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Las penas con pan (blanco) son más

No sólo es uno de los pilares de la dieta mediterránea, sino que apenas tiene grasa, es rico en fibra y saciante. Los expertos aconsejan comer unos 250 gramos de pan al día, y algunos estudios aseguran que quienes lo hacen ganan menos peso con la edad. Otros, sin embargo, como el doctor Miguel Ángel Martínez-González, catedrático de la Universidad de Navarra y uno de los principales investigadores del ensayo Predimed, el más amplio realizado hasta ahora sobre los efectos de la dieta mediterránea, asegura que el pan, especialmente el pan blanco, es una auténtica bomba cuando ya se tiene sobrepeso.

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EL PAN Y LA DIETA MEDITERRÁNEA

El pan está de moda en España. Es cierto que se consume poco (37,41 kilos por persona y año frente a los 58,6 kilos de media en la Unión Europea), aunque en los últimos tiempos, después de largos años de descenso continuado, el consumo ha experimentado un ligero repunte. También se han multiplicado las panaderías artesanas, que producen y venden multitud de panes exóticos, aunque previamente desaparecieron, ya hace años, miles de pequeños despachos de pan, que ha pasado a venderse mayoritariamente en los supermercados. Los modernos y los hipster han redescubierto la masa madre y la han lanzado como si fuese el último grito gastronómico, recuperando la forma tradicional en que el pan se ha fabricado desde hace siglos.

Existe una intensa campaña a favor del consumo de pan, con estudios y comentarios alabando las virtudes de este alimento que, sin la menor duda, es fuente de vitaminas B (tiamina, niacina) y minerales (fósforo, hierro, cobre y cromo), así como rico en manganeso y selenio. En contra de lo que se decía hace años, ahora se afirma que una dieta rica en pan blanco o integral (aunque mejor este último) se asocia a un menor índice de masa corporal, una menor circunferencia de cintura y un menor riesgo de incremento de peso a lo largo del tiempo.

Sin embargo, en una entrevista publicada en el diario El País (20 de febrero de 2017), el doctor Miguel Ángel Martínez-González, catedrático de Salud Pública de la Universidad de Navarra, catedrático visitante de Harvard, y uno de los cerebros del ensayo Predimed, afirma que “el pan blanco es uno de los problemas más graves que tenemos en España. La gran mayoría lo consume y, además, se hincha. Conviene saber que (el pan) es fundamentalmente un almidón, y nuestro cuerpo es supereficiente transformando el almidón en azúcar. Es como tomar glucosa. Basta con poner un poco de miga en la boca, enseguida sabe dulce. (…) Le estamos dando a la gente, con el pan blanco, un combustible de rápida absorción. Y eso, especialmente cuando ya se tiene sobrepeso, cierta resistencia a la insulina, es una bomba. Habría que consumir menos y, preferiblemente, integral”.

El pan es una fuente fundamental de hidratos de carbono. Su componente más importante es el almidón, un polisacárido de glucosa presente en el grano del trigo. Algunos especialistas insisten en que los hidratos de carbono son esenciales para la vida y que es un error que los diabéticos y las personas que están a régimen eliminen el pan de su dieta. Lo aconsejable en este caso sería que estas personas consumieran pan integral, que tiene menor índice glicémico (capacidad de un alimento para elevar la cantidad de glucosa en sangre). El pan integral contiene aproximadamente las mismas cantidades de kilocalorías, proteínas y grasas que el pan blanco, pero posee más vitaminas y más fibra (8 gramos, frente a los 3 gramos del blanco.

Respecto a la dieta mediterránea, el doctor Martínez-González asegura que muchas personas afirman seguirla, pero lo cierto es que en España hemos incorporado masivamente la dieta americana, sobre todo las generaciones jóvenes. El científico y experto en salud pública afirma que “la evidencia científica indica que, a medida que se aumenta el porcentaje de proteínas vegetales sobre las animales, se reduce brutalmente la mortalidad cardiovascular y por cáncer. La dieta mediterránea, sobre todo el consumo de aceite de oliva virgen extra, frutos secos, frutas, verduras y legumbres, es la mejor opción. Después, mejor comer pescado que carne y, ésta, preferentemente de ave o conejo. También conviene reducir el consumo de azúcar y sal, y llevar una vida menos sedentaria. Usar más las escaleras y menos el ascensor”.

De acuerdo con los resultados del ensayo Predimed, basados en el seguimiento de una muestra de 7.500 participantes, reclutados en toda España durante una década, la dieta mediterránea reduce en un 66% los problemas circulatorios, en un 30% los infartos e ictus y en un 68% el riesgo de cáncer de mama. Y lo más seguro de todo: en caso de duda, lo mejor lentejas.

Artículo confeccionado con información de Predimed (Prevención con Dieta Mediterránea) y Diario El País.

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