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Lo que hay que saber sobre las bombillas LED

Hace años tuvimos que prescindir de las históricas bombillas incandescentes, y la casa se nos llenó de halógenos. Ahora los halógenos ya no se venden y toca cambiarse a la tecnología LED. ¿Qué pasará mañana?

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Una bombilla normal, de las de toda la vida (si es que todavía queda alguna en sus casas) tiene una vida útil de unas 5.000 horas; sin embargo, la duración de un LED es superior a las 100.000 horas de luz, lo que equivale a once años de continua emisión lumínica. Este es un dato teórico, pues se supone que se cumple en unas condiciones óptimas de uso; cualquier variación (calor, frío, humedad, etc.) origina una merma en el rendimiento teórico, que puede estimarse más objetivamente en unas 20.000 horas, lo que ya es impresionante pues supone un rendimiento cuatro veces superior.

La tecnología LED, acrónimo de Diodos Emisores de Luz (en inglés Light Emitting Diode) está basada en el diodo, un componente electrónico que permite la circulación de energía en un solo sentido (corriente continua). Los LED son semiconductores y cuando la corriente eléctrica pasa a través de ellos, se convierte en luz. Inicialmente las luces emitidas por los led eran únicamente de colores, pero posteriormente se consiguió convertir en luz blanca las emisiones de luz azul, por lo que estos dispositivos pudieron aplicarse a la iluminación y sustituir con ventaja a las lámparas incandescentes. Los científicos japoneses Isamu Akasaki, Hiroshi Amano y Shuji Nakamura fueron galardonados en 2014 con el Premio Nobel de Física por este descubrimiento.

Si se comparan con las bombillas incandescentes (tanto las clásicas como las halógenas), las luces LED son más eficientes en convertir la energía en luz. En concreto, una bombilla incandescente de 80 W equivale a una LED de 9 W. Al necesitar menos potencia para lograr igual iluminación, estas lámparas consumen mucho menos, con el consiguiente ahorro en el recibo de la luz, aunque su precio de venta es más elevado. Además, su menor potencia les permite funcionar prácticamente en frío (si las tocamos apenas irradian calor) lo que es una gran ventaja respecto a las incandescentes.

Cambiar todas las bombillas de la casa por luminarias LED es una operación bastante cara, aunque a la larga pueda producir un ahorro en el consumo. Lo normal es ir haciéndolo conforme se van fundiendo. En el caso de lámparas de techo o de mesa, es posible cambiar directamente las bombillas por las nuevas bombillas LED, sin ninguna operación especial. En una misma lámpara pueden estar mezcladas bombillas incandescentes y LED, aunque lo más lógico sería sustituirlas todas aunque no estén fundidas.

En el caso de los típicos ojos de buey empotrados en el techo de escayola, existen dos opciones; lo más cómodo es cambiar los halógenos directamente por LED, pero con esta opción se mantienen los transformadores, que se calientan y consumen electricidad. Con el tiempo, además, las LED conectadas a los transformadores innecesarios acaban dando problemas. Lo más aconsejable por tanto es eliminar estos y cambiar los casquillos para poner las nuevas LED directamente conectadas a la red, así se garantiza el buen funcionamiento y un mayor ahorro.

También hay fluorescentes con tecnología LED y en este caso habría que eliminar el cebador y la reactancia y realizar el cableado de otra forma. Si se es manitas no es demasiado complejo y en Internet hay multitud de videos que explican como realizarlo, aunque para no meterse en líos también están los electricistas y la operación no debería ser muy costosa.

La tecnología LED está avanzando rápidamente, con muchos nuevos estilos de bulbo disponibles, que reemplazan todos los tipos de bombillas tradicionales. Actualmente en iluminación LED hay equivalencias de casi todos los tipos de luminarias: incandescentes, halógenas, haluro metálico, sodio, etc.

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