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Hacia un mundo sin dinero en efectivo

El auge de los medios de pago electrónicos crece imparablemente y prefigura el final del dinero tal y como lo conocíamos, un invento con miles de años a su espalda que parece afrontar el fin de su utilidad.

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Los pagos con monedas y billetes siguen siendo ampliamente mayoritarios todavía en todo el mundo, pero desde hace años han ido disminuyendo y cada vez surgen más iniciativas que tratan de hacerlos innecesarios. Primero fue el uso masivo de las tarjetas de crédito y las tarjetas monedero, luego las tarjetas contacless y ahora el pago mediante teléfono móvil y las transferencias instantáneas.

A pesar de que un sector de la población, pequeño pero significativo, todavía carece de cuenta bancaria (indispensable para los pagos electrónicos), el dinero en efectivo, un invento humano que según los historiadores puede tener entre 4.500 y 2.700 años de antigüedad, vive un presente declinante que le empuja hacia un futuro incierto. La duda, por tanto, no es si seguirá disminuyendo el uso de dinero metálico, sino hasta qué nivel caerá y en qué plazo desaparecerá.

Un reciente informe del Banco Central Europeo (BCE) afirmaba que el 87% de los pagos (en número total) y el 68% en cuantía que se realizaron en España en el año 2016 fue efectuado en metálico, un porcentaje sólo superado por Grecia, Chipre y Malta y en línea con el de Italia y Austria. Frente a ello, la media continental fue sensiblemente inferior (79% y 54%, respectivamente); es decir, menor pero todavía alto. En otras palabras, a pesar de la percepción de que el efectivo está siendo reemplazado rápidamente por los otros medios de pago, todavía es de uso mayoritario entre los europeos, sobre todo en los países meridionales.

No obstante, en Londres por ejemplo no se puede tomar un autobús pagando en metálico el billete, pero sí es posible abonarlo con un teléfono móvil. Suecia, por su parte, es el paraíso del dinero electrónico; en 2016 las transacciones económicas en metálico apenas supusieron el 1% del total, y de hecho en la actualidad ninguno de los países nórdicos posee instalaciones para fabricar papel moneda.

La tendencia a usar sistemas electrónicos de pago es total en los servicios que operan en internet y , en líneas generales, parecen bastante positivos. En primer lugar, se ataja la posibilidad de usar dinero negro, lo que supone un freno a la economía sumergida; por otra parte, evitaría los costes de transporte y custodia de las monedas y billetes, facilitaría la lucha contra el fraude fiscal y el crimen organizado, empujaría a la inclusión financiera de regiones y poblaciones que han dejado de contar con oficinas bancarias, y reduciría los atracos.

Entre los inconvenientes, citaremos el riesgo que las transacciones electrónicas (sobre todo los pagos con el móvil) conllevan para la privacidad, así como la excesiva dependencia respecto a la seguridad y eficacia de los sistemas electrónicos, mucho más sensibles que los depósitos bancarios tradicionales en casos de ciberataques y fraudes. Sea como sea, está claro que los pagos con teléfonos van a seguir creciendo con casi total seguridad; pero es buena idea pensar si estamos preparados para ello y si la legislación que regula estas transacciones está lo suficientemente desarrollada.