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¿DÓNDE ESTÁN MIS MÚSCULOS?

Sarcopenia. Pérdida de masa muscular en la vejez

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Si en cualquier momento se nos ocurre mirarnos con atención los brazos o los muslos, es muy posible (si andamos ya por encima de los sesenta) que descubramos con horror que nuestros lustrosos bíceps, cuádriceps o abductores, ya no están.

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¿DÓNDE ESTÁN MIS MÚSCULOS?

Si en cualquier momento se nos ocurre mirarnos con atención los brazos o los muslos, es muy posible (si andamos ya por encima de los sesenta) que descubramos con horror que donde había lustrosos bíceps, cuádriceps o abductores, tengamos ahora un decepcionante conjunto de tejido adiposo y piel flácida. De los abdominales o los glúteos, mejor no hablar. ¿Qué ha pasado con nuestra musculatura? Sencillamente que, a partir de los cincuenta años, aparecen los primeros indicios de la sarcopenia. Conozca sus síntomas y cómo limitar sus efectos.

La sarcopenia (carne pobre, en griego clásico) es un fenómeno tristemente habitual, ligado a la vejez, que consiste en la pérdida de masa muscular y que afecta de forma inevitable (aunque en mayor o menor medida, según se prevenga o no el problema) a todas las personas mayores. En otras palabras: con el paso de los años, el cuerpo humano pierde progresivamente tejido muscular, que para más inri se transforma frecuentemente en tejido adiposo, o sea que se puede ser obeso y padecer sarcopenia al mismo tiempo.

Seguro que ya sospechábamos algo así desde tiempo atrás, porque además de pérdida de musculatura la sarcopenia produce también una paralela (y frecuentemente más acusada) pérdida de fuerza. Esta pérdida se suele iniciar a partir de los cincuenta años, con una disminución de la masa muscular de entre un 1 y un 2 % anual, que va asociada a una paralela disminución de la fuerza muscular, que oscila entre el 1,5 % y 3 % anual a partir de los 60 años. Estos porcentajes son más altos en personas sedentarias y dos veces mayores en los hombres que en las mujeres.

El desarrollo muscular en los hombres y mujeres llega a su máximo nivel entre los veinte y los treinta años de edad, que es cuando se alcanza la plenitud física. Normalmente, esa potencia muscular suele permanecer inalterable hasta los 45-50 años; no obstante, la actividad física y las prácticas deportivas pueden producir variaciones, aunque no evitar el proceso: el ejercicio físico intenso ralentizará la sarcopenia, pero no evita la lenta pérdida de masa muscular. A partir de los cincuenta años se inicia el proceso de pérdida, aunque a un ritmo muy distinto (entre un 10 y un 25% cada diez años) según las condiciones de cada persona y las medidas que se tomen para prevenir esta disminución.

Una reducción acusada en la ingesta de proteínas de las personas mayores (normalmente asociada a una pérdida de peso) puede estar así mismo en el origen de la sarcopenia, aunque la pérdida de masa muscular se produce igualmente sin pérdida de peso e, incluso, entre personas obesas. Una dieta alimenticia inadecuada (pobre en calorías) y un sedentarismo acusado constituyen factores de riesgo que incrementan la prevalencia de sarcopenia. En otras palabras, la pérdida de musculatura es un efecto natural e inevitable del envejecimiento, pero que el porcentaje de disminución se sitúe en un nivel medio (en torno al 10% anual a partir de los cincuenta años) o alcance valores muy superiores se debe a factores externos, que pueden y deben ser modificados mediando el ejercicio físico controlado y una nutrición adecuada.

Una de las más graves consecuencias de la sarcopenia severa es, como hemos dicho anteriormente, la pérdida paralela de potencia muscular, lo que coloquialmente se conoce como “no tener fuerza” (para abrir una botella, soportar peso, subir una escalera, levantarse de un asiento bajo, etc.). Según diferentes estudios, alrededor del 7% de las personas mayores (más de 70 años) y del 20% de más de 80, presentan una debilidad funcional derivada de la sarcopenia, lo que significa que estas personas tienen entre 2 y 5 veces más probabilidades de sufrir caídas y deterioro funcional, así como de padecer una discapacidad física y acabar en una situación de dependencia.

Artículo confeccionado con información de The American Journal of Clinical Nutrition y la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología.

 

 

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