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La atención centrada en la persona

Un nuevo modelo que debe sustituir al tradicional sistema de atención a los mayores centrada en los servicios.

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La atención centrada en la persona (ACP) da prioridad a la calidad de vida de las personas mayores, teniendo en cuenta sus necesidades y sus derechos y respetando sus preferencias.

PÁGINA SALUD

La atención centrada en la persona

En la última década del siglo XX y primeros años del actual se realizaron numerosos avances en los estudios y modelos de atención a las personas mayores, que empezaban a constituir un colectivo muy numeroso y con unas características y necesidades muy específicas. Pero todos ellos ponían el acento en la calidad de los servicios prestados a los mayores. Este modelo, denominado de atención centrada en los servicios, se caracteriza por estar basado en procedimientos uniformes que se derivan de las necesidades de atención asociadas a tres aspectos fundamentales: clasificaciones de enfermedades, grados de dependencia y condicionantes organizativos.

Actualmente se ha extendido el concepto de atención centrada en la persona (conocido por las siglas ACP), que constituye un enfoque internacionalmente  reconocido relativo a los servicios de atención a personas en situación de dependencia, principalmente las residencias de personas mayores, pero también la atención domiciliaria supervisada. En líneas generales, este nuevo modelo implica reconocer la singularidad de cada persona y poner el punto de mira en sus capacidades frente a aquello que la hace dependiente, apoyando así su capacidad de autonomía. En otras palabras, la ACP supone que, siempre que sea posible, se deben respetar las decisiones, preferencias y opciones personales de los residentes y, en definitiva, adaptar los centros asistenciales a las personas y no las personas a los centros.

Buena parte de los estudios y trabajos sobre la ACP se fundamentan en la obra “Atención centrada en la persona con demencia: mejorando los recursos”, de la psicóloga clínica Dawn Brooker, directora de la Asociación para Estudios de la Demencia, de la Universidad de Worcester (RU), que aporta definiciones de las ideas más importantes que sostienen este nuevo modelo. Brooker explica las cuatro áreas clave de la ACP y sus indicadores, de los que se compone el modelo VIPS creado por la autora:

V – Valorar a las personas y a sus cuidadores: un conjunto de valores que reivindica el valor absoluto de toda vida humana, independientemente de la edad o capacidad cognitiva.

I – Tratar a las personas como individuos: un  enfoque individualizado que reconoce la singularidad de la persona.

P – Interpretar el mundo desde la perspectiva de la persona.

S – Desarrollar un entorno social positivo en el que la persona con demencia pueda experimentar el mejor bienestar posible.

Aunque los estudios de la doctora Brooker se centran en personas afectadas por diversos tipos de demencia, en la actualidad la ACP se extiende a todo el colectivo de la tercera edad, aunque lógicamente enfocado hacia los individuos más vulnerables, que son los que menos pueden valerse por sí mismos. En este sentido, la atención centrada en la persona se puede interpretar como  un  modelo de atención para mejorar la calidad de vida de las personas mayores en situación de fragilidad o dependencia, situando el centro de atención en la persona.

De esta manera, el primer paso sería definir la calidad de vida que, según la define la Organización Mundial de la Salud, consiste en la percepción que un individuo tiene de su lugar en la existencia, en el contexto de la cultura y del sistema de valores en los que vive y en relación con sus objetivos, sus expectativas, sus normas y sus inquietudes. En esta percepción influyen aspectos como la salud física, el estado psicológico, el nivel de independencia, las relaciones sociales y la relación establecida con los elementos esenciales del entorno.

La atención centrada a la persona es sobre todo un cambio de perspectiva: no son las personas las que se deben adaptar a los centros y servicios sino todo lo contrario; los entes públicos, los centros y servicios se han de adaptar a las personas para respetar así la individualidad y singularidad de cada uno de los usuarios de los servicios asistenciales. Desde esta perspectiva, la ACP propugna una atención a las personas mayores en la que los profesionales de atención directa, además de proteger a las personas y atender sus necesidades diversas, se relacionan con aquellas a partir del conocimiento de sus vidas y desde la escucha de sus inquietudes, buscando oportunidades y apoyos para que cada usuario pueda desarrollar sus capacidades, tener control sobre su vida cotidiana y, en consecuencia, sentirse mejor.

 

Artículo confeccionado con datos del portal Informes Envejecimiento en red, del Centro Superior de Investigaciones Científicas.