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Comida congelada: cómoda, sana y barata

Nutricionalmente hablando, solo los alimentos frescos recién comprados pueden compararse a los congelados.

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Después de varios días en el refrigerador, las frutas y verduras frescas pierden buena parte de sus valores nutricionales (vitaminas A y C, ácido fólico, betacaroteno, etc.), mientras que las congeladas permanecen inalterables.

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Comida congelada: cómoda, sana y barata

Cuando un alimento se congela las reacciones enzimáticas se hacen más lentas y tarda más en degradarse; en consecuencia, uno o dos meses más tarde todavía conserva plenamente todos sus valores nutritivos. Por el contrario, en los alimentos frescos, simplemente refrigerados, la oxidación no se detiene y tampoco la acción de las enzimas. Ese proceso degrada el producto, hace que su valor nutricional disminuya y, finalmente, lo deteriora por completo.

El consumo de productos congelados en España ha estado creciendo de forma continuada en los últimos años, con un incremento anual sostenido del orden del 3,5 por 100 (datos de 2018). Según un estudio realizado por una cadena de supermercados, el 47% de los españoles (especialmente personas jóvenes y parejas con hijos pequeños) consume habitualmente alimentos congelados, entre otros motivos por la rapidez y comodidad en su preparación, pero también por considerarlos más saludables y por el precio más reducido frente a los productos frescos. Por categorías, los productos más demandados son los pescados y mariscos, que copan casi la mitad del mercado de congelados, seguido de los platos preparados (22%) y los vegetales y productos cárnicos en último lugar.

Esta tendencia se incrementó notablemente durante los periodos de limitación de la movilidad por la Covid19, con un crecimiento del 39% durante el confinamiento de 2020. En este tiempo muchas personas se han liberado de los prejuicios respecto a los congelados y han descubierto sus numerosas ventajas, entre ellas (y no es la menor en estos tiempos de crisis y sobresaltos pandémicos) la posibilidad de reducir drásticamente las visitas al súper para hacer la compra.

Los productos congelados ofrecen la posibilidad de disponer en cualquier momento de una amplia y variada gama de alimentos, sean o no de temporada, para elaborar recetas con alto valor nutricional para todo tipo de dietas. Estos alimentos aseguran su valor nutricional gracias a la técnica de la ultracongelación, un proceso industrial que congela a alta velocidad y a más de -40º, lo que permite que no se generen cristales de hielo y se mantenga el valor nutricional de los alimentos. Posteriormente, el producto se estabiliza hasta alcanzar los -18/20ºC, temperatura que conservan tanto en tienda como en casa de los consumidores. También se trata de productos totalmente transparentes para el consumidor, ya que le informan sobre el origen, envasado, valor nutritivo, fecha de caducidad, conservación y preparación.

Muchas personas siguen creyendo que el consumo de productos frescos resulta mucho más recomendable y saludable que la ingesta de los mismos alimentos congelados, pero esto no es cierto. Las frutas y verduras que se van a congelar suelen recolectarse cuando ya están maduras, lo que garantiza que han alcanzado la densidad de nutrientes óptima; igual sucede con el pescado, que se congela recién sacado del agua (es decir, absolutamente fresco). Al someterlos a una congelación intensa, que paraliza el proceso de deterioro, se consigue preservar durante más tiempo los valores nutricionales.

No obstante, hay que tener en cuenta que, en ocasiones, el uso de conservantes y otros aditivos en los productos congelados puede desnaturalizar vitaminas solubles en agua, como las C y B. El frío intenso del congelador también puede provocar que algunos antioxidantes pierdan eficacia y que los alimentos tengan menos sabor que los productos frescos preparados en casa, sobre todo si se consumen recién comprados. Del mismo modo, algunas propiedades organolépticas de los alimentos (sabor y textura) pueden verse afectadas por la congelación intensa.

Todo lo anterior es cierto en el caso de productos crudos congelados, pero no se puede decir lo mismo cuando se trata de alimentos procesados, que se cocinan con procedimientos industriales que suelen contener más grasa de la aconsejable y que requieren mayor cantidad de aditivos y conservantes artificiales. Por ello, mientras que las verduras y pescados congelados son compatibles con una dieta saludable, no ocurre lo mismo con buena parte de los productos que se venden ya elaborados, por lo que en este caso hay que valorar si sus innegables ventajas (rapidez de disponibilidad y elaboración, y menor precio) compensan los posibles inconvenientes dietéticos.