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Fisioterapia respiratoria contra EPOC

La EPOC no se cura, pero la fisioterapia respiratoria puede aliviar los síntomas de esta enfermedad crónica.

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Cada enfermedad tiene su día internacional, y la EPOC no es una excepción. La Organización Mundial de la Salud (OMS) lo instauró en 2002 y, desde entonces, cada segundo o tercer miércoles de noviembre se celebra el Día Mundial de la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC).

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Fisioterapia respiratoria contra EPOC

La EPOC es una enfermedad pulmonar que se caracteriza por una reducción persistente del flujo de aire que llega a los pulmones. Los síntomas suelen empeorar progresivamente y la dificultad respiratoria (disnea), que al principio se asocia a los esfuerzos físicos, aumenta con el tiempo hasta que llega a aparecer en reposo. Es una dolencia que no siempre se llega a diagnosticar, la capacidad pulmonar perdida no se recupera y, en casos graves, puede ser mortal. La bronquitis crónica y el enfisema pulmonar son las formas más graves de la EPOC.

Es importante tener en cuenta que una de las consecuencias de las dificultades respiratorias es la mala tolerancia a la actividad física, por lo que frecuentemente las personas con esta enfermedad tienden a aumentar su sedentarismo, lo que constituye un importante factor de riesgo para otras muchas dolencias. El tratamiento farmacológico y la fisioterapia pueden aliviar los síntomas de la enfermedad, así como potenciar la capacidad para realizar ejercicio moderado y, en definitiva, mejorar la calidad de vida y reducir el riesgo de muerte. En el tratamiento se emplean fármacos broncodilatadores, acompañados en ocasiones de otros medicamentos para aliviar sintomatologías derivadas de la disnea. El objetivo de la fisioterapia es aumentar las capacidades respiratorias, evitar posibles infecciones y mejorar la resistencia al esfuerzo.

Los procedimientos de la fisioterapia pulmonar se basan en dos puntos: la terapia física, que consiste en fisioterapia respiratoria y ejercicios respiratorios, y el entrenamiento muscular, tanto general como de los músculos respiratorios. Para ello, la fisioterapia respiratoria utiliza técnicas encaminadas principalmente a movilizar y eliminar las secreciones bronquiales, mejorar la ventilación pulmonar y mejorar la oxigenación. Para la movilización y expectoración de secreciones se emplean diversas técnicas de drenaje, tanto manuales como instrumentales. Las técnicas de ventilación consisten en ejercicios de movilizaciones de la caja torácica, ejercicios de control respiratorio, ejercicios de ventilación dirigida y ejercicios de relajación o potenciación de la musculatura respiratoria. El principal objetivo de estas técnicas es favorecer un modelo de respiración normal, enseñar el control respiratorio con mínimo esfuerzo, ayudar a la expansión del tejido pulmonar y aumentar la capacidad pulmonar. Otro objetivo igualmente importante es conseguir una mejoría de los síntomas y enlentecer la progresión de la enfermedad.

La principal causa de la EPOC es la exposición al humo del tabaco, tanto de fumadores activos como pasivos, por ello el tratamiento más eficaz y menos costoso de esta enfermedad para los fumadores es, precisamente, dejar de fumar, una medida higiénica que retrasa la evolución de la enfermedad y reduce su mortalidad. Otros factores de riesgo son la exposición al aire contaminado, tanto en interiores como en exteriores, así como la presencia de sustancias tóxicas en el lugar de trabajo.

En España, la EPOC es la tercera causa de mortalidad, según los últimos datos de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR) de 2019, que también ha hecho públicas las siguientes conclusiones: el 11,8 por ciento de la población española mayor de 40 años padece esta enfermedad, que es más frecuente en varones (14,6 por ciento, frente al 9,4 por ciento en las mujeres). La EPOC es una de las enfermedades crónicas más frecuentes en adultos, ya que la prevalencia se incrementa con la edad y, en la franja de los 80 años, llega al 34,7 por ciento en hombres y del 26,1 por ciento en mujeres.

La EPOC se diagnóstica mediante una espirometría, que mide el flujo de aire que entra y sale de los pulmones y permite establecer el diagnóstico definitivo y clasificar la gravedad. En los estadios más graves, a medida que la enfermedad empeora, los esfuerzos normales de la vida cotidiana (como subir unos cuantos escalones o llevar un objeto de peso reducido), o incluso las actividades diarias, pueden hacerse muy difíciles. Por ello, es necesario un diagnóstico precoz, que permita atajar los síntomas lo más rápidamente posible, un tratamiento y una terapia adecuados y, por supuesto, dejar de fumar o, mejor aún, no empezar a hacerlo.

Artículo confeccionado con información de la Organización Mundial de la Salud, Mayo Clinic y MedlinePlus.

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