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El cambio climático y nuestra salud

Parece que todos están de acuerdo en que el cambio climático afecta (negativamente) a la salud; ahora solo falta ponerse de acuerdo sobre qué hacer.

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España, como otros países de la costa mediterránea, es particularmente vulnerable a los efectos del cambio climático, que en el ámbito de la salud se dejará sentir (ya está sucediendo) en cuestiones relacionadas con las temperaturas y los eventos extremos, la calidad del agua y del aire, y las enfermedades de transmisión vectorial (agentes patógenos).

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El cambio climático y nuestra salud

La celebración en Glasgow (Escocia, Reino Unido) de la vigésimo sexta Cumbre Anual de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), conocida como Conferencia de las Partes o COP26, ha puesto de manifiesto una vez más que los esfuerzos realizados hasta ahora para frenar el cambio climático están siendo insuficientes. Al margen de cualquier otra consideración y centrándonos exclusivamente en el campo de sus efectos sobre la salud, hay que destacar el aumento de la morbilidad y la mortalidad relacionadas con las temperaturas extremas, cuestión en la que el índice de envejecimiento de la población tiene gran importancia.

El estudio “Impactos del Cambio Climático en la Salud” (2013), del Ministerio de Sanidad, recoge el dato de que la contaminación atmosférica causa alrededor de 3,2 millones de muertes al año en todo el mundo. También la Organización Mundial de la Salud (OMS) considera la contaminación atmosférica como una de las prioridades mundiales, puesto que incide en la aparición y agravamiento de enfermedades respiratorias, cardiovasculares y cánceres. En los últimos veinte años, la mortalidad relacionada con el calor ha aumentado en más de un 50% entre las personas mayores de 65 años. La revista Nature Climate Change confirma que el 37% de los fallecimientos relacionados con el calor entre 1991 y 2018 se debieron al cambio climático provocado por el hombre. Por otra parte, una evaluación llevada a cabo por la OMS concluyó que, según las previsiones, el cambio climático causará anualmente unas 250.000 muertes adicionales entre los años 2030 y 2050.

Todo parece indicar que los efectos globales del cambio climático para la salud serán probablemente muy negativos, ya que influye en los principales determinantes sociales y medioambientales de la misma: aire limpio, agua potable, alimentos suficientes y una vivienda segura. Las temperaturas elevadas provocan un aumento de los niveles de ozono y de otros contaminantes del aire, que contribuyen directamente a las enfermedades cardiovasculares y respiratorias, sobre todo entre las personas mayores. Hay que recordar, por ejemplo, que en la ola de calor que sufrió Europa en el verano de 2003 se registró un exceso de mortalidad cifrado en 70.000 defunciones.

El aumento del nivel del mar pondrá en situación de riesgo a más de la mitad de la población mundial, que vive a menos de 60 km del mar. Muchas personas pueden verse obligadas a desplazarse, lo que acentúa a su vez el riesgo de efectos en la salud, desde trastornos mentales hasta enfermedades transmisibles. Del mismo modo, la creciente variabilidad de las precipitaciones afectará probablemente al suministro de agua dulce, y la escasez de ésta puede poner en peligro la higiene y aumentar el riesgo de enfermedades diarreicas; en los casos extremos, la escasez de agua causa sequía y hambruna. Se estima que a finales del siglo XXI el cambio climático haya aumentado la frecuencia y la intensidad de las sequías a nivel regional y mundial.

La salud mental también se resiente con el aumento de los desastres naturales, que pueden producir estrés post-traumático, depresión o ansiedad, lo que a su vez incide negativamente en el funcionamiento del sistema inmunológico; el impacto negativo de las olas de calor y las sequías en la salud mental es un hecho confirmado por diversos estudios que demuestran que ambas producen un incremento significativo de las tasas de suicidio.

Frente a este estado de cosas, los gobiernos de los países desarrollados y las instituciones supranacionales adoptan medidas preventivas, que no acaban de arrojar mejoras significativas para este problema. En 2015, la OMS puso en marcha un plan de trabajo en materia de cambio climático y salud que, entre otras iniciativas, incluía la necesidad de proporcionar y difundir información sobre las amenazas que plantea el cambio climático para la salud humana y las oportunidades de fomentar la salud mediante la reducción de las emisiones de carbono. También se preveía la puesta en práctica de una respuesta de salud pública, mediante la ayuda a los países para fomentar la salud y reducir la vulnerabilidad frente al cambio climático.

Además, también existen opciones individuales que pueden reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y reportar importantes beneficios colaterales para la salud. Por ejemplo, el uso seguro del transporte público y de formas de desplazamiento activas (a pie o en bicicleta como alternativa a los vehículos privados) podría reducir las emisiones de dióxido de carbono. Frente a este problema, todos podemos colaborar en la medida de nuestras posibilidades.

Artículo confeccionado con información de la Organización Mundial de la Salud (OMS), y el Ministerio de Sanidad.