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La sororidad, clave para el buen envejecer de las mujeres

Envejecimiento activo y sororidad, contribuyen al empoderamiento de la mujer mayor.

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Los grupos de apoyo de mujeres mayores pueden fomentar la aceptación personal, compartir las experiencias dolorosas y mejorar el autoconcepto que tienen sobre sí mismas. La dimensión práctica del concepto de sororidad, al margen de su habitual dimensión política, ofrece buenos resultados en los centros de recreación para mayores.

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La sororidad, clave para el buen envejecer de las mujeres

La palabra sororidad, proveniente del inglés sorority y aceptada muy recientemente por la Real Academia Española (en diciembre de 2018), hace referencia a la amistad o afecto entre mujeres y, más concretamente, a la relación de solidaridad entre las mujeres, especialmente en la lucha por su empoderamiento; así pues, se trata de un concepto estrechamente ligado al feminismo y, tal vez por ello, objeto de recelo para muchas personas, incluidas las propias mujeres.

Las posibilidades que los centros de mayores ofrecen a las mujeres solas o que se sienten en soledad, a través de las relaciones de solidaridad y apoyo mutuo que se establecen entre ellas, constituyen la base del proyecto ENCAGEn–CM (Envejecimiento Activo, Calidad de Vida y Género), un programa de actividades I+D que pretende promover una imagen positiva de la vejez y el envejecimiento frente al edadismo, centrado en el ámbito de la Comunidad de Madrid, institución que lo financia. El programa está coordinado por el Instituto de Economía, Geografía y Demografía (IEGD) del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, y compuesto por varios grupos científicos de carácter multidisciplinar, principalmente especialistas en el área de las ciencias sociales y de la salud.

El estudio “La sororidad como estrategia del buen envejecer”, desarrollado en el marco de este programa, pretende investigar cuestiones como si la sororidad puede funcionar como una estrategia contra la soledad y el abandono, si el envejecimiento activo puede contribuir al empoderamiento de la mujer o si el diálogo entre mujeres mayores mejora la imagen que tienen de sí mismas.

La participación social es un elemento clave para un envejecimiento activo, y la sororidad, en ese sentido, es una consecuencia de la participación activa de las mujeres en los centros de mayores. Históricamente las mujeres han mostrado una notable creatividad para mitigar las secuelas del conflicto de género, y también han desarrollado estrategias de apoyo mutuo para superar la adversidad. El estudio indaga acerca de cómo la sororidad en los centros de mayores puede funcionar como una estrategia de resistencia colectiva, que aporta un gran valor al fortalecimiento de las mujeres mayores, a la mejora de su autoimagen y a su posibilidad de un buen envejecimiento, lo que se traduce en una mejora de la calidad de vida.

Con el objetivo de utilizar una definición más manejable, el estudio establece tres aspectos de la sororidad: como una actitud, como una estrategia y como un sentimiento. En primer lugar, puede entenderse la sororidad como “una actitud de cuidados mutuos, en tanto en cuanto fomenta el acompañamiento y el apoyo, incluso entre mujeres que no se conocen”, que es lo más frecuente en estos centros de mayores.

En segundo lugar, la sororidad puede entenderse como “una estrategia colectiva, que facilita la gestión de la pérdida de la red de apoyos, de la salud y de las oportunidades” que suelen acompañar a la vejez. “Esto sucede a través del diálogo, el respeto en la diferencia y la empatía”. En este sentido, “los centros de mayores ofrecen una ventana de oportunidad al fomento de experiencias sororales; es decir, abren la posibilidad para encontrarse, reconocerse y pensarse como iguales”. En tercer lugar, el estudio define la sororidad como “un sentimiento de pertenencia y de seguridad frente al abandono. La sororidad permite a las mujeres mayores expresar sus experiencias, y reflexionar sobre sí mismas en igualdad de condiciones”.

Los grupos sororales, o de solidaridad femenina, que se establecen de forma natural en los centros de mayores, facilitan el diálogo en igualdad, los cuidados y el aprendizaje mutuo, al tiempo que fomentan “un espacio en el que la mujer mayor puede reflexionar sobre sí misma y sobre su lugar en la sociedad”. La importancia de estos grupos de mujeres en el buen envejecer radica, en parte, en que “no podemos pensar en envejecer activamente sin tener en cuenta las relaciones que pueden emanar de ello, como es, por ejemplo, la creación de una red de apoyos que proporciona seguridad, y fomenta la participación y la interlocución”.

Artículo confeccionado a partir del estudio “La sororidad como estrategia del buen envejecer: una reflexión desde la teoría feminista”, del que es autor Jacobo Lozano Jiménez, y publicado en la plataforma Envejecimiento en Red.