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¿Eres víctima del edadismo?

Muchas sociedades a lo largo de los tiempos han considerado a las personas mayores como miembros destacados de la misma depositando en ellos el conocimiento, el poder y la responsabilidad. ¿Es esa la situación ahora mismo?

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Muchas sociedades a lo largo de los tiempos han considerado a las personas mayores como miembros destacados de la misma depositando en ellos el conocimiento, el poder y la responsabilidad. ¿Es esa la situación ahora mismo?¿ o muy al contrario se piensa que ya empiezan a no estar capacitados y deben dejar paso a las generaciones jóvenes en todos los aspectos de la vida?

Si eres mayor, viejo, anciano o miembro de la tercera edad, según como prefieras calificarte, por supuesto que has sido y eres objeto de edadismo. Y eso aunque no lo percibas. El edadismo es la tercera gran forma de discriminación de nuestra sociedad, detrás del racismo y el sexismo. De acuerdo con la ONU, que ha situado su concienciación como objetivo principal del Día Internacional de las Personas Mayores 2016, el edadismo es el nombre que recibe la discriminación de las personas a causa del proceso normal de envejecimiento.

¿Pero cómo se puede hablar de discriminación en un mundo en el que todos quieren tanto a los abuelitos? Pues porque se trata de una discriminación aceptada socialmente y asumida con normalidad por casi todo el mundo, incluidos los propios ancianos. El edadismo es una realidad en la mayor parte de las sociedades, de una forma u otra, y se puede observar en los estereotipos (los tópicos sobre la tercera edad), las actitudes de los individuos, las prácticas institucionales y normativas, y la representación en los medios de comunicación y soportes culturales (la televisión, el cine).

Las personas de edad gozan formalmente de un respeto especial y todos quieren lo mejor para ellas. Sin embargo, la realidad es que en demasiadas sociedades se les ponen cortapisas al denegárseles el acceso a empleos, préstamos y servicios básicos. Incluso los sistemas de salud caen a veces en edadismo al propiciar una medicina paliativa, que no siempre invierte recursos y esfuerzos en personas que ya han iniciado la etapa final de sus vidas. Hay estudios que demuestran que los profesionales de la salud tienden a limitar el alcance de los diagnósticos y tratamientos en las personas mayores, por comparación con otros grupos de edad.
El problema es que los propios ancianos y sus familias suelen aceptar estos hechos, que no son vistos como discriminatorios, sino como algo normal y socialmente aceptable. Una prueba de ello es la falsedad de los muchos estereotipos que existen sobre los mayores. Por ejemplo, se suele decir que las personas mayores están enfermas, son frágiles y dependen de otras personas, cuando lo cierto es que la mayoría vive de forma independiente. También es frecuente afirmar que los ancianos, con el paso de los años, se vuelven difíciles de tratar y son más rígidos; sin embargo, lo cierto es que todos mantenemos nuestra personalidad relativamente consistente a lo largo de la vida. El anciano muermo ha sido antes un adulto muermo y un niño tedioso.
Al final nos han convencido de que la política de muchas grandes empresas de “rejuvenecer” sus plantillas, cambiando a sus empleados sénior por jóvenes becarios, tiene que ver con la innovación y la mejora de la productividad, cuando se trata sencillamente de una política económica: los trabajadores jóvenes son mucho más baratos que los mayores. Se trata sin duda de un caso claro de edadismo, que aparta de la vida activa a personas en la plenitud de sus facultades. ¿No es eso discriminación por la edad?
Como reza un informe de Naciones Unidas sobre el edadismo: La marginación y el menosprecio de las personas de edad acarrean graves consecuencias, ya que menoscaban su productividad y su experiencia en la fuerza de trabajo, en el voluntariado y en toda la actividad cívica, al tiempo que coartan su capacidad para prestar cuidados, y apoyo financiero y de otro tipo a las familias y las comunidades.

Artículo confeccionado con información de la Organización de Naciones Unidas y la Organización Mundial de la Salud.

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