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El desafío de controlar el dolor crónico

La Organización Mundial de la Salud (OMS) celebra el Día Mundial Contra el Dolor el 17 de octubre.

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Con una esperanza de vida que aumenta cada década, el dolor se ha convertido en un problema para las personas y en un auténtico desafío para los sistemas sanitarios. La OMS propuso que el dolor crónico fuera considerado una enfermedad y que su alivio se catalogase como un derecho humano.

El desafío de controlar el dolor crónico

Según diversos estudios al respecto, uno de cada seis españoles (17% de la población total) sufre de dolor crónico, porcentaje que se eleva ligeramente para el conjunto de la Unión Europea (alrededor del 20 %). El coste directo o indirecto estimado de la atención médica para los trastornos de dolor crónico en los Estados miembros de la UE varían entre el 2% y el 3% del PIB.

En los pacientes mayores de 60 años, el número de enfermedades que ocasionan dolor es muy elevado, ya que la prevalencia de muchas patologías aumenta a partir de esta edad y muchas de ellas se asocian con dolor. Las causas más frecuentes de dolor a esta edad corresponden especialmente al sistema musculoesquelético (sobre todo las lumbociáticas y las que se asocian a artrosis de rodilla y cadera), y al sistema nervioso, central o periférico (dolor neuropático); también es habitual entre los mayores el dolor derivado de polineuropatías, neuralgias postherpéticas o carencias nutricionales.

El dolor está presente también en la mayoría de los pacientes de cáncer y, aunque no siempre puede aliviarse completamente, hay maneras de disminuir el dolor en la mayoría de los casos. El control del dolor puede mejorar la calidad de vida durante el tratamiento del cáncer y después de que éste termina.

Según la Real Academia Española, el dolor se define como una “sensación molesta y aflictiva de una parte del cuerpo por causa interior o exterior”. De forma más coloquial, el dolor es una señal del sistema nervioso de que algo no anda bien; en ese sentido, el dolor puede ayudar a diagnosticar un problema del que sin él no tendríamos noticia. Puede ser agudo y crónico; el primero aparece de repente, debido a una enfermedad, lesión o inflamación; generalmente desaparece, aunque a veces puede convertirse en dolor crónico. El dolor no siempre es curable, pero hay muchas formas de tratarlo y reducirlo. Afortunadamente, la idea de la inevitabilidad del dolor está superada y cada día es mayor le preocupación por erradicarlo de los profesionales de la salud.

Los tratamientos más habituales contra el dolor están inspirados en la llamada “escalera analgésica” de la OMS, que se basa en la administración gradual de fármacos analgésicos asociada a la evolución e incremento del dolor. En su origen, la escalera analgésica de tres escalones fue descrita para el tratamiento del dolor de cáncer terminal, sin embargo en la actualidad su uso se considera un principio general para el tratamiento de todos los tipos de dolor.

En la actualidad, la problemática del dolor considerado como una enfermedad corresponde a las unidades hospitalarias de Diagnóstico y Tratamiento del Dolor, que se dedican al diagnóstico, tratamiento e investigación de las patologías dolorosas, y trabajan en la eliminación o alivio de la enfermedad dolorosa crónica para evitar que ésta afecte la vida cotidiana de las personas. Está ya muy claro y consensuado que recetar resignación no es una opción. Sufrir no es necesario, sufrir no cura y existen recursos en el sistema para tratar o intentar tratar todas las formas de dolor. Lo adecuado en todos los casos es acudir al médico.

Por último, dos cuestiones sobre el tratamiento del dolor que se deben tener muy en cuenta. En primer lugar, el uso de analgésicos simples (que no van ligados a la receta médica), debe ser supervisado por un médico, ya que pueden tener efectos secundarios graves en pacientes con otras patologías y, por otro lado, no todos los tipos de dolor responden a esta clase de analgésicos. Hay que recordar que estos analgésicos tienen un límite en el alivio del dolor (denominado techo analgésico), lo que significa que llega un momento en el que, aunque se aumente la dosis del medicamento, no aumenta el alivio del dolor.

En segundo lugar, los pacientes con dolor de difícil manejo deben ser derivados a las Unidades de Dolor hospitalarias y a  los equipos de cuidados paliativos, de forma que se destierre la presencia del dolor como algo habitual y falsamente inevitable.

Artículo confeccionado con información de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y de la Sociedad Española del Dolor (SED).

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