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La nutrición, defensa del sistema inmunológico

La inmunonutrición estudia la relación entre los nutrientes y el sistema inmunitario de nuestro cuerpo.

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El sistema inmunológico o inmunitario es la defensa natural del cuerpo contra las infecciones, como las bacterias y los virus. La nutrición repercute directamente sobre el funcionamiento del sistema inmunitario, del cual puede depender nuestra supervivencia, como se ha visto en la pandemia provocada por la COVID19.

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La nutrición, defensa del sistema inmunológico

La inmunonutrición es una rama de la nutrición, una materia interdisciplinar que abarca distintos aspectos relacionados con la nutrición y la inmunidad. El sistema inmunológico puede verse influido por el consumo de las vitaminas y minerales necesarios, lo que implicaría que una mala alimentación pueda suponer un mayor riesgo de un peor funcionamiento del sistema inmunitario. Cualquier trastorno nutricional, que pueda generar un déficit de nutrientes esenciales, acentúa la inmunodeficiencia, un proceso que se observa en ocasiones en adultos mayores.

Según el artículo Inmunonutrición en el adulto mayor, la ingesta disminuye en una cuarta parte entre los 60 y 90 años, por lo que es necesario controlar adecuadamente el equilibrio nutricional. Una persona de aproximadamente 75 años debe consumir diariamente entre 1.600 y 2.400 calorías, dependiendo de su nivel de actividad física, además del suministro de proteínas de primera clase, minerales y vitaminas adecuados. Las alteraciones en la nutrición de estas personas pueden provocar la aparición de procesos tumorales, enfermedades alérgicas, infecciones severas y enfermedades autoinmunes. Estudios realizados en diferentes países  indican que un gran porcentaje de la población anciana ingiere menos del 75 por 100 de las cantidades de nutrientes recomendadas por la Organización Mundial de la Salud y un tercio de las personas mayores de 65 años presentan algún déficit nutricional.

Este déficit nutricional se concreta especialmente en la disminución en la ingesta de agentes antioxidantes (vitaminas E y C) y oligoelementos (zinc, selenio, hierro, oligosacáridos fermentados, etc.). La malnutrición (tanto por exceso como por defecto), así como las alteraciones en el sistema inmunitario, pueden afectar a la resistencia a agentes infecciosos y a la respuesta inmune, aumentando el riesgo de infección. Como es lógico, una nutrición adecuada no puede prevenir por sí sola la infección de un patógeno (virus o bacteria) o una enfermedad autoinmune, pero sí hacer más efectiva la respuesta de nuestro organismo y disminuir el tiempo de recuperación. Las deficiencias nutricionales derivadas de una dieta incorrecta de adelgazamiento también tienen una repercusión sobre la efectividad del sistema inmunológico.

El objetivo principal de la inmunonutrición es mejorar la respuesta del sistema inmunitario a través de una nutrición equilibrada en energía, nutrientes y compuestos bioactivos, adaptada a cada persona y situación. Además de la dieta, existen otros factores que se tienen en cuenta en el tratamiento inmunonutricional: edad (la eficacia del sistema inmunitario disminuye al envejecer), sexo, genética, índice de masa corporal, la historia dietética y los hábitos alimenticios, la actividad física, las enfermedades crónicas e infecciosas, historial de infecciones y vacunas, el estrés, la toma de medicamentos, etc.

De la misma manera que el calcio es el elemento fundamental para el sistema óseo, la inmunonutrición necesita tres nutrientes claves: vitamina C, vitamina D y zinc. La vitamina C protege la piel y las mucosas, para dificultar la penetración de los patógenos. La vitamina D es vital para el sistema inmunitario ya que estimula la inmunidad innata y, paralelamente, disminuye la inmunidad adquirida cuando hay un proceso autoinmunitario. Por último, el zinc es el microelemento más comprometido con la inmunidad; concretamente, una de cada diez proteínas de nuestro cuerpo no funcionaría si no estuviera controlada por el zinc. Además de estos tres elementos básicos, la inmunonutrición incluye también otros nutrientes esenciales, como las vitaminas E y A, los ácidos omega 3, las bacterias probióticas, etc.

Por todo ello, para los adultos mayores es aconsejable incrementar la ingesta de estos micronutrientes a través de suplementos, en particular: zinc (30 mg – 220 mg/día), vitamina E (134 mg – 800 mg/día), vitamina C (200 mg – 2 g/día) y, para aquellos que presentan niveles bajos, vitamina D (10 microgramos – 100 microgramos/día), según recomendaciones del Comité Científico de la Sociedad Internacional de Inmunonutrición. Aquí conviene recordar que esta vitamina no solo se consigue a través de la nutrición, sino que la exposición directa de la piel al sol es fundamental para obtenerla. En estudios recientes se ha observado que estos micronutrientes son capaces de mejorar la inmunidad específica, precisamente la encargada de generar más anticuerpos. Aunque, como siempre, nunca debemos ingerir estos suplementos nutricionales sin haber consultado previamente a nuestro médico.

Artículo confeccionado con información de la Sociedad Internacional de Inmunonutrición y la Scientific Electronic Library Online (SciELO)