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Cuando el cáncer aparece pasados los 65 años

Que aparezca un tumor maligno cuando se han cumplido los 70 no tiene porqué ser una sentencia.

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El espectacular aumento de la esperanza de vida en las últimas décadas, lleva aparejado un mayor riesgo de padecer cáncer. Más del 60% de los nuevos diagnósticos de cáncer se da en personas con más de 65 años (y solo el 4% en menores de 39 años), por lo que claramente el cáncer es una enfermedad asociada al envejecimiento. La buena noticia es que existen hoy en día muchas opciones que permiten agarrarse a la vida.

SALUD

Cuando el cáncer aparece pasados los 65 años

Las cifras son claras. Por ejemplo, según datos del Grupo Español de Hematogeriatría (GEHEG), se estima que en España podría haber cerca de 6.000 pacientes de mieloma múltiple, una enfermedad que representa el 10% de todos los cánceres de la sangre y que afecta especialmente a personas mayores. La edad se convierte así en uno de los factores de riesgo principales para contraer un cáncer.

Quizá en el pasado la edad era un obstáculo, en muchas ocasiones, para tratar el cáncer; sin embargo, ni los mayores de ahora están como los de antes, ni los tratamientos son iguales. Hoy en día en ningún caso se debe excluir a un paciente de tratarse de un cáncer por motivos relacionados con la edad. Sólo se debería dejar de tratar si no se consiguiera ni curar, ni mejoría en la calidad de vida (mejor control de los síntomas, como el dolor, el cansancio, etc.)

En los últimos tiempos han surgido un buen número de tratamientos novedosos que son mejor tolerados que la clásica quimioterapia. Fármacos biológicos, inmunoterapia y tratamientos hormonales constituyen un nuevo arsenal terapéutico, con buena tolerancia y que puede conseguir controlar la enfermedad en muchos casos con demostrada eficacia.

Incluso en el mieloma múltiple, una enfermedad que suele diagnosticarse a edades avanzadas, aunque se hayan cumplido los 70 se ofrece la posibilidad de someterse a trasplante de médula autólogo (con células del propio paciente), un procedimiento que requiere recibir previamente quimioterapia intensiva. Esto se plantea de forma general, si el paciente presenta un buen estado físico.

Obviamente, siempre hay que tener en cuenta las preferencias del paciente que, después de estar bien informado, podrá decidir entre tratarse con quimioterapia o rechazar el tratamiento. De quienes deciden tratarse, en muchos casos el objetivo principal es la supervivencia, aunque también el alivio de los síntomas.

La clave en la atención al paciente mayor reside en determinar su perfil de fragilidad antes de instaurar un tratamiento. Es decir, el geriatra debe estimar su esperanza de vida y su estado general de salud, para que el oncólogo pueda establecer la idoneidad del tratamiento.

Las unidades de oncogeriatría son vitales para seleccionar adecuadamente al paciente, aunque esta especialidad todavía solo existe en unos pocos centros sanitarios. La valoración geriátrica incluye distintos aspectos del paciente: exploración física, pruebas de laboratorio, situación cognitiva, comorbilidad o enfermedades asociadas, polimedicación, etc. Y en función de toda esa información se clasifica al paciente en tres categorías: robusto, frágil y paciente con incapacidad.

Según estimaciones del Instituto Nacional de Estadística, dentro de 10 años España tendrá más de 11 millones de personas mayores; es decir, la población conjunta de Andalucía, Castilla y León, y Cantabria. Una población que no va a parar de crecer y que necesitará tratamientos cada vez más personalizados y la incorporación de unidades de oncogeriatría en la mayoría de los hospitales porque, como muchas otras cosas, el cáncer ya no es lo que era hace 20 años.

Artículo confeccionado con información de el diario El País y la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología.