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La paradoja de la vejez: más felices a los 70 que a los 40

El bienestar subjetivo no depende tanto de estar en buena forma como de sentirse satisfecho.

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Generalmente se asocia el envejecimiento, y no sin motivos, al principio de un proceso de deterioro progresivo, al inicio de la cuesta abajo. Sin embargo, muchos estudios indican que al envejecer se va incrementando la percepción positiva de felicidad.

SALUD

La paradoja de la vejez: más felices a los 70 que a los 40

Conforme pasa la vida, las personas atraviesan diferentes estados, desde la plenitud física, social y mental hasta llegar a las problemáticas que a menudo trae consigo la vejez. Ese es el estereotipo en el que todos parecen coincidir y que, por supuesto, está basado en realidades objetivas, aunque también es cierto que cada vejez es diferente. Sin embargo, las encuestas afirman que la felicidad subjetiva va aumentando conforme envejecemos; en ese sentido, y esa es la llamada paradoja de la vejez, los años no sólo traen consigo achaques y deterioro, también aportan felicidad.

En términos generales puede decirse que la evolución objetiva que lleva aparejada la edad está causada por la conjunción de cuatro factores: deterioro progresivo de las funciones físicas; declive progresivo de las facultades y de las funciones mentales; cambios en el medio familiar, social y profesional; y reacciones de la persona ante todos estos factores.

Las personas se ven afectadas objetivamente por los tres primeros factores, que producen transformaciones directas (como los problemas concretos de salud) y efectos indirectos sobre el comportamiento (como que la sordera provoque desinterés y alejamiento del mundo exterior). El último factor provoca diversas reacciones, tanto en el plano de las actitudes expresadas como en el de la vida interior, y es el que marca la diferencia subjetiva a la hora de enfrentar las expectativas vitales con la realidad. En ese sentido, envejecer bien no depende tanto de la realidad objetiva (el grado de deterioro sufrido) como de la forma de percibirlo y de adaptarse al mismo.

Numerosos estudios indican que la satisfacción por la vida se incrementa a medida que se envejece; en otras palabras, los mayores son más felices que otros grupos de edad, según pone de relieve la estadística. El bienestar emocional (o la felicidad) estaría relacionado con la experiencia subjetiva de sentirse bien, de estar a gusto con uno mismo y con el mundo exterior. Los sentimientos de satisfacción y tranquilidad constituyen un componente esencial de la salud y, en un sentido amplio, se relacionan con la capacidad de adaptación a los cambios y al aprendizaje de cosas nuevas, dos factores básicos para el desarrollo de un envejecimiento activo y saludable.

Cuando el futuro se percibe de forma limitada, como sucede en la vejez, las metas de la persona se enfocan hacia aspectos inmediatos (buscar sentido a la vida, interactuar socialmente o cultivar relaciones personales) que pueden alcanzarse con cierta facilidad. En otras palabras, asumir la finitud de la vida y aceptarla de manera positiva cambia de un modo positivo las expectativas de las personas y contribuye a aumentar su bienestar emocional.

En un estudio realizado en el año 2006 con el apoyo de la Universidad de Michigan (EE UU) todos los participantes (divididos en dos grupos de 21 a 40 años y mayores de 60) coincidieron en la idea de que a los 30 años se era más feliz que a los 70 y que la felicidad disminuía con la edad; sin embargo, al evaluar su propia felicidad en su edad actual, el análisis estadístico de la encuesta reveló que los mayores se sentían mucho más felices que las personas de menos de 40 años.

Los estereotipos negativos que rodean la vejez llevan a considerarla (incluso entre los propios mayores) como una etapa plagada de desventajas; no obstante, la mayor parte de las investigaciones realizadas revelan una realidad bien distinta. El envejecimiento es un proceso gradual que facilita la adaptación a los cambios y permite vivir con satisfacción. Envejecer bien es posible.

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