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¿Es la soledad un asunto de Estado?

Reino Unido, Japón o Alemania poseen ya un Ministerio de la Soledad; en España se estudia su conveniencia.

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La soledad es un problema, pero también una opción vital. Japón, por ejemplo, es una sociedad orientada hacia la soledad elegida, aunque la tasa de suicidios a causa de ella es la más alta del mundo. Las políticas sociales de los estados modernos se ocupan ya de estos problemas, pero no es posible que puedan solucionarlo todo.

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¿Es la soledad un asunto de Estado?

En nuestras ciudades hay residencias geriátricas, centros de día y centros de mayores, pero muchas personas (que podrían) no quieren salir de sus casas y prefieren vivir solos, aún con el riesgo, no pocas veces, de morir en soledad. ¿Puede el Estado evitarlo? Incluso en los casos de la soledad no deseada, que responde a causas sociales y económicas, no siempre es posible intervenir. Sin embargo, en numerosos países, sobre todo a raíz de la agudización del problema provocado por el confinamiento de la COVID19, se han empezado a buscar nuevas alternativas mediante la creación de instituciones gubernamentales (ministerios o secretarías de Estado) especializadas.

La soledad, tan buscada desde siempre por algunas personas (monjes, ermitaños, anacoretas, etc.) puede causar serios problemas de salud, sobre todo en los adultos mayores. Sensación de abandono, falta de respuesta emocional, apatía y la temida depresión, son algunos de los síntomas más habituales que origina.

Aunque se trata de un viejo problema, la soledad se ha convertido en uno de los grandes daños colaterales que la pandemia está dejando en todo el mundo. Según el informe de 2018 del Imserso, en nuestro país casi cinco millones de personas viven solas, de las cuales más de dos millones corresponden a mayores de 65 años (el 42%) y, por último, entre el 30% y el 50% de estos sufre soledad no deseada. De este grupo, más de 850.000 superan los 80 años y 662.000 (la gran mayoría) son mujeres. Cruz Roja, por su parte, afirma que un 27% de las personas mayores atendidas por esta ONG no reciben visitas nunca o casi nunca y un 23% no tiene nadie a quien contarle sus problemas y sus temores. Estudios recientes apuntan a que la pandemia ha contribuido a agravar la cuestión.

El problema es similar o incluso peor en otros países. En Japón, a pesar de que las personas solas constituyen un colectivo social muy valorado (en Tokio cada vez hay más pisos nuevos para personas solas y los solitarios de todas las edades se han convertido en una apreciada categoría de consumidor en restaurantes y supermercados), la disminución de los contactos sociales durante el confinamiento ha provocado un repunte de los suicidios, hasta el punto de que el Gobierno nipón decidió a principios de este mismo año 2021 la creación de un ministerio para combatir la soledad, que deberá llevar a cabo estudios y estadísticas para conocer mejor el problema, que también se está agravando por el teletrabajo, el descenso de la natalidad y la masificación en las ciudades.

El Reino Unido es uno de los países pioneros en la creación de un ministerio especializado en la soledad que, según datos recientes, afecta a nueve millones de personas (el 13,7% de la población total), según el estudio de la Comisión Jo Cox sobre Soledad de 2017, que concluía que Reino Unido era el país donde las personas se sentían más solas. Casi nueve millones de británicos se sentían solos siempre o a menudo, el 75% de las personas mayores viven solas y alrededor de 200.000 confesaron que podía pasar hasta un mes sin tener una conversación con algún amigo o familiar. Ante esta situación, el Gobierno británico creó en enero de 2018 una secretaría de Estado para la soledad, cuyo principal objetivo era diseñar un método para medir la soledad y definir acciones para atajarla.

En España, el Gobierno estudia la elaboración de una Estrategia Estatal contra la soledad no deseada, para combatir el aislamiento social de los mayores, de acuerdo con las comunidades autónomas y las entidades locales, y con la participación del Tercer Sector (entidades privadas sin ánimo de lucro). Varios municipios y comunidades, sobre todo las grandes ciudades (que son, por lo general, el escenario más habitual para los casos de soledad no deseada) tienen su propia estrategia para hacer frente al problema, con el objetivo de identificar los riesgos, fomentar los vínculos sociales, ofrecer servicios y recursos y adecuar los servicios municipales a las necesidades de la población más vulnerable.

 

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