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“No dejes entrar al viejo” y otras canciones sobre la vejez

Muchas canciones hablan del amor, de la amistad o de la vida; algunas, no demasiadas, también hablan de la vejez.

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Hay una canción cuyo título contiene una filosofía vital muy recomendable para todos los mayores. La compuso el cantante de country Toby Keith para la película Mula (2018), una de las últimas de Clint Eastwood, que acaba de cumplir 91 años. La canción se titula Don’t Let the Old Man In (No dejes entrar al viejo).

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No dejes entrar al viejo y otras canciones de la vejez

Eastwood y Keith se conocieron en 2017, en un torneo benéfico de golf, y allí el cineasta le confesó al músico su secreto para seguir activo: “todos los días, cuando me levanto, no dejo entrar al viejo”. Tenía 87 años y en los cuatro años transcurridos desde entonces ha rodado otras tres películas, una de ellas (Cry Macho) todavía pendiente de estreno.

Toby Keith se quedó con la idea y poco después compuso una hermosa balada que Eastwood utilizó en la banda sonora de su película Mula, en la que encarna a un anciano jubilado que recupera las riendas de su vida. La canción dice “No dejes entrar al viejo (…) está llamando a mi puerta // Muchas lunas he vivido. Mi cuerpo está desgastado.// Pregúntate cómo serías // si no supieras el día que naciste. // Cuando él monta en su caballo // y sientes ese viento frío y amargo // mira por la ventana y sonríe. // No dejes entrar al viejo”. Puede que la película no esté entre las mejores de Eastwood, pero el vídeo de la canción, ilustra a la perfección la resistencia ante la decrepitud, es una auténtica belleza y está disponible en YouTube.

No todas las canciones que hablan de la vejez son igual de combativas. Algunas, como la balada que un Joan Manuel Serrat joven dedicó a la tercera edad (Llegar a viejo), ofrece la habitual delicadeza melódica del cantante, con una buena dosis de irónicas realidades: “Si se llegase entrenado y con ánimos suficientes // Y después de darlo todo// todo estuviese pagado// Y el carné de jubilado // abriese todas las puertas// Quizá, llegar a viejo // sería más llevadero”. Aunque la canción presenta igualmente la habitual cara melancólica de la vejez: “Si el cansancio y la derrota, no supiesen tan amargo// Si fuesen poniendo luces, en el camino, a medida // que el corazón se acobarda//Quizá, llegar a viejo// sería más razonable. // Más apacible. Más transitable”.

En el capítulo de la “vejez que seremos” hay que destacar al poeta y cantante hispanoargentino Alberto Cortez, que se imaginó la llegada de la vejez, en su canción homónima, con versos como estos: “Me llegará lentamente y me hallará distraído// probablemente dormido// sobre un colchón de laureles.// La vejez…es la más dura de las dictaduras// la grave ceremonia de clausura// de lo que fue la juventud alguna vez”.  Cortez enumeraba alguno de los previsibles males del envejecimiento, pero siempre con una visión optimista sobre el tema: “A lo mejor, más que viejo// seré un anciano honorable,// tranquilo y lo más probable,// gran decidor de consejos”.

No obstante, profesores de las universidades de Anglia Ruskin y Hull realizaron en 2016 un estudio (publicado en el Journal of Advanced Nursing) en el que se analizaron las letras de canciones relacionadas con la edad o el envejecimiento, buscando confirmar la tesis de que las canciones suelen identificar a los adultos mayores como personas que sienten lástima de sí mismas y carecen de autoestima. El 72 por 100 de las letras analizadas presentaban representaciones negativas de la vejez y abarcaban temas como fragilidad, soledad y muerte que, según los autores, pueden ser desalentadoras y afectar la confianza y la estima de las personas mayores. El estudio afirmaba finalmente que las emociones negativas experimentadas por los ancianos se relacionan con malos resultados en salud física y mental. Afortunadamente, los autores no acababan recomendando que se prohibiera a los ancianos la escucha de canciones tristes.

También se sugería que en muchas canciones la edad avanzada se asociaba con situaciones románticas “lastimeras”. Por suerte no parece que este sea el caso de canciones tan bellas como La chanson des vieux amants (La canción de los viejos amantes), del gran Jacques Brel, en la que, repasando una vieja historia de amor, se afirma que “finalmente nos hizo falta bastante talento,// para ser ancianos sin ser adultos”. O en el delicado tema de Serrat, también titulado Los viejos amantes, que finaliza con estos versos: “Y se cogen de las manos // los viejos amantes.// Y se acunan cada noche // como dos niños pequeños. // Y se preguntan: ¿estás bien?// ¿Hoy no te duele nada?”.

Canciones de amor, canciones de vida, canciones de amistad… Cualquier tema vale, si la poesía y la música te hacen vibrar. Las canciones de la vejez, si no son falsas y empalagosas, también pueden contribuir a que, cada mañana, no dejes entrar al viejo.

Toby Keith se quedó con la idea y poco después compuso una hermosa balada que Eastwood utilizó en la banda sonora de su película Mula, en la que encarna a un anciano jubilado que recupera las riendas de su vida. La canción dice “No dejes entrar al viejo (…) está llamando a mi puerta // Muchas lunas he vivido. Mi cuerpo está desgastado.// Pregúntate cómo serías // si no supieras el día que naciste. // Cuando él monta en su caballo // y sientes ese viento frío y amargo // mira por la ventana y sonríe. // No dejes entrar al viejo”. Puede que la película no esté entre las mejores de Eastwood, pero el vídeo de la canción, ilustra a la perfección la resistencia ante la decrepitud, es una auténtica belleza y está disponible en YouTube.

No todas las canciones que hablan de la vejez son igual de combativas. Algunas, como la balada que un Joan Manuel Serrat joven dedicó a la tercera edad (Llegar a viejo), ofrece la habitual delicadeza melódica del cantante, con una buena dosis de irónicas realidades: “Si se llegase entrenado y con ánimos suficientes // Y después de darlo todo// todo estuviese pagado// Y el carné de jubilado // abriese todas las puertas// Quizá, llegar a viejo // sería más llevadero”. Aunque la canción presenta igualmente la habitual cara melancólica de la vejez: “Si el cansancio y la derrota, no supiesen tan amargo// Si fuesen poniendo luces, en el camino, a medida // que el corazón se acobarda//Quizá, llegar a viejo// sería más razonable. // Más apacible. Más transitable”.

En el capítulo de la “vejez que seremos” hay que destacar al poeta y cantante hispanoargentino Alberto Cortez, que se imaginó la llegada de la vejez, en su canción homónima, con versos como estos: “Me llegará lentamente y me hallará distraído// probablemente dormido// sobre un colchón de laureles.// La vejez…es la más dura de las dictaduras// la grave ceremonia de clausura// de lo que fue la juventud alguna vez”.  Cortez enumeraba alguno de los previsibles males del envejecimiento, pero siempre con una visión optimista sobre el tema: “A lo mejor, más que viejo// seré un anciano honorable,// tranquilo y lo más probable,// gran decidor de consejos”.

No obstante, profesores de las universidades de Anglia Ruskin y Hull realizaron en 2016 un estudio (publicado en el Journal of Advanced Nursing) en el que se analizaron las letras de canciones relacionadas con la edad o el envejecimiento, buscando confirmar la tesis de que las canciones suelen identificar a los adultos mayores como personas que sienten lástima de sí mismas y carecen de autoestima. El 72 por 100 de las letras analizadas presentaban representaciones negativas de la vejez y abarcaban temas como fragilidad, soledad y muerte que, según los autores, pueden ser desalentadoras y afectar la confianza y la estima de las personas mayores. El estudio afirmaba finalmente que las emociones negativas experimentadas por los ancianos se relacionan con malos resultados en salud física y mental. Afortunadamente, los autores no acababan recomendando que se prohibiera a los ancianos la escucha de canciones tristes.

También se sugería que en muchas canciones la edad avanzada se asociaba con situaciones románticas “lastimeras”. Por suerte no parece que este sea el caso de canciones tan bellas como La chanson des vieux amants (La canción de los viejos amantes), del gran Jacques Brel, en la que, repasando una vieja historia de amor, se afirma que “finalmente nos hizo falta bastante talento,// para ser ancianos sin ser adultos”. O en el delicado tema de Serrat, también titulado Los viejos amantes, que finaliza con estos versos: “Y se cogen de las manos // los viejos amantes.// Y se acunan cada noche // como dos niños pequeños. // Y se preguntan: ¿estás bien?// ¿Hoy no te duele nada?”.

Canciones de amor, canciones de vida, canciones de amistad… Cualquier tema vale, si la poesía y la música te hacen vibrar. Las canciones de la vejez, si no son falsas y empalagosas, también pueden contribuir a que, cada mañana, no dejes entrar al viejo.