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¿Qué tienen las series de televisión, que todos hablan de ellas?

¿No has visto esa serie, o aquella otra? Las series de TV están presentes en todas las conversaciones. ¿Hay razones o es una moda reciente?

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La televisión inició su desarrollo en los años 50 del siglo pasado y en apenas unas décadas se convirtió en el medio de información y entretenimiento preferido en todo el mundo. También entonces nacieron las series televisivas, que 70 años después constituyen uno de los principales referentes culturales mundiales.

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¿Qué tienen las series de televisión, que todos hablan de ellas?

Una serie de televisión es básicamente una obra de ficción audiovisual, que se difunde por televisión en entregas periódicas (episodios), que mantienen entre sí una cierta continuidad temporal y argumental.

Desde las viejas y acartonadas series televisivas en blanco y negro (ejemplo pionero fueron I Love, Lucy, de1951, o Bonanza, de 1959), que ya solo recuerdan los muy mayores, cada década y cada generación de personas ha visto y se ha dejado seducir por distintas series televisivas, que han evolucionado en recursos, narrativa y contenido a lo largo del tiempo, hasta devenir el pan nuestro de cada día del entretenimiento y verdaderos fenómenos globales, como la reciente Juego de tronos.

En el desarrollo vertiginoso de las series, además de la revolución tecnológica que ha simplificado y abaratado los medios de producción (lo que ha permitido, por ejemplo, que durante el confinamiento por la Covid-19 se hayan grabado numerosas series sin salir del domicilio de sus creadores) han influido diversos factores, entre ellos las nuevas tecnologías de TV digital (como el streaming, que permite visionar un producto audiovisual sin necesidad de un soporte físico en nuestro dispositivo), la multiplicación de la oferta como consecuencia de la aparición de numerosos canales y plataformas digitales, y la progresiva decadencia del cine tradicional.

Otro factor básico, aunque difícilmente objetivable, es que las series de TV han atraído a numerosos creadores capaces de aportar al género nuevos lenguajes y nuevas historias, mucho más originales, cercanas y con capacidad para atraer a todo tipo de espectadores. En la actualidad, ante una oferta tan ingente, es posible afirmar que hay series para todos los gustos.

Desde largos culebrones, como la citada Juego de tronos, que combina fantasía medieval, drama, violencia, sexo y alta política a lo largo de 8 temporadas y 73 episodios de una hora, en una prolija historia en la que es fácil perderse si se pierde el hilo, hasta clásicos mamotretos de procedimiento judicial y policial como Ley y Orden (456 episodios autoconclusivos y 20 temporadas) y sus diversas e inacabables secuelas. Pasando por ágiles comedias de situación, miniseries y productos radicales, que constituyen una oferta realmente inabarcable. Desde los tiempos heroicos de Alfred Hitchcock presenta, la creatividad se ha instalado en el mundo de las series, que está viviendo una auténtica edad de oro, con títulos que no tienen nada que envidiar a los más célebres filmes de la historia.

La oferta actual es apabullante. Por una parte, las cadenas en abierto de la TDT (Televisión Digital Terrestre) donde destacan por su buena factura las nuevas series producidas por Televisión Española, AtresMedia (Antena 3 y La Sexta) o Mediaset (TeleCinco y Cuatro). Otros canales de la TDT (como Nova, Neox, Factoria de Series, etc.) se dedican a la difusión en bucle de series populares, que se ofrecen de forma repetitiva, algo que también sucede en diversos canales de las plataformas de pago (como Fox, AXN, AMC, Calle 13, etc.). Las alternativas más valoradas para ver series de calidad se encuentran en las grandes plataformas de pago, como Netflix, HBO, PrimeVideo (Amazon) o la española Filmin, con precios que oscilan entre 7 y 11 euros al mes y disponibilidad de visión en cualquier dispositivo, desde el móvil a la tele. Todas ellas, además, ofrecen también un amplio catálogo de películas.

El mundo de las series de televisión ha traído además un peculiar fenómeno de nuestros días, el seriéfilo, un personaje, generalmente paliza, que ha visto todas las series, tiene opinión inteligente sobre todas ellas y está dispuesto a convencernos de que Perdidos constituye la cima más alta de la cultura occidental, es imposible vivir sin haber visto Breaking Bad o que el final de Los Soprano es un crimen contra la humanidad. Las series de televisión, como el buen vino, hay que degustarlas y apreciarlas, aunque a veces tampoco debemos rechazar un rico tinto de verano, fresquito y peleón.

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