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Viajar: ¿quién dijo miedo?

Viajar es una de las actividades más placenteras para los seres humanos de todas las edades desde tiempo inmemorial. Pero determinadas enfermedades pueden crear un temor a los viajes, por un exceso de dependencia respecto a los tratamientos o los centros hospitalarios.

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Las personas mayores no son ninguna excepción a la creciente afición a los viajes, sino que constituyen uno de los segmentos de edad más proclive a coger la maleta y salir corriendo a cualquier sitio en cuanto surge la menor oportunidad. Buena parte de las ofertas turísticas está dedicada a la tercera edad, no sólo en iniciativas institucionales (como las vacaciones del Imserso o las ofertas de las distintas comunidades autónomas) sino en el creciente número de programas expresamente diseñados para mayores que ofrece la industria turística.

Curiosamente, muchas personas han empezado a viajar con mayor frecuencia en la vejez, cuando han dejado atrás la actividad laboral o las exigencias de la vida familiar. Por otra parte, las personas mayores suelen tener la salud más controlada y, si se ajustan a sus tratamientos y toman unas precauciones mínimas, suelen tener muy pocos problemas médicos en sus desplazamientos, incluso menos que personas de otros segmentos de edad. Igualmente sucede con las lesiones, ya que en general los mayores se arriesgan menos, por lo que sufren menos accidentes.

No obstante, es frecuente que determinadas enfermedades (por ejemplo de carácter hematológico) produzcan en los pacientes una sensación de inseguridad y originan un temor a separarse de sus centros hospitalarios. Por ello, en muchos casos puede suceder que estas personas dejen de realizar actividades que impliquen un alejamiento de los entornos en los que se sienten seguras y, por supuesto, no se arriesguen a realizar viajes, lo que origina un creciente aislamiento.

Sin embargo, con la necesaria vigilancia de sus médicos y salvo la opinión contraria de los especialistas, son pocas las enfermedades crónicas que impiden realizar una actividad viajera razonable. En la actualidad, los servicios turísticos en casi todo el mundo (más, por supuesto, en nuestro propio país) ofrecen la cobertura de seguridad y el acceso inmediato a los servicios sanitarios en cualquier momento. Por otra parte, si se toman unas precauciones mínimas no debería haber problemas.

Una de las principales cuestiones a la hora de preparar el viaje, tanto si es corto como largo, cerca o lejos, en España o al extranjero, es disponer de la documentación sanitaria precisa respecto a los tratamientos que se estén siguiendo. La mayor parte de las personas mayores se medican diariamente de forma habitual; si se sigue un tratamiento crónico o de larga duración hay que estar seguros de llevar  la cantidad suficiente de medicación para los días previstos del viaje (en el caso de viajar en avión, las medicinas se pondrán en el equipaje de mano en cabina). Si se viaja a otros países es conveniente llevar un informe del médico habitual, traducido como mínimo al inglés, en el que se especifique la necesidad del tratamiento. También es conveniente llevar el teléfono de contacto del médico o del centro sanitario.

Además, es esencial recordar que se deben llevar consigo los siguientes elementos: tarjeta sanitaria para ser atendidos en cualquier centro de urgencias del sistema público dentro del territorio español; tarjeta sanitaria europea, en el caso de viajar por la Unión Europea. Esta tarjeta se solicita en las oficinas de información de la Seguridad Social y tiene una validez de dos años. Para los viajes fuera de España y, sobre todo, fuera de Europa es interesante suscribir una póliza de seguros de viaje; podemos informarnos en la propia agencia de viaje.

Por otra parte, además de la medicación habitual, es recomendable llevar un pequeño botiquín de emergencia para imprevistos. Este botiquín variará en función del destino, pero en general deberá incluir aquellos medicamentos generales que usemos en algún momento (analgésicos, antiinflamatorios, anti diarreicos, medicación para el mareo, antihistamínicos, tiritas, etc.). Especial atención hay que dedicar a las vacunas que pudieran ser necesarias en función de nuestro destino turístico; los Centros de Vacunación Internacionales del Ministerio de Sanidad informan sobre estas medidas profilácticas.

Para los mayores puede ser más complicado romper con la rutina, y los cambios en el ritmo de vida, en el horario o en la gastronomía suelen causar malestar. Pero los beneficios y las satisfacciones del viaje compensan con creces estos inconvenientes. Solamente hay que tener en cuenta que si planificar un viaje con antelación es básico a cualquier edad, a medida que nos hacemos mayores es fundamental controlar todos los detalles y aspectos, muy especialmente los referidos a la salud. Si viajamos seguros, podremos viajar lejos…y felices.

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