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Depresión: otra secuela de la COVID-19

Hay que anticiparse al impacto de la actual pandemia sobre la salud mental de la población.

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Muy probablemente, la COVID-19 acabará pasando una elevada factura en términos de trastornos de ansiedad y, especialmente, depresión. Y debemos estar preparados para ello, porque la depresión es, con su difusa sintomatología, una de las enfermedades más traicioneras de nuestro tiempo.

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Si las personas que experimentan interacciones complejas entre factores sociales, psicológicos y físicos, y las que han sufrido circunstancias vitales adversas (inseguridad, desempleo, ansiedad, temor, luto, etc.) pueden ser más vulnerables frente a la depresión, qué decir de los efectos que sobre la mente puede producir el largo confinamiento social y las profundas alteraciones en nuestra forma de vida que está ocasionando la inacabable alarma producida por la COVID-19.

Como ya sabemos, el Trastorno Depresivo Mayor, es una enfermedad mental grave que se caracteriza por un estado de ánimo bajo y una tristeza persistente, autoestima limitada y sentimientos de culpa. También suele presentarse una marcada pérdida de interés por las actividades habituales, trastornos del sueño y la alimentación, etc. En los casos más graves, es frecuente que aparezca la idea del suicidio e, incluso, intentos de llevarlo a cabo.

Aunque muchos de estos síntomas son fáciles de entender, en los adultos mayores la detección puede dar lugar a errores con facilidad, ya que algunos de ellos (fatiga, insomnio, falta de apetito, etc.) son también frecuentemente parte del proceso de envejecimiento o de algún padecimiento físico. Como resultado de esto, el diagnóstico temprano de la depresión en las personas mayores puede ser complicado, por su facilidad para confundirse con otras afecciones frecuentes.

Si en general la depresión se diagnostica poco, en el caso de los mayores se hace aún menos: el subdiagnóstico puede oscilar entre el  32 y el 50% y el infratratamiento entre el 37 y el 50%. A pesar de la existencia de criterios claros y un consenso sobre su manejo en las personas mayores, el diagnóstico de la depresión no es fácil, dada su habitual presentación atípica y la visión cultural de la vejez como algo triste.

Las experiencias vividas a lo largo del estado de alarma, una situación totalmente anómala que nadie había vivido anteriormente, con experiencias en muchos casos traumáticas y de la que está siendo difícil recuperarse (especialmente para los mayores), constituyen un caldo de cultivo idóneo para fenómenos como la depresión. La identificación rápida de los síntomas en una persona posibilitará una ayuda eficaz, acelerará el retorno al nivel de funcionamiento previo y reducirá mucho sufrimiento innecesario.

Las familias deben prestar mucha atención a familiares mayores que vivan solos y en los que aprecien cambios de comportamiento. Personas que habitualmente presentan un estado de ánimo estable, y de pronto se aíslan, muestran una expresión triste, callada y sin interés en nada, pierden el apetito y duermen mal, son personas de las que debemos empezar a sospechar la aparición de una depresión.

Respecto al Trastorno Depresivo Mayor es muy importante tener siempre claro que, aunque sus síntomas sean más difusos que los de una dolencia como la diabetes o la artritis, constituye una grave enfermedad que necesita ser diagnosticada y tratada y ante la cual no pueden adoptarse planteamientos heróicos o minimizadores.

Los tratamientos farmacológicos suelen curar la depresión en un 70-90% de los pacientes, aunque también puede ser conveniente la ayuda de la psicoterapia, especialmente para tratar los problemas psicológicos (personalidad, familiares, etc.). La depresión puede ser recurrente y resistente al tratamiento presentando mayores posibilidades de cronificación. Una depresión mayor puede tardar en curarse mucho tiempo. Del mismo modo, la persistencia de los síntomas residuales (disminución del placer o el interés y estado de ánimo triste) indica un alto riesgo de recaídas.

Artículo confeccionado con información de la Organización Mundial de la Salud y MedlinePlus (NLM).