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¿Curar la enfermedad o promover la salud?

Cada vez es más amplio el grupo de edad de mayores de 65 años y también cada vez hay más personas longevas. Todo ello gracias a la mejora de las condiciones de vida de las últimas décadas y, muy especialmente, a la evolución de la medicina y de los sistemas sanitarios, que luchan contra la enfermedad y los efectos del envejecimiento. Pero esta lucha consume cada vez más recursos económicos y el número de personas excluidas crece sin parar. El doctor Valentín Fuster, cardiólogo y científico, apuesta por un futuro en el que la respuesta estará en la prevención de la salud.

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PROMOVER LA SALUD, UN FUTURO SOSTENIBLE

Cada vez un mayor número de seres humanos alcanza un elevado grado de longevidad. En 1997 falleció, a la edad de 122 años, la francesa Jeanne Louise Calment, la persona más longeva de la historia científicamente comprobada, que había nacido en 1875, cuando la esperanza de vida estaba situada en 45-50 años. Nadie ha superado su récord hasta ahora, pero el número de centenarios se ha disparado y todo apunta a que va a seguir creciendo.

La esperanza de vida, por su parte, no ha dejado de incrementarse desde mediados del siglo XX (65 años) y hasta la fecha (71 años en 2015). Lógicamente la esperanza de vida depende también de muchos factores sociales y económicos y, por tanto, varía de unas regiones a otras; en Europa se sitúa actualmente en los 78 años frente a los 49 de África.

Según los estudios de la OMS (Organización Mundial de la Salud) sobre el tema, en el siglo XX se produjo una revolución de la longevidad que previsiblemente llevará al grupo de población de más de 60 años, que era de alrededor de 600 millones en todo el mundo en el año 2000, a casi 2.000 millones en el 2050. En el informe de la OMS hecho público el pasado Día Internacional de las Personas de Edad (1 de octubre) se afirma que “Hoy, más personas, incluso en los países más pobres, están viviendo vidas más largas (…) Pero esto no es suficiente. Necesitamos asegurar que estos años adicionales de vida sean saludables, significativos y dignos (…) Debemos prepararnos para los desafíos que este cambio demográfico trae inevitablemente aparejado para nuestras sociedades, para los sistemas de protección social y, en especial, para los servicios de salud”.

El cardiólogo y científico español Valentín Fuster, director del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC), afirma en una entrevista del diario ABC (31/01/2017) que “La vida se está prolongando y, aunque podremos avanzar en nuevos tratamientos, económicamente no vamos a poder soportarlo. Debemos hacer un cambio radical. Durante muchos años hemos trabajado en la ciencia de la enfermedad y ahora debemos trabajar en la ciencia de la salud, con los mismos dispositivos científicos y técnicos. Promover la salud va a ser mucho más económico que tratar la enfermedad”.

En efecto, los seres humanos cada vez somos más longevos, pero al contrario de lo que sucedió a finales del siglo pasado (con una mejoría paralela de la esperanza de vida y el estado de salud), en la actualidad esa longevidad no va siempre acompañada de una buena calidad de vida. Problemas como la obesidad, diabetes, hipertensión arterial, enfermedades cardiovasculares, cáncer, y suicidio amenazan el bienestar de las personas mayores. En este sentido, es fundamental la promoción de la salud, que se basa en la investigación y el conocimiento, especialmente de los factores de riesgo, y en la educación para la salud.

El doctor Fuster pone su esperanza en los niños. “Si se les instruye sobre cómo alimentarse, hacer ejercicio, no fumar… –afirma en la citada entrevista– al cumplir veinte años su salud será una prioridad”. Si en la infancia es básica la educación para la salud, en la etapa de los 25 a 50 años se debe identificar a los jóvenes que están desarrollando problemas cardiovasculares y aún no tienen síntomas, mientras que a partir de los cincuenta hay que prevenir problemas neurodegenerativos, ya que, como afirma el doctor Fuster, el cerebro tiene los mismos factores de riesgo que el corazón: hipertensión, colesterol, diabetes, tabaquismo…, todos actúan sobre los vasos cerebrales y contribuyen a la enfermedad neurodegenerativa.

Conozcamos nuestros factores de riesgo y pongamos remedio a los problemas antes de que aparezcan los síntomas.