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Las anemias, qué son y cómo prevenirlas

Según datos de la OMS, el 24% de los ancianos en todo el mundo padece esta enfermedad.

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La anemia se define por una cantidad insuficiente de hemoglobina (Hb) en el interior de los glóbulos rojos. En una persona adulta existe anemia cuando la Hb es inferior a 12g/dl (en mujeres) y a 13,5g/dl (en hombres), lo que se verifica fácilmente en un análisis de sangre.

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Las anemias, qué son y cómo prevenirlas

La hemoglobina es una proteína encargada de transportar oxígeno a través del torrente sanguíneo, desde los alveolos pulmonares hasta los órganos y tejidos internos, y en tomar el dióxido de carbono de éstos y transportarlo de nuevo a los pulmones para expulsarlo. Los glóbulos rojos o hematíes se originan en la médula ósea y para producirse necesitan varios elementos, como hierro, vitamina B12, ácido fólico, etc. El déficit de cualquiera de ellos (especialmente el hierro) produce una disminución de la hemoglobina y la consiguiente anemia.

La anemia produce cansancio, reduce la tolerancia al ejercicio, aumenta el número de latidos cardiacos, piel pálida, etc.  El cuerpo de los pacientes con anemia no recibe suficiente sangre rica en oxígeno; como resultado, aparecen síntomas como la sensación de cansancio o de debilidad, así como mareo o dolor de cabeza. La intensidad de estos síntomas depende del nivel de hemoglobina, pero también de la velocidad de instauración de la anemia.

La mayoría de las anemias son de instauración lenta, por lo que producen pocos síntomas y son difíciles de detectar salvo en una analítica. Hay que tener en cuenta que el número total de glóbulos rojos no tiene valor para precisar la anemia, ya que puede haber un número normal de glóbulos rojos pero que estén vacíos de Hb. Si no se trata, la anemia grave o prolongada puede causar lesiones en el corazón, el cerebro y otros órganos del cuerpo.

La causa más frecuente de la anemia es la falta de hierro (anemias ferropénicas), que puede deberse a una dieta pobre, a una mala absorción de este mineral (poco frecuente, salvo en personas con intolerancia al gluten) o a la pérdida de glóbulos rojos. Esta última es debida a pequeñas hemorragias mantenidas (sobre todo en el aparato digestivo por úlceras, pólipos, etc.) que suelen pasar inadvertidas hasta que se consume todo el hierro almacenado en el organismo y comienza a aparecer la anemia. En este sentido, la anemia ferropénica no puede considerarse como una enfermedad en sí, sino como una complicación derivada de otra enfermedad; por ello, además de tratar la anemia tomando hierro, es necesario identificar la causa de las hemorragias para corregirlas.

Otros tipos de anemia son la denominada anemia de la enfermedad crónica, que se asocia a insuficiencia renal, insuficiencia cardíaca y muchas otras enfermedades crónicas, especialmente presente en la tercera edad. En este tipo de anemia hay suficiente hierro almacenado en el organismo, pero la médula ósea no es capaz de utilizarlo para producir glóbulos rojos. Menos frecuentes son las anemias debidas a déficit de vitamina B12, que puede aparecer en personas de edad avanzada; las causadas por falta de ácido fólico, derivadas del abuso de alcohol y del consumo de ciertos medicamentos que interfieren en su metabolismo; y las anemias hemolíticas, debidas a la destrucción prematura de los glóbulos rojos.

La anemia en las personas mayores (con frecuencia de origen multifactorial) es un trastorno más común de lo que habitualmente se reconoce. Más de dos tercios de los casos de anemia en ancianos se pueden atribuir a dos grandes grupos de causas: las deficiencias nutricionales (34% de los casos) y las enfermedades crónicas, con y sin insuficiencia renal, (33% de los casos). Por el contrario, en personas más jóvenes la etiología de la anemia está en las pérdidas de glóbulos rojos (hemorragias).

Entre los mayores, la anemia se relaciona con aumento de la mortalidad, mayor incidencia de trastornos cardiovasculares, trastornos cognoscitivos y conductuales, disminución de la capacidad física y aumento del riesgo de caídas y fracturas. En España no existen estimaciones acerca de su prevalencia, pero es probable que su distribución se relacione con el nivel de desarrollo económico y social, y por lo tanto al acceso a una buena nutrición y cuidados de salud de la mejor calidad.

El tratamiento de la anemia depende del tipo, la causa y la gravedad de la misma. Los tratamientos pueden consistir en: cambios en la alimentación, suplementos nutricionales, medicamentos, intervenciones quirúrgicas (tratamiento de la pérdida de sangre). Es posible prevenir episodios repetidos de ciertos tipos de anemia, especialmente los que se deben a la falta de hierro o de vitaminas. Si se hacen cambios en la alimentación o se toman suplementos (siempre recomendados por el médico), se puede evitar que vuelvan a aparecer.

En general, la anemia en ancianos se relaciona con una pobre calidad de vida y una mayor morbimortalidad, por ello es urgente su reconocimiento y tratamiento oportuno y adecuado. Hay que tener presente que, incluso las anemias leves, son un factor de riesgo que provoca disminución de la capacidad de los ancianos para participar con plenitud en las actividades cotidianas.

Artículo confeccionado con información de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI).