Inicio Mente Activa ¿Podemos camb...

¿Podemos cambiar nuestra edad?

¿Cuántos años tenemos? ¿Los que dice el DNI o los que realmente sentimos?

Compartir
Emile Ratelband. Licencia Creative Commons. Atribución DWDD.

En el año 2018 el empresario holandés Emile Ratelband, con una edad cronológica de 69 años, una edad biológica de 45 años y una edad auto percibida de 49 años, pidió en los tribunales que se le cambiara la fecha en que vino al mundo, modificando su partida de nacimiento para que refleje la vitalidad que asegura poseer. Los jueces fallaron en su contra alegando que “la edad implica una serie de responsabilidades y derechos que deben ajustarse a la realidad”. Por su parte Emile, manifestó sentirse discriminado por razón de su edad, comparando su caso con el de los transexuales que no sienten el sexo que administrativamente les corresponde y que sí pueden llegar a cambiarlo. Quizá este caso nos deba hacer reflexionar sobre la importancia de la edad auto percibida y los límites que la sociedad impone en base a la edad administrativa.

PÁGINA MENTE ACTIVA

¿Podemos cambiar nuestra edad?

Sabemos desde siempre que se puede tener un corazón de 50 años teniendo 80, igual que se puede tener un corazón de 80 teniendo solo 50. ¿Es entonces tan importante la edad administrativa? ¿la que se refleja en nuestros documentos?

La edad administrativa es la que nos obliga a jubilarnos, nos da derecho a pensión, acceso al transporte más barato y a otra serie de ventajas sociales, pero seguramente también la que genera la discriminación, el edadismo, por vernos como poco servibles y necesitados de descanso, independientemente de nuestras capacidades, necesidades, gustos y sentimientos.

Cada vez más estudios demuestran que la edad cronológica no coincide con la edad biológica y tampoco con la auto percibida. La edad biológica hoy es perfectamente evaluable, aunque se dé la circunstancia normalmente, de que la edad biológica de cada uno de nuestros órganos sea diferente.  De hecho, existe un importante campo de investigación para determinar factores predictivos de la edad biológica. Los avances en los campos de la biología molecular han aumentado la variedad de posibles biomarcadores candidatos a funcionar como predictores de la edad biológica. Desde la longitud de los telómeros, la GlycanAge, centrada en la estructura de la inmunoglobulina G (IgG), proteína involucrada en la respuesta inmunitaria u otros estudios genéticos como Vitality Age que persiguen evaluar los comportamientos de riesgo y predecir y orientar de alguna forma una vejez libre de dependencia.

Sin embargo, son muchos los ejemplos hoy mismo y a lo largo de la historia, de personas y poblaciones que independientemente de comportamientos teóricamente saludables se sienten vitales y jóvenes y como tales se comportan y viven. Según un estudio patrocinado por los Institutos Nacionales de Salud (NIH, por sus siglas en inglés) de los Estados Unidos, actualmente las personas de entre 65 y 75 años se sienten, en promedio, diez años más jóvenes, con picos incluso de veinte años. Y las mayores de 75 se auto perciben como mucho más viejas de lo que realmente son.

En todo caso la brecha entre el ser, el parecer y el sentir es cada vez más profunda. Tanto hacia abajo, mayores cuyo espejo les devuelve una imagen mucho más joven de la realidad, como hacia arriba, maduros que andan por la vida al ritmo de ancianos, y aquí, más allá de la genética y el ambiente parece intervenir el estado emocional.

El envejecimiento ha sido considerado desde siempre como una consecuencia inevitable de la vida. Una consecuencia que desde que el hombre es hombre se ha empeñado en doblegar. La mayoría de las especies animales acaban su ciclo vital una vez que han cumplido con su ciclo reproductivo. El ser humano en cambio es capaz prácticamente de doblar sus años de vida una vez que ya ha dejado de ser fértil.

La ciencia, la educación, la nutrición, y la atención a la salud han permitido alargar la vida de forma significativa en los últimos cien años. Ahora quizá hay que mirar a la edad auto percibida, tal vez no como una forma de alargar la vida, pero puede que para muchas personas funcione como una forma de disfrutarla más.

La edad probablemente no deba ser un límite social y mucho menos auto impuesto para limitar las actividades que la vida ofrece. Quizá sería más lógico que esos límites los marcara la capacidad o la voluntad de las personas implicadas. Lo que en todo caso queda claro, es que no hay una sola edad. Que la edad “oficial” no tiene por qué ser la única, ni coincidir con la edad biológica y la auto percibida. Que alguien sienta que tiene 49 años en lugar de 69 como el holandés de la reclamación y que pida una oportunidad para trabajar y buscar pareja independientemente de lo que diga su DNI, tal vez no deba considerarse simplemente y sin más reflexión como una locura.

Reseña Panorama
Prioridad
98,5 %
Compartir
Artículo anteriorLa asistencia debe continuar
Artículo siguienteNueces para la vida