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La soledad: un mal de nuestro tiempo

La vejez favorece todos aquellos factores que hacen de la soledad uno de los grandes males de nuestro tiempo, por lo que los ancianos está especialmente predispuestos a sufrir las peores consecuencias de este sentimiento tan difícil de definir.

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La soledad no es un problema específico de la tercera edad: cualquier persona puede sentirse sola, muy especialmente en la adolescencia, pero también en la mediana edad. Sin embargo, la vejez favorece todos aquellos factores que hacen de la soledad uno de los grandes males de nuestro tiempo, por lo que los ancianos está especialmente predispuestos a sufrir las peores consecuencias de este sentimiento tan difícil de definir.

Hay una soledad objetiva, que no es necesariamente mala y que muchas veces responde a una elección personal, y una soledad subjetiva, ese “sentirse solo” que afecta a numerosas personas de todas las edades y que se acrecienta en la vejez debido a muy diversas causas, tanto personales como económicas y sociales. Cuando eran niños las personas que ahora son mayores, la vida en nuestro país era muy distinta; la familia era el núcleo social de convivencia en el que coexistían miembros de todas las generaciones (abuelos, hijos, nietos). En el momento actual, cada vez más personas viven solas desde edad temprana y sólo la nueva realidad económica está ocasionando que los hijos tarden más ahora en abandonar el hogar paterno.

Muchas personas mayores llegan a la soledad después de muchos años de vivir solas, pero el sentimiento de soledad no depende exclusivamente de este hecho; se relaciona sobre todo con el sentimiento de exclusión, de ser incomprendida o rechazada por los demás, de permanecer al margen de las interacciones que viven los demás y no tener la necesaria compañía para realizar determinadas actividades, físicas o intelectuales, ni para gozar de intimidad emocional. Según un estudio del IMSERSO, alrededor del 14 por ciento de las personas mayores que viven en sus casas se encuentran sola, aunque esta circunstancia (en muchos casos elegida voluntariamente) no siempre implica una vivencia desagradable para el individuo. La soledad subjetiva es un sentimiento negativo que padecen las personas que se sienten solas; es un sentimiento doloroso y temido, y nunca es una situación elegida. En muchos casos, este sentimiento aparece como consecuencia de pérdidas, disminución de la participación de actividades sociales y sensación de fracaso.

La soledad en las personas mayores está determinada por diferentes factores o causas, como son el conjunto de pérdidas que pueden afectar a la propia autoestima; la limitación de la autonomía personal, producida por el deterioro físico, las enfermedades y la reducción de las posibilidades de desenvolverse en las actividades de la vida diaria y, por último, la crisis experimentada por la pérdida de relaciones sociales. A todo ello hay que unir distintas experiencias, especialmente duras, que se dan en la vejez y que suponen una ruptura con la vida anterior y que suelen tener graves consecuencias emocionales. Entre ellas destacan la independización de los hijos y el consecuente abandono del hogar familiar; la debilitación de las relaciones familiares, especialmente filiales (en muchas ocasiones los hijos se van no solo del hogar sino también de la ciudad o del propio país); la viudedad, que suele ser el principal desencadenante del sentimiento de soledad en las edades avanzadas; la jubilación, con las funestas consecuencias de más tiempo libre, menos recursos económicos y aislamiento social.

También influyen la pérdida o ausencia de actividades placenteras, de tipo físico, cultural o social, en muchos casos derivadas de las anteriores circunstancias y, aunque muchas veces no se tengan en cuenta, los prejuicios sobre la vejez, tanto propios como ajenos. Todas estas circunstancias podrían ser revertidas con relativa facilidad, para configurar un escenario en el que la mayor soledad de la tercera edad pueda ser percibida como algo natural, derivado de la vejez, para lo que el paso del tiempo y los cambios que ello propicia lleva preparando a las personas mayores desde la madurez. La soledad puede vencerse si no nos dejamos apresar por la depresión y los sentimientos negativos.