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Vuelve la magia de Alfred Hitchcock

Se repone en cines la película Con la muerte en los talones, uno de los mejores ejemplos del talento insuperable de Hitchcock.

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De PODZO DI BORGO - Trabajo propio, CC BY-SA 4.0,

A los 40 años de la muerte del cineasta inglés (abril de 1980) vuelve a los cines una de sus obras mayores, estrenada en 1959, que mantiene el mismo humor, idéntica tensión y análoga magia que hace 60 años. Si es posible, no hay que perderse esta nueva copia, remasterizada en 4 K, ideal para ver en una pantalla grande y una sala oscura. Esto es cine.

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Vuelve la magia de Alfred Hitchcock

El célebre actor Cary Grant, que tenía 55 años cuando protagonizó Con la muerte en los talones, nunca estuvo mejor. Las gafas de sol que lucía en varias escenas de la película se venden actualmente, comercializadas por alguna marca de lujo, por una poco módica cantidad de euros. Pero nadie garantiza al comprador que después vaya a compartir cabina de tren con Eva Marie Saint, quizá la rubia hitchcockniana más fascinante del cine.

Con la muerte en los talones es puro Hitchcock; en ella nada es lo que parece. Ni el invisible y enigmático señor Kaplan a quien todos buscan en vano y confunden con el apacible Cary Grant, ni la rubia poliédrica que lo mismo besa apasionadamente que dispara a bocajarro, ni los elegantes villanos (Mason y Landau, una pareja realmente equívoca), ni siquiera el título original, que ya encierra un engaño. North by Northwest, título en inglés, hace referencia a un punto de la rosa de los vientos situado entre el Noroeste y el Norte que se conoce como “Noroeste cuarta al Norte”, en inglés “Northwest by North” (el título de la película al revés). En otras palabras, el título hace referencia a un rumbo que no existe, y eso es la película: un viaje errático y confuso de un hombre normal y corriente en permanente huida de acontecimientos que le superan.

Considerada como una de las mejores películas de la historia del cine, quizá no tenga tanta popularidad como otros filmes de Hitchcock, como Psicosis, Vértigo o algunos otros, pero sin duda es el mejor exponente del ritmo incansable y el humor irónico que el maestro sabía imprimir a sus trabajos. Aquí, toda la historia gira en torno a unos importantes secretos que los villanos tratan de robar y sacar del país, pero únicamente al final y de forma superficial se entera de ello el espectador, porque durante las dos horas de metraje sólo interesan las apuradas aventuras de Grant y si llegará indemne a la siguiente escena; en definitiva, el célebre “MacGuffin” hichtcockniano en estado puro. Nota: el “MacGuffin” es un recurso narrativo poco relevante que permite que la historia avance y que a los personajes les pasen cosas.

Con este filme, Hitchcock logró un artefacto cinematográfico que es entretenimiento en estado puro; luego, los críticos franceses descubrieron que aquí también había arte del grande, pero esa es otra historia. En un momento como el actual, en el que los éxitos de taquilla del cine se apoyan a menudo en inverosímiles escenas de acción cargadas de efectos digitales, esta obra de Hitchcock ofrece siete minutos de cine de acción (el ataque de la avioneta fumigadora en pleno desierto) que sin trampa ni cartón (sólo el abrupto final incluye una maqueta), constituye una de las secuencias más emocionantes del cine, muy lejos de las galaxias, hobbits y superhéroes que a menudo pueblan el cine actual.

Con la muerte en los talones es también un buen exponente de lo que siempre fue uno de los pilares de la magia del cine: el atractivo y el carisma de los actores. Aunque la productora prefería a Gregory Peck, la historia demuestra que nadie mejor que Cary Grant para encarnar a ese elegante e irónico publicista de la city que inopinadamente se ve envuelto en una frenética carrera en la que se suceden persecuciones, calamidades y sorprendentes giros de guión. Al final, la recompensa por tanto esfuerzo, tantos peligros y tanta energía será el heroico triunfo sobre los villanos y el amor de la fascinante Eva Marie Saint, otra inigualable presencia cinematográfica. Pasen y vean, señoras y señores, esto es el cine.

Reseña Panorama
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