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La mayor longevidad de las mujeres tiene un precio

Las mujeres viven de media en España seis años más que los varones, pero una parte de ese tiempo extra la pasan con más problemas de salud, lo que puede incidir directamente en el nivel de felicidad y satisfacción con la vida.

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La mujer más anciana de Europa, la italiana Maria Giuseppa Robucci, conocida como Nonna (abuela) Peppa, cumplió 116 años en marzo de 2019. Heredó su record de longevidad en 2017, tras la muerte de la andaluza Ana Vela, que falleció poco después de cumplir también los 116 años. Ana Vela fue hasta los 109 años una mujer animosa y relativamente saludable, que hacía una vida activa en la residencia de ancianos en la que vivía. La rotura del fémur tras una caída inició un rápido deterioro y en el momento de su muerte no andaba y prácticamente no hablaba. Es posible adivinar que sus últimos años no fueron felices.

En estos tiempos del “#Me too” afirmar que hombres y mujeres no son iguales resulta temerario, pero no por ello menos cierto. Al menos en el terreno de la esperanza de vida y en la percepción de la salud. Una mujer española puede confiar por término medio en vivir hasta los 85 años, mientras que un hombre deberá conformarse con llegar a los 80. Sin embargo, tanto el Ministerio de Sanidad como el Instituto de la Mujer coinciden en afirmar que ese plus de longevidad lo viven las mujeres con peores condiciones de salud.

Las mujeres presentan más enfermedades crónicas que los hombres y tienen una peor percepción de su salud; para compensar, los varones sufren patologías más graves y presentan mayor índice de mortalidad. Estas diferencias existen no solo en la vejez, sino que ya se presentan en la franja de edad de 45 a 65 años. Dolores músculo-esqueléticos (46%), seguidos de dolores de cabeza y aquellos provocados por varices y por problemas psíquicos, son más frecuentes en ellas que en ellos, en una proporción de dos a uno; también los síntomas somáticos (sin causa orgánica) y los estados depresivos y de ansiedad los padecen ellas con más frecuencia. En definitiva, la mayor longevidad de las mujeres se acompaña de discapacidad y mala salud; por otra parte, el inicio de ese deterioro aparece a una edad más temprana.

El porcentaje de mujeres con algún problema crónico alcanza el 77,2%, frente al 64,6% de los hombres. El género también influye de forma determinante en la percepción del estado de salud, que es peor en la mujer que en el hombre. Esta actitud (verse a sí mismo “como un enfermo”) crece con la edad y a medida que desciende el estatus socioeconómico y el nivel de estudios.

Una de las razones que suelen aducirse para explicar esta peor salud de las mujeres es la sobrecarga de trabajo, la falta de tiempo libre y los empleos repetitivos y de escaso reconocimiento social que padecen una buena parte de ellas. Las mujeres trabajadoras no se han visto liberadas de las tareas domésticas, a las que suelen dedicar de media casi seis horas diarias, mientras que los hombres apenas llegan a dos horas (y eso sólo un 71% de ellos). Normalmente, también son las encargadas del cuidado de las personas dependientes que pueda haber en el hogar familiar. Todo ello supone en la práctica una doble o triple jornada laboral, lo que va mermando su salud, especialmente sobre todo en las clases sociales con menos recursos económicos.

Artículo confeccionado con información del Ministerio de Sanidad, el Instituto de la Mujer y el Instituto Nacional de Estadística.

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