaria y sociosanitaria, en coordinación, cada vez mayor, con otros profesionales de la salud. Esta clase de farmacia es la que llamamos farmacia comunitaria. Pero además de ella existe la farmacia hospitalaria, que se ocupa de las necesidades farmacoterapéuticas de los pacientes atendidos en el hospital y su ámbito de influencia, así como de los medicamentos de dispensación hospitalaria. Este es un grupo de fármacos que por sus características requiere ser dispensado con un especial control por parte del servicio de farmacia en los hospitales y entre estos fármacos los hay también para pacientes ambulatorios; son medicamentos de cierta complejidad, para patologías crónicas y con especiales características de administración, conservación o elevado precio.

Es previsible que en los próximos años la relación entre los distintos profesionales de la salud sea diferente, debido sobre todo a las nuevas tecnologías, que permitirán compartir de forma mucho más eficaz la información, más allá de la receta electrónica. Esta cuestión probablemente exigirá un trabajo mucho más coordinado entre todos los agentes que intervienen en la salud de las personas: médicos, enfermeros, farmacéuticos, investigadores, laboratorios farmacéuticos, gestores de la sanidad y, por supuesto, los propios pacientes.

Artículo confeccionado con información de la Sociedad Española de Farmacia Familiar y Comunitaria y la Sociedad Española de Farmacia Hospitalaria.

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