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Diabetes. Enfermedad de la civilización

La diabetes tipo 2, que supone alrededor del 90% de los casos de diabetes, se puede considerar una enfermedad de la civilización, puesto que su evolución está asociada con la mejora aparente en las condiciones de vida de los hombres, que ha supuesto cambios en los hábitos de vida a los que, paradójicamente, el metabolismo no siempre se ha adaptado.

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DIABETES. INGERIMOS MAS CALORÍAS DE LAS QUE GASTAMOS

La diabetes es una enfermedad conocida desde hace más de dos mil años, pero hasta el siglo XX no fue completamente comprendida. En aquel momento se entendió que se trataba de dos problemas muy diferentes: el de los niños, la llamada diabetes insulinodependiente, o de tipo 1, caracterizada por la ausencia o una gran falta de insulina, y el de los adultos, la diabetes de tipo 2, caracterizada por la ausencia de respuesta a la insulina.

En estos dos mil años, la vida del hombre ha cambiado mucho. El avance de la tecnología en la agricultura, la ganadería y la industria alimentaria permite, cada día más, la obtención de alimentos con más densidad calórica que en cualquier otro momento de la historia, y en cantidades mucho mayores y a menores precios. A ello hay que añadir las tecnologías del transporte, que han hecho que la gente deje de caminar, y la sustitución del trabajo manual por el de las máquinas. Estas tecnologías han supuesto una reducción notable en la cantidad de energía consumida por las personas en las actividades cotidianas. En suma, la tecnología nos ha dado un exceso de calorías y ha reducido el gasto de energía.

Tenemos que hacer frente a las consecuencias de haber forzado nuestro metabolismo más allá de lo que es capaz de soportar, lo que nos ha llevado al aumento de peso y a la obesidad. Un desequilibrio que se está viendo en el mundo desarrollado desde los años treinta del siglo pasado y ha producido un aumento rápido de la diabetes de tipo 2 en los años 1980 y 1990, y que ya está afectando también a los países en vías de desarrollo.
La buena noticia es que tenemos suficiente arsenal terapéutico para tratar la diabetes y contener sus síntomas, aunque sin curarla, pero al precio de convertirla en crónica. Pero, ¿es sostenible una población (en España se estima que 5 millones de personas pueden tener diabetes) tan grande y durante tantos años sometida a tratamiento?

Probablemente deberíamos hacer algo más. Sabemos cuáles son los factores de riesgo y podríamos y deberíamos educar a la población en hábitos saludables relativos a la alimentación y el ejercicio, con indudables beneficios respecto a la aparición de la enfermedad y a su evolución.

Tenemos que crear formas de que la gente cumpla las recomendaciones con respecto a la dieta, el ejercicio y la medicación casi con el mismo placer con que se sientan en el sofá y comen algo mientras ven la televisión. Sin duda no es fácil, pero es el verdadero reto que tenemos que superar. Pero quizá no todo deba estar en manos de los pacientes. Tal vez también se deberían modificar políticas de impuestos y de subsidios a la agricultura y a la ganadería, de modo que se desincentivaran los productos muy procesados a base de cereales y se incentivara una mayor producción y comercialización de alimentos con menos densidad calórica, que produzcan una mayor saciedad con una cantidad equivalente de calorías.

Habría además que incentivar el desarrollo y la comercialización de tecnologías que saquen a la gente del sofá. ¿Os habéis fijado lo fácil que es encontrar el ascensor o la escalera mecánica en los edificios públicos y lo difícil que es encontrar la escalera? Hay que conseguir que la gente encuentre estímulos suficientes para tener una actividad física, aunque sea de bajo nivel, que se corresponda con las calorías que ingiere. Para ello necesitaremos la concienciación y colaboración de todos.

¿Cuándo empezamos a entender la diabetes?

Artículo confeccionado con información de la Organización Mundial de la Salud

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