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Longevidad: realidad o fantasía

Más de 15.000 españoles son centenarios en la actualidad; cinco veces más que hace veinte años. Según algunas proyecciones de población, a finales de la próxima década, más de 100.000 españoles podrán celebrar los cien años de vida.

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Más de 15.000 españoles son centenarios en la actualidad; cinco veces más que hace veinte años. Según algunas proyecciones de población, a finales de la próxima década más de 100.000 españoles podrán celebrar los cien años de vida. El número de centenarios crece imparable, pero la longevidad permanece estancada: los datos demuestran hoy que, salvo excepciones contadas, el límite sigue estando en torno a los 115 años de vida.

Todavía no ha sido superado el récord de la francesa Jeanne Louise Calment (1875-1997),  la persona más longeva de la historia, con fechas de nacimiento y muerte rigurosamente documentadas. Vivió 122 años, pero su carácter de excepcionalidad no impide que el límite medio de edad por encima de los cien años apenas supere los 115 en la actualidad. No obstante, la longevidad es uno de los sueños científicos que más interés suscita en el momento presente, hasta el punto de que numerosas empresas tecnológicas, entre ellas el gigante Google, están apostando por desarrollar programas de investigación que permitan elevar ese límite en los próximos años hasta los 140.

La esperanza de vida se ha incrementado en treinta años en España a lo largo del último siglo (35 años en 1900 y más de 83 en la actualidad), lo que no significa que el ser humano viva más años hoy, sino que un número mayor de personas llega a centenario. En otras palabras: la longevidad se mantiene estable, pero un número cada vez mayor de personas consigue vivir más tiempo. Por otra parte, los numerosos experimentos con animales, que están obteniendo resultados esperanzadores, hacían pensar que la longevidad era algo flexible, y que por lo tanto podríamos llegar a prolongar nuestras vidas más allá de cualquier límite previamente imaginado. Con ratones y con gusanos se han logrado resultados espectaculares, multiplicando por cinco en algunos casos la duración de la vida. Lamentablemente, estos avances no son directamente extrapolables a los humanos, pero sí abren una vía de trabajo y de esperanza.

En la actualidad, se investiga sobre células madre, edición genética, regeneración y reprogramación celular, todo ello orientado al estudio del envejecimiento que es, junto con la inteligencia artificial, uno de los campos preferidos por los científicos. De hecho, en muchos ámbitos científicos se empieza a considerar el envejecimiento como una enfermedad. Muchos estudios se esfuerzan en generar células, tejidos y órganos de laboratorio, con el objetivo de alargar la vida; otros, como el premio Nobel japonés Shinya Yamanaka, trabajan para modificar el genoma humano. Los resultados son sorprendentes: células viejas que rejuvenecen, músculos que recuperan su elasticidad, modificación genética de embriones para evitar determinadas enfermedades.

Uno de los proyectos más singulares, aunque tal vez el menos fiable, es el que desarrolla el gerontólogo Aubrey de Grey en su Fundación SENS Research. Este científico británico apadrina una teoría en la que utiliza la analogía de los automóviles de época: fueron fabricados para durar una decena de años, pero si se les somete a revisiones y reparaciones de mantenimiento permanentes, pueden durar (y de hecho, algunos duran) muchas décadas y podrían, incluso, ser eternos. Según Grey, si fuéramos capaces de ir “reparando” al ser humano a medida que sufre un desgaste vital, se podría vencer a la muerte o al menos retrasarla muchos años.

Muchos científicos consideran fantasioso este planteamiento de personas “tuneadas” como si fueran un anciano Seat 600, pero entre unas teorías y otras, lo cierto es que algo se mueve en este terreno de la longevidad. Tal vez nuestros nietos lleguen a beneficiarse de ello.