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Y si no es ahora, ¿cuándo?

El mejor momento para iniciar algo nuevo es el presente

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Preparados, listos, ¡YA¡ Guerra sin cuartel a la procrastinación. Cumplidos los sesenta y cinco o los setenta, pocas son las cosas que podemos posponer hasta  mañana. Ahora es el momento para hacer eso que siempre hemos dejado para luego.

MENTE ACTIVA

Y si no es ahora, ¿cuándo?

La tercera edad, ese periodo de la vida que hace unos años parecía no existir y en la actualidad es cada vez más largo, no es el momento más adecuado para iniciar algunas cosas, por ejemplo la carrera de ciencias exactas o los estudios de piano en el conservatorio (sobre todo si la artritis ya nos toca la punta de los dedos). Pero hay miles de actividades, aficiones, estudios, etc., que siempre quisimos hacer (aunque fuera de una manera difusa) y a los que todavía podemos dedicarnos.

“Y si no es ahora, ¿cuándo?” es una popular frase de los manuales de autoayuda, cuya lectura o mera posesión podría considerarse como otra forma de perder el tiempo, aunque siempre desde el respeto absoluto a los aficionados a estas lecturas ejemplares. Sin ir más lejos, el sociólogo argentino Marcelo Rittner tiene un libro con ese mismo título en el que insta a sus lectores “a tener una vida que refleje la santidad del tiempo y un tiempo que refleje la santidad de la vida”. Para dejar claro que “cada día cuenta”, el autor incluye reflexiones, pensamientos, historias reales, ideas y sentimientos que deben ayudar a dar un sentido y un propósito a la vida.

En estas breves líneas de Más Que Abuelos no se pretende volar tan alto; tan sólo queremos clarificar de una vez por todas la vieja pregunta: “Y si no es ahora, ¿cuándo?”, cuya respuesta es, claramente, nunca. Hay que asumir que en este momento de la vida, en esta tercera edad, lo que dejemos para mañana ya es posible que no podamos hacerlo. Ahora o nunca, eso hay que tenerlo claro.

Por ello, en este momento es cuando hay que ser sinceros y saber si verdaderamente nos interesa el coleccionismo de sellos, los bailes latinos, el origami, la fotografía, el idioma portugués, el mus o el periodo histórico de la regencia de María Cristina. Hay que distinguir si realmente nos gusta el montañismo, con todo el esfuerzo, riesgo y fatiga que conlleva ese deporte, o si solamente nos complace la idea de pensarnos a nosotros mismos haciéndonos un selfie en la cumbre de un ocho mil. Si es el primer caso, posiblemente nunca subiremos al Annapurna empezando a los sesenta y cinco años (aunque se dan casos), pero seguro que todavía podremos vivir jornadas intensas en La Pedriza madrileña o similar; si sólo es el segundo, mejor ni intentarlo.

Son muchas las cosas que pueden hacerse tras la jubilación, a condición de que realmente apetezcan. La sociedad en la que vivimos ofrece acceso a casi cualquier cosa, sea actividad, afición, hobby, aprendizaje, ocio, etc. Hasta quienes quieran convertirse en hortelanos a la vejez, pueden alquilar un terreno rustico por un módico precio y cultivar sus propios calabacines. Sólo hay que decidir lo que se quiere hacer y ponerse a ello luchando contra la procrastinación, ese trastorno (que en sus casos extremos puede implicar hasta un problema de salud) que nos impele a dejar las cosas para luego y que antiguamente llamábamos vagancia o pereza.

El tiempo perdido ya no se va a recuperar, pero todavía estamos a tiempo de llenar de contenido, vida y entretenimiento el tiempo que queda. Los días vacíos transcurren con mayor rapidez,  y el tiempo y la vida se escurren entre los dedos. Sí, ahora es el cuándo; desempolve su viejo sueño y cúmplalo.

 

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