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Más sanos y más felices con un poco de música

La música, fuente de diversión y bienestar para todos

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Escuchar música, bailar, cantar o tocar un instrumento aporta muchos beneficios para la salud, además de producir una mayor cantidad de endorfinas, las “hormonas de la felicidad”.

MENTE ACTIVA

Más sanos y más felices con un poco de música

Diversos estudios refuerzan la idea de que la música ejerce un profundo efecto beneficioso en el funcionamiento del sistema nervioso y tiene un papel decisivo en el bienestar físico y psicológico de las personas. Simplemente escuchar música activa las conexiones neuronales del cerebro y produce una impagable sensación de felicidad, algo que se multiplica si la música se escucha en directo, en compañía de otras muchas personas.

Pero no se trata solamente de escuchar; el aprendizaje de la música (canto, solfeo o instrumentos) ayuda a prevenir el deterioro de la memoria y potencia el desarrollo de las funciones cognitivas, además de originar un profundo placer. Si bien es cierto que para llegar a ser un virtuoso concertista o un músico profesional es preciso dedicar largos años al aprendizaje, en la actualidad existen diversos métodos y sistemas para que una persona mayor, sin conocimientos musicales previos, pueda llegar a defenderse con un instrumento musical.

El estudio del lenguaje musical obliga a mejorar las capacidades intelectuales, al tiempo que abre nuevas expectativas a las emociones que produce la música. Uno de los beneficios más relevantes del entrenamiento musical es, sin duda, la reducción de la pérdida de memoria vinculada al envejecimiento. Las regiones cerebrales implicadas en la práctica musical son las mismas que se usan para otras funciones cognitivas, como la memoria o el lenguaje; por ello, la activación de estas áreas del cerebro por la práctica musical favorece la mejora de las otras funciones y capacidades.

Otros beneficios que aporta la música a las personas mayores son: mejorar la capacidad de aprendizaje y de comunicación; incrementar el buen humor; aliviar el dolor crónico; superar estados depresivos o de angustia. Si además de escuchar o interpretar música acabamos bailándola conseguiremos  mejorar el equilibrio y evitar riesgos de caídas.

Aunque no hayan tocado un instrumento en toda su vida, nunca es tarde para iniciar una afición, a pesar de que a priori pueda parecer difícil. En la actualidad es bastante amplia la oferta de cursos de iniciación a la práctica musical (muchos de ellos gratuitos) en centros culturales y de mayores en todas las comunidades y muchos municipios. Una mayor experiencia musical otorga a las personas mayores más agudeza mental relacionada con la memoria visual espacial, la facilidad para nombrar objetos y la capacidad del cerebro para adaptarse a nuevas informaciones y conocimientos.

Si el aprendizaje de un instrumento nos parece palabras mayores, o la artritis empieza  a ser una molestia importante en los dedos, siempre queda la opción del canto. Integrarse en un coro o un grupo de canto aporta los mismos beneficios antes citados y, además, es una estupenda manera de relacionarse con otras personas y establecer nuevos vínculos de amistad y compañerismo. Por otra parte, cantar no sólo va a aportar los beneficios de cualquier práctica musical, sino que tiene un efecto muy positivo sobre la capacidad respiratoria; el canto ayuda a entrenar la respiración y, en consecuencia, resulta beneficioso para otras actividades físicas de tipo aeróbico.

Existe constancia de que las personas que han tocado algún instrumento musical a lo largo de su vida conservan mejor sus capacidades cognitivas cuando llegan a la vejez. Pero nunca es tarde para empezar o retomar el gusto por la música; escúchela, interprétela, báilela, pero ponga un poco de música en su vida. Además de los beneficios que hemos visto, la música nos relaja, mejora el estado de ánimo y afecta positivamente a nuestra calidad de vida.