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Los peligros del tráfico. Mayores al volante

Los mayores de 65 años, un colectivo muy numeroso y muy difícil de determinar; hay personas en los niveles más jóvenes de este grupo que presentan ya un claro deterioro de cara a la conducción, mientras que otros, con edades superiores a los 80 años, mantienen un control notable al volante

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En los anteriores trabajos se ha hablado de los problemas de la seguridad vial en el segmento de la tercera edad y, más concretamente, en la problemática específica de los peatones mayores de 65 años, uno de los colectivos de mayor riesgo para la circulación de vehículos. Una tercera cuestión es la referida a los conductores mayores de 65 años, un colectivo muy numeroso y muy difícil de determinar, por cuanto la actitud al volante no depende tanto de la edad como del estado físico y mental de cada persona; hay personas en los niveles más jóvenes de este grupo que presentan ya un claro deterioro de cara a la conducción, mientras que otros, con edades superiores a los 80 años, mantienen un control notable al volante. Aquí, como en tantas otras cosas, debe ser el propio individuo quien juzgue con sinceridad cuál es su nivel de seguridad como conductor.

España es uno de los países más envejecidos de la Unión Europea, con una población de más de 65 años que supone el 20 por ciento del total. Debido al constante envejecimiento de la población, el número de mayores de 65 años que conducen un vehículo es cada vez más alto. Aproximadamente un 12 por ciento de los conductores españoles (alrededor de tres millones) son mayores de 65 años, un dato que tiene su correspondencia en la creciente incidencia de los mayores en la siniestralidad del tráfico rodado y en la seguridad vial.

Lo cierto es que aunque estos conductores sean lo suficientemente prudentes, sus funciones motoras, sensoriales y cognitivas se ven reducidas en mayor o menor medida por la edad y que no siempre el plus de mayor experiencia que aportan los años al volante compensa el deterioro. Un estudio realizado por el MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts) demostraba que para ver bien de noche, un conductor de cuarenta años necesitaba 20 veces más luz que uno de veinte años; cabe suponer el efecto que la iluminación nocturna puede causar en un conductor de 70 años, que necesariamente debe circular mucho más despacio que durante el día.

A pesar de los riesgos que ello puede suponer, en España no existe un límite legal de edad para conducir. Los únicos requisitos son superar las revisiones periódicas del carné de conducir, que son cada diez años hasta los 65 años y cada 5 a partir de dicha edad. No obstante, si el conductor sufre alguna enfermedad que afecte a la conducción, dicho periodo se puede reducir. Además de reducir los tiempos de vigencia del carné de conducir, los centros médicos también pueden fijar una velocidad máxima para circular o, incluso, obligar a conducir acompañado por otra persona con carné.

Indudablemente, conducir nuestro coche es un derecho que nadie nos puede negar, pero por el bien de todos los usuarios de las carreteras y calles y por el nuestro propio, debemos procurar desplazarnos con total seguridad y ser consciente de las propias capacidades y limitaciones, para no poner en riesgo nuestra integridad ni la del resto de usuarios de la vía. Sin la menor duda, nuestra propia experiencia nos irá diciendo las nuevas rutinas al volante que debemos adoptar para suplir las pérdidas experimentadas, entre ellas evitar las horas punta y los trayectos complicados; no utilizar el coche si el conductor se encuentra mal o el médico le ha prescrito un nuevo tratamiento; evitar la conducción nocturna y usar lo menos posible el vehículo cuando las condiciones climatológicas sean adversas; realizar recorridos conocidos o estudiar previamente el itinerario cuando éste sea nuevo; evitar que el conductor mayor viaje solo.

Además, es fundamental conocer si la medicación ingerida está contraindicada con la conducción de vehículos; realizar revisiones periódicas para asegurar una correcta visión y audición y, muy especialmente, no tomar el volante si se experimenta dificultad para mantener la concentración, visión defectuosa o no se consigue mantener una trayectoria recta.

No hay nada más peligroso que el exceso de confianza, sobre todo, en aquellas conductas que son tan habituales que nos hacen perder la sensación de riesgo. Por ejemplo: cuando la vista y el oído van perdiendo agudeza, se necesita más tiempo ante cualquier imprevisto. Controle la velocidad y aumente la distancia de seguridad. También es normal ser más sensible al cansancio y la fatiga; en viajes largos, realice más paradas y tómese su tiempo. Aunque lleve muchos años conduciendo y tenga mucha experiencia, no olvide que las normas de tráfico han evolucionado y es necesario adaptarse a los nuevos requisitos, las nuevas tecnologías y las nuevas reglas. Si precisa más tiempo que antes para una maniobra, no pierda la calma ni pretenda competir. Lo importante, siempre, es la seguridad.

Artículo confeccionado con información de la Dirección General de Tráfico y el Real Automóvil Club de España.