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Participación: dar un sentido a la vida

Los 65 años, la jubilación, no es el final de la vida, y el envejecimiento no nos convierte en ciudadanos de segunda.

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A medida que la sociedad industrial se ha ido modernizando ha disminuido el valor de la vejez, que probablemente ahora no ocupa el primer lugar en una hipotética escala de influencia social. De forma paralela, muchos mayores piensan que una vez terminada la vida laboral, no hay necesidad de seguir preocupándose por lo que pasa en el mundo. Sin embargo, la participación social contribuye a mejorar la convivencia y la calidad de vida de las personas mayores.

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Participación: dar un sentido a la vida

Implicarnos en los problemas y las decisiones que nos afectan y preocupan, tanto personalmente como en cuanto miembros de la sociedad, es una forma de comprometernos con la vida y darle un sentido a nuestra pervivencia. Del mismo modo, compartir preocupaciones e iniciativas es una oportunidad para estrechar o iniciar nuevas relaciones. Muchos estudios relacionan la participación social con la calidad de vida, medida ésta en índices de satisfacción, depresión, integración, etc. Los mayores disponen de más tiempo libre, lo que debería permitir una mayor participación en todo tipo de actividades: deportivas, culturales, sociales, políticas, formativas, etc.

A finales de los años noventa del pasado siglo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) desarrolló el concepto de “envejecimiento activo” que añadía una serie de factores determinantes en el proceso de envejecimiento al contenido exclusivamente sanitario del llamado “envejecimiento saludable”. Estos factores hacen referencia a un proceso de participación continua en las cuestiones sociales, económicas, culturales, espirituales y cívicas, con el fin de mejorar la calidad de vida a medida que las personas envejecen.

Desde entonces, el envejecimiento activo se ha convertido en la fórmula más adecuada para impulsar la integración social de las personas mayores, especialmente a partir de una serie de principios entre los que destacan la participación y la autorrealización. La primera resalta la importancia de la integración de los mayores en la sociedad, poniendo especial atención en los movimientos sociales o asociaciones; la segunda, favorece su acceso a los recursos sociales que apoyen las oportunidades para desarrollar su potencial.

Las dos vías principales para la participación social son el asociacionismo y el voluntariado. El asociacionismo es un movimiento de índole social que propone la creación de asociaciones de todo tipo para tratar asuntos de interés común y que permite a sus integrantes participar de manera activa, realizando propuestas, planteando proyectos o desarrollando todo tipo de acciones que permitan una mejora del bienestar, tanto particular como colectivo.

Estas asociaciones pueden ser de todo tipo (cultural, deportivo, social, etc.) y van desde la participación en grandes asociaciones (federaciones deportivas, clubes deportivos, partidos políticos, confesiones religiosas…) hasta la contribución en hogares y clubes de personas jubiladas. El movimiento asociativo actual de las personas mayores tiene unas cuotas significativas de participación, que han venido incrementándose en los últimos años. Del mismo modo, en este tiempo se ha producido un cambio en las demandas de actividades, que ha dado paso a un modelo de asociacionismo mucho más dinámico y activo que en épocas anteriores.

Respecto al voluntariado, la otra gran herramienta de la participación social, puede definirse como  un trabajo no remunerado proporcionado a individuos a los que la persona trabajadora no debe obligaciones contractuales, familiares ni de amistad. Hay que destacar que uno de sus principales objetivos, según destaca el Plan Estatal de Voluntariado 2005-2009, se centra en “proporcionar información a toda la sociedad acerca del valor, las oportunidades y la necesidad de participación voluntaria, de acuerdo con las características de cada grupo de edad y con los intereses de cada ciudadano”. Igualmente se resalta que las personas mayores forman el grupo central para desarrollar una participación ciudadana activa, dado su tiempo libre, sus experiencias personales, su interés y dedicación, así como sus conocimientos; la plataforma de Promoción del Voluntariado en España cuenta con un cuaderno de formación específico para el voluntariado en la tercera edad.

Está claro que el envejecimiento supone un distanciamiento de la primera línea, sobre todo en las actividades productivas, pero no tiene porqué significar que nos desentendamos de lo que pasa a nuestro alrededor. Se llega a la tercera edad con un importante equipaje de conocimientos, opiniones y experiencias que se pueden aportar a quienes nos rodean y serles de utilidad. Envejecer constituye el final de una etapa vital, pero también una oportunidad para comprometerse con más intensidad en la vida que nos rodea.