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Los peligros del tráfico: peatones, el eslabón más débil

La movilidad de las personas mayores se ve dificultada por problemas de salud y por condiciones ambientales. Ambos aspectos constituyen barreras que limitan su autonomía y su independencia y disminuyen su seguridad vial.

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Durante los últimos años se ha producido un aumento progresivo de la población mayor de 65 años, y esto también tiene su efecto en el ámbito de la seguridad vial. La autonomía y la independencia de las personas en sus desplazamientos como peatones y como conductores son componentes inseparables de la calidad de vida. Sin embargo, la movilidad de las personas mayores se ve dificultada por problemas de salud y por condiciones ambientales. Ambos aspectos constituyen barreras que limitan su autonomía y su independencia y disminuyen su seguridad vial.

En demasiadas ocasiones, la ciudad se ha convertido en una trampa, muchas veces mortal, para los mayores. Aceras cada vez más estrechas y calzadas difíciles de cruzar, bordillos elevados, y centenares de vehículos que no siempre cumplen las normas de tráfico y aparcamiento y amenazan a los peatones más vulnerables; es decir, los de mayor edad. Si cada año fallecen alrededor de 500 personas mayores en accidentes de tráfico, resulta evidente que la inmensa mayoría son peatones.

No existen datos sobre la culpa de estos accidentes (conductor o peatón), por lo que debemos de recurrir a la percepción subjetiva para delimitar la responsabilidad en cada caso. En ocasiones serán el exceso de velocidad del conductor o su falta de atención la que causará el accidente, en otras el descuido del peatón o su resistencia a cumplir las normas. De una forma u otra, el peatón, sobre todo si es mayor, resulta extremadamente vulnerable y los conductores deben extremar las precauciones y el respeto por las normas de circulación en el tráfico urbano.

Entre las limitaciones funcionales más importantes que tienen las personas mayores para caminar, y que intervienen de forma directa en la seguridad vial, se encuentran los problemas de naturaleza motora, la clara diferenciación de los colores de los semáforos y la percepción de la velocidad de los vehículos . A estas limitaciones se unen otras de naturaleza cognitiva, como distraerse cuando van caminando por la calle (entre un 20 y un 30 por ciento de los mayores de 70 años). Los problemas de orientación al caminar, que comienzan a ser importantes a partir de los 80 años. También aparecen los problemas de memoria para recordar las calles, que afectan a más del 25 por ciento a partir de los 65 años, junto con los problemas de comprensión de las señales de tráfico.

Algunos peatones mayores compensan de forma espontánea estos problemas usando gafas, preguntando o descansando cuando andan. Otros problemas que les afectan son los coches aparcados en las aceras, las grandes aglomeraciones y los bordillos altos, así como el alumbrado insuficiente, las superficies irregulares o bacheadas, las aceras estrechas y la señalización insuficiente.

El cruce de las calles constituye el principal riesgo para los peatones mayores, y sus mayores dificultades están relacionadas con la excesiva velocidad de los vehículos y el poco respeto de los conductores. También hay que señalar la poca duración de los semáforos, sobre todo en las grandes avenidas y el escaso respeto de los conductores en los pasos de peatones. Siempre es recomendable, aunque se tenga la preferencia, el abstenerse de cruzar un paso de peatones hasta que no se hayan detenido todos los vehículos en ambos sentidos. En general tendemos a echar la culpa de los accidentes a los conductores, pero los peatones mayores deben hacer examen de conciencia y reconocer las múltiples ocasiones en que no se respetan las normas, especialmente los lugares indicados para cruzar una vía o la necesidad de respetar las indicaciones luminosas de los semáforos.

Los mayores deben también ser conscientes de que sus reflejos y sus condiciones físicas no son las de antes, y actuar siempre de acuerdo con esa realidad y no correr riesgos innecesarios. En invierno, cuando llueve o hay poca luz, a los conductores les resulta más difícil ver a los peatones, sobre todo si van vestidos de oscuro. Es fundamental tenerlo en cuenta y extremar la precaución. Para cruzar, es mejor esperar sin bajar de la acera, mirar a los dos lados y asegurarse de que los vehículos se han parado antes de iniciar el cruce. Los pasos de peatones o semáforos son los lugares más seguros para cruzar; si no los hay, se deben buscar zonas con amplia visibilidad y cruzar en línea recta por el camino más corto. Las plazas o glorietas siempre hay que rodearlas, y nunca se pueden atravesar en línea recta. Al bajar de un autobús no se debe cruzar hasta que el vehículo se haya marchado. Hacerlo antes, reduce el campo de visión y puede ser muy peligroso.

Por último, no debemos andar ni cruzar entre vehículos aparcados o que estén maniobrando; en los carriles compartidos con ciclistas hay que prestar atención a la señalización y los otros usuarios, evitando cambiar bruscamente de dirección. También hay que evitar andar por zonas de obras o pavimentos deteriorados, y situarse detrás de obstáculos que nos oculten (contenedores, postes, marquesinas, etc.). Hacerse ver es fundamental.

 

Artículo confeccionado con información de la Dirección General de Tráfico y el Real Automóvil Club de España.