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¿Y por qué no hacemos un blog?

Muchas personas piensan que abuelo y bloguero son dos términos autoexcluyentes, como si sólo los más jóvenes pudieran viajar por la blogsfera. Nada más equivocado: el blog es una actividad fácil y apacible, muy adecuada para los mayores con inquietudes.

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Youtuber, bloguero, influencer, instagramer… son apelativos que nos suenan a personas jóvenes que han nacido con un teléfono inteligente en las manos o echaron los primeros dientes con las andanzas de Mario Bross. Pero las cosas no son tan simples; YouTube está plagado de vídeos en los que ancianos sentenciosos cuentan sus vivencias, mientras que venerables octogenarias bombardean diariamente a sus allegados a través de Whatsapp con vídeos de recetas y trucos caseros, imágenes de gatitos y power point de bellos paisajes adornados con textos de Paulo Coelho. Los llamados blogs o bitácoras no son una excepción.

Para hacer un blog sólo se necesita un ordenador portátil o una tablet y una conexión a Internet. Con la aplicación Blogger de Google se puede tener el blog gratuito hecho en una mañana y empezar inmediatamente a llenarlo con nuestros contenidos preferidos, textos o imágenes (fotos, vídeos, ilustraciones, animaciones). Podemos hacer un blog de poesía, de cine, de jardinería o de cocina, de viajes o de arte, de lugares bonitos o de recuerdos de la infancia; podemos recoger nuestros pensamientos y nuestras ideas, nuestras aficiones y nuestras fobias, así como incluir enlaces a las páginas web que nos interesan… En definitiva, cualquier contenido que se nos ocurra y que queramos exponer y compartir con los demás.

La palabra blog es la abreviatura del término web-log, que en español se puede traducir como “registro web”. El sentido básico del blog es el de una bitácora o diario digital, donde se va publicando contenido de forma cronológica (siempre aparece primero el último contenido publicado). La principal ventaja del blog es que no se necesitan conocimientos informáticos ni para crearlo ni para mantenerlo. También es posible permitir los comentarios de los lectores a cada entrada o post (así se llama cada una de las piezas que ponemos en el blog), lo que hace posible crear un grupo de seguidores en torno al autor o autores (en un mismo blog pueden crear contenidos varias personas diferentes, si así se desea).

De hecho, los blogs empezaron como espacios virtuales de personas que querían compartir sus experiencias u opiniones; por ese motivo y por el carácter periódico de las entradas que se publican, se consideran como una evolución de los típicos diarios personales o íntimos, con la gran diferencia de que, en el caso de los blogs, el contenido es público.

Para crear un blog sólo hay que acceder a alguna de las muchas plataformas con las que se puede crear un blog gratis, por ejemplo WordPress o Blogger. Una vez en la página web seleccionada se elige la opción crear blog nuevo; elegimos un nombre para el blog y una dirección de Internet. Después seleccionamos la plantilla que nos guste más y configuramos las distintas opciones que la aplicación ofrece (título, cabecera, bloque de texto, imágenes, comentarios, etiquetas, etc.). Acabamos con la opción “crear blog” (siempre es posible modificar la estructura o la plantilla a posteriori) y empezamos a colgar contenidos.

Es aconsejable utilizar títulos cortos y llamativos para cada post, no extendernos mucho en los textos (lo recomendable es una media de mil palabras) y no abusar de las imágenes. También es importante mantener una cierta continuidad en la publicación de post (uno al día o cada dos/tres días es lo ideal), hacer un seguimiento de los comentarios, para fomentar el debate, y publicitar el blog en las redes sociales en que participemos para lograr más visitas.