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¿Artritis? ¿Artrosis?

Las dos son enfermedades de las articulaciones, las dos cursan con inflamación, las dos son dolorosas y pueden complicar la actividad diaria relacionada, principalmente, con el movimiento y el uso de las manos; sin embargo, las dos tienen un origen distinto, síntomas diferentes y tratamientos también diferentes.

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Un día te levantas y te duele la espalda por demás, o se te hincha una rodilla o de repente te parece que se te está doblando un dedo. Piensas si te habrás dado algún golpe, quizá durmiendo, hasta que algún vecino te saca de tus dudas con rotundidad: “Eso es artritis” o “Eso es artrosis”.

Porque con frecuencia se confunden y nombran una por la otra, cuando en realidad son muy diferentes. Quizá lo que las une es el dolor y su, a veces, carácter invalidante. Vamos a intentar aclararlo:

La artrosis es una enfermedad inflamatoria de las articulaciones, muy asociada a la edad, que no se cura y que evoluciona de forma degenerativa. Lo que sucede es que se pierde el cartílago y eso provoca que los huesos se rocen entre sí. Se estima que el 28 por ciento de la población mayor de 60 años sufre artrosis.

La artritis también es crónica y también inflamatoria, pero ataca a la membrana sinovial que cubre toda la articulación. Las hay de muchos tipos: inmunológicas,

postraumáticas, infecciosas o por la acción del ácido úrico y se pueden producir a cualquier edad.

Hay algunas circunstancias comunes a las dos que pueden favorecer su desarrollo: La obesidad, la predisposición genética, el sexo femenino o la menopausia. En el caso de la artrosis, el sobreuso de la articulación por motivos profesionales o deportivos es un factor muy común.
En el caso de la artritis merece mención aparte la de carácter autoinmune, la denominada artritis psoriásica, dónde nuestro propio sistema de defensas ataca erróneamente a nuestras articulaciones. Se presenta en aproximadamente un 10 por ciento de pacientes que padecen psoriasis en la piel. Evoluciona de manera irregular a lo largo de la vida, alternando épocas de inactividad y otras de inflamación y dolor.
El principal síntoma de la artrosis es el dolor articular, que suele intensificarse con el esfuerzo y el movimiento, mientras que mejora con el reposo. También es frecuente la rigidez articular, que se limita a la articulación afectada, aparece tras un período de inactividad y desaparece rápidamente con el ejercicio.
La artritis en cambio suele evolucionar en forma de brotes, durante los cuales las articulaciones afectadas están inflamadas, duelen y presentan dificultad de movimiento, así como cierto grado de rigidez. El dolor suele durar toda la jornada, aunque tiende a intensificarse durante la noche y con el reposo. En cuanto a la rigidez, suele ser generalizada, más intensa al levantarse y suele durar más tiempo.

En cualquier caso, no es ese vecino que siempre lo sabe todo quien debe realizar el diagnóstico y decidir si es una u otra; siempre es importante acudir al médico o al especialista, en este caso el reumatólogo. Para las dos dolencias hay tratamientos específicos, y es importante tratarlas para reducir las molestias y porque, en algunos casos, si no se tratan pueden evolucionar con otras complicaciones.

Artículo confeccionado con información de la Sociedad Española de Reumatología y la web lartrosis.com