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Disfrutar del desayuno

Un desayuno variado no es tan solo fuente de salud y bienestar, también puede y debe ser motivo de alegría y placer para los sentidos. Un desayuno saludable puede estar compuesto de mil y una variantes adaptadas a los gustos y preferencias de cada uno, y ser diferente cada día y para cada persona.

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Después de un montón de años tomando un café bebido y saliendo disparado para el trabajo, ahora resulta que el desayuno es una de las comidas más importantes del día, especialmente para la población mayor, entre otras cosas porque se produce después del período más largo de ayuno (la noche) y porque hay que recargar baterías y llenar los depósitos para enfrentarse con energía al día que queda por delante.

Llegar a la jubilación y empezar a tomarse las cosas de la vida con otro ritmo es también una oportunidad para recuperar el desayuno. Considerada por muchos la comida más importante del día, el desayuno ha de ser en primer lugar, lo más variado posible; es decir, deben estar presentes el mayor número de productos posible de entre los grandes grupos alimentarios: cereales y legumbres, frutas, verduras, derivados animales, y grasas y aceites.

Si somos de esas personas que amanecen inapetentes, nunca debemos suprimir el desayuno; la solución es retrasarlo o realizar alguna actividad ligera mientras el apetito reaparece. En las personas mayores, además, entre las que suele ser frecuente la toma de diversas pastillas, el desayuno es el momento indicado para este menester. En todo caso, se ha de consultar siempre con el médico la forma adecuada de administración de cualquier medicación.

La leche, el yogur y los quesos son un componente fundamental que no debe faltar en los desayunos saludables. El pan y los cereales son básicos en nuestra dieta pero es mejor consumir principalmente aquellos de tipo integral, más ricos en fibra, tan importante para manejar el estreñimiento. Las frutas y los zumos, ricos en agua y sales minerales, vitaminas hidrosolubles como la vitamina C (famosa en las naranjas, pero sin olvidarnos de las fresas, los kiwis, el melón…), y por supuesto fibra, no deben faltar en nuestra alimentación diaria. No olvidar tampoco las frutas desecadas (pasas, ciruelas, dátiles), que concentran nutrientes y aumentan también el aporte de calorías.

Los frutos secos, cacahuetes, piñones, avellanas, almendras, pipas, nueces… Nos dan una gran cantidad de grasa, sobre todo ácidos grasos mono y poliinsaturados, pero no colesterol. Son pues un complemento ideal para aquellos días en los que nuestra actividad vaya a necesitar un aporte “extra” de energía, sin olvidar que son ricos en hierro, calcio, antioxidantes…

Uno de los alimentos más queridos dentro de nuestra dieta mediterránea, tanto en el desayuno como en cualquier comida, es el aceite de oliva, que aporta grandes beneficios frente a otros tipos de grasas. Su uso con moderación ayuda a regular el nivel de colesterol y posee propiedades antioxidantes, gracias fundamentalmente a la presencia de la vitamina E.

Al eliminar el factor prisa para la toma del desayuno, podemos incorporar a éste alimentos como huevos, embutidos, verduras, pescados en salazón, etc.; cualquier elemento saludable y en la cantidad adecuada puede estar indicado para un desayuno completo y satisfactorio, que podemos convertir en una de las comidas más importantes del día, reservando para la cena, por ejemplo, una dieta más ligera.

El desayuno es también un momento ideal para satisfacer la necesidad de hidratación que el cuerpo necesita, especialmente a edades avanzadas. Zumos, frutas, leche, pueden ayudarnos a mantener unos niveles óptimos de hidratación, sin olvidar otras sustancias beneficiosas, como pueden ser el té  o las diversas infusiones de plantas a las que además de aporte de agua añadiríamos sus beneficios específicos para dolencias concretas (manzanilla, poleo-menta, anís, valeriana, tilo y romero, entre otras).

A la hora del desayuno podamos dejar volar la imaginación y combinar nuestros gustos y preferencias con los alimentos más saludables, sin olvidar los beneficios sobre nuestro ánimo y disfrutar de los colores y el olor de esta primera comida del nuevo día. Una forma sencilla de cuidar nuestra salud diariamente, y un pequeño placer al alcance de todos.

Artículo confeccionado con información de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología