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El Parkinson sigue creciendo

El párkinson es una enfermedad neurodegenerativa, crónica e invalidante, que afecta a 160.000 personas en España y a más de 7 millones de personas en todo el mundo. El temblor es uno de los síntomas motores de esta enfermedad, y también el más conocido, pero además, existen otros síntomas que en muchas ocasiones pueden ser incluso más invalidantes, como los problemas del sueño, la depresión, los trastornos de control de impulsos, o los problemas cognitivos.

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Cada 11 de abril se celebra el Día mundial contra el Párkinson, una enfermedad neurodegenerativa cuya incidencia se ha disparado durante los últimos años y que merma notablemente la calidad de vida de quien la padece.  Además, se estima que será la enfermedad grave más común dentro de veinte años y que en 2040, la podrían padecer hasta 12 millones de personas.

El motivo principal es que la población mundial está envejeciendo  y la incidencia de la enfermedad aumenta con la edad. Además, nuestros hábitos de consumo, o el aumento de la longevidad también influyen en este crecimiento.

Las personas con párkinson requieren de un abordaje terapéutico multidisciplinar que aglutine el tratamiento farmacológico, las terapias rehabilitadoras y el tratamiento quirúrgico.

El párkinson suele aparecer a partir de los 50 años de edad. Solo, en el 20% de las ocasiones, la patología se detecta entre los 40 y los 45 años –denominado  párkinson de inicio temprano-.Si bien no existen causas determinantes para su desarrollo, sí se relaciona con ciertos factores de riesgo, como la edad, factores medioambientales y genéticos. No obstante, solo entre el 5% y el 10% de los diagnósticos tienen origen genético. Respecto al entorno, algunos estudios establecen como riesgo el haber estado en contacto continuado con pesticidas, herbicidas y similares.

Cuando está indicada, la cirugía tiene un índice de éxito destacable ya que permite controlar e incluso atenuar los síntomas hasta en 8 de cada 10 ocasiones, reduciendo las alteraciones motoras -los temblores y la rigidez-, y retrasando la evolución de la enfermedad.

El diagnóstico precoz es clave, por lo que anotamos aquí algunos posibles signos y síntomas de la enfermedad:

  • Puede comenzar con cansancio, malestar general, e incluso temblores muy ligeros durante las primeras horas del día. La dificultad para levantarse de una silla, el tono de voz bajo y la caligrafía apretada son otros indicativos.
  • Dolores musculares en los hombros, espalda y cuello, e incluso calambres pueden ser síntomas que, pasado un tiempo, se transforman en rigidez.
  • Lentitud para realizar las labores cotidianas, en especial las que demandan más precisión. En estadios más avanzados puede afectar a cuestiones como pelar fruta, abrocharse los cordones y similares.
  • Más allá de los trastornos motores también pueden darse alteraciones en la función cognitiva, dolor, alucinaciones, trastorno del control de los impulsos, disfunción del sistema nervioso autónomo y depresión.

La SEGG recomienda a las personas mayores consultar a su médico ante cualquier sospecha. La demora en el diagnóstico de párkinson se debe, en parte, a la consideración del propio paciente que cree que esos primeros síntomas son propios del envejecimiento. Un diagnóstico precoz supondrá siempre un mejor pronóstico y tratamiento.

Artículo confeccionado con información de la Sociedad española de Geriatría y Gerontología y la Federación española de Parkinson